Don Pedro Casaldáliga: Un pastor con voz de profeta


Publicado por adital

Por Julio Ruíz

De Pedro Casaldáliga, obispo emérito de São Félix (Brasil) -donde sigue viviendo-, se dice que es místico, poeta y uno de los líderes de la Teología de la Liberación. Con 80 años y aquejado de un incipiente parkinson, sus palabras resumen tanto amor al Evangelio y a los pobres que siempre merecen la pena ser tenidas en cuenta. En esta ocasión también se dirige a la HOAC.
Lea la entrevista:
– ¿Cómo fue su llegada a Brasil y al Mato Grosso?
– Llegué en enero de 1968 y Medellín fue en octubre. La Santa Sede (que es santa y es pecadora también) pedía a los claretianos que abriesen una misión en esta región. El superior general -que era un alemán que me quería mucho con el que yo había sido impertinente durante toda la carrera: que quería ir a misiones, que quería ir a misiones, me llamaba «vir desideriorum», hombre de deseos- dijo que Brasil era un país de muchos desafíos y de mucho futuro, tanto como sociedad cuanto como Iglesia, y es verdad.
Automáticamente Brasil tiene una cierta hegemonía, hasta por el tamaño, por las posibilidades y por la historia que ha vivido. Está lo más rico y lo más pobre. Las posibilidades son muchas: tenemos todos los tipos de climas, mucha agua, mucho sol, mucha injusticia, mucha miseria. Es un país emergente. Ahora ya no se habla de Brasil simplemente como tercer mundo. Ya se habla de Brasil al lado de China, al lado de India. Cada país es lo que es, pero Brasil por el tamaño y las posibilidades es un país que significa.
Como decía, en enero del 68 vinimos el compañero Manuel Luzón y yo. Hicimos el curso de cuatro meses del CFI (Centro de Formación Intercultural). Nos instalamos en esta región que es entrada de la Amazonía, llamada Amazonía legal y nos tocó vivir la entrada de la dictadura militar. Era la entrada del latifundio; fue una especie de ensayo de latifundio con los incentivos fiscales que daba el gobierno.
Y en la Iglesia estábamos viviendo las consecuencias del Vaticano II y Medellín, que fue prácticamente nuestro Vaticano II. Hubo mucho Espíritu Santo de por medio y gente lúcida, abierta; el clima era bueno, a pesar de toda la violencia. Se vivió un cierto clima de profecía, de inserción, de superación de barreras. Incluso aquí en Brasil para muchos hablar de comunismo o de marxismo no espantaba tanto, porque también el propio marxismo aquí en América Latina se vivió de un modo mucho más popular, mucho menos soviético.

– y te nombran obispo…
– Me nombran obispo el 23 de octubre de 1971, cuando lanzamos aquella carta pastoral que titulamos “Una Iglesia de la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social”.Yo había escrito en el año 70 un documento de dos páginas muy sentido, porque empezaba a descubrir más en profundidad el mundo de los peones de las haciendas. El documento se titulaba “Feudalismo y esclavitud en el norte del Mato Grosso”.
El nuncio me elogió, pero me dijo que no publicara eso, que perjudicaría la imagen de Brasil. Lo incluimos después en la carta pastoral. Llevaba las dos palabras: feudalismo y esclavitud. Algunos decían que hablar de feudalismo era una ignorancia trasnochada. Aquello que se vivió históricamente, se dio en otras condiciones, pero no dejaba de ser esclavitud. Fijaos que ahora cada dos por tres se descubren casos de trabajo esclavo, trabajo degradante, en la Amazonía y en todos los países.

Hablemos de la Prelatura, de Sao Félix, de su estructura y organización.
– Prelazia o Prelatura aquí en Brasil son diócesis, verdaderas diócesis con obispo en la Amazonía. Ahora tenemos14. Sólo en Brasil existe ese tipo de figura, porque se habla también de prelatura y prelados en otros países del mundo pero no tienen el contenido y significado que aquí.
El pueblo cristiano se agrupa en comunidades eclesiales de base (CEB), que escogen a sus responsables en el Consejo Pastoral local, regional y general. También está la Asamblea de la Prelatura, formada por todos los equipos pastorales y todos los responsables de los consejos regionales (entre 120-130 personas). Existen nueve equipos pastorales que animan la pastoral de cada región. Hay pocos sacerdotes y ello obliga a formar líderes laicos y a preparar comunidades (según la eclesiología del Vaticano II). La pastoral tiene un fuerte componente social y político y abarca todos los órdenes de la vida de manera integrada.
Vivimos de la ayuda de fuera, de la solidaridad. Incluso hemos pensado varias veces qué podríamos inventar para que rindiese algo y no tener que vivir sólo de limosna, de solidaridad qué podíamos inventar aquí, ¿una hacienda?, ¿te vas a poner codo con codo con los hacendados? Imposible. Incluso, varias veces nos han dicho “¿por qué no compráis esa emisora de radio local que alcanzase toda la dimensión de la Prelatura?”. Pero el problema no es comprar la emisora, que habría entidades en Europa que nos pagarían la compra, el problema es mantenerla.
Hace varios años que tenemos tres prioridades: formación, en todos los sentidos de la palabra; autonomía personal y económica y pastoral socio- política… A veces hemos dicho bromeando (y es verdad): si cada católico adulto diese un real por mes, doce reales al año, mantendríamos económicamente la Prelatura. A lo largo de los siglos la Iglesia-pueblo ha tenido experiencias de imperios que subvencionaban, “Francos” que subvencionaban, y el pueblo de la Iglesia católica no fue educado en mantener su Iglesia.

– ¿Cómo ha ido respondiendo la Prelatura de Sao Félix a la realidad social de cada momento?
– Se fundó la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), se fundó el CIMI (Consejo Indigenista Misionero). Nosotros seguimos con una pastoral muy politizada y ha habido críticas. Quizá sí que a veces fuimos muy politizados en el sentido de que a veces fuimos menos “espirituales” (dejemos las cosas en su lugar), quizá no supimos conjugar.
Nos hemos preguntado muchas veces en reuniones del CIMI, CPT, Pastoral Operaria, reuniones de Iglesia o del movimiento popular, hasta qué punto era legítima la suplencia, hasta dónde debería llegar; aquella historia famosa del “pescado”: enseñar a pescar o dar pescado… Yo creo que en última instancia primero hay que dar pescado, para que tengan fuerza para andar y llegar hasta el río; habrá que comprarles quizá los instrumentos de pesca porque no tienen ningún tipo de infraestructura, no tienen condiciones ningunas para reclamar, para abrirse espacio…; después habrá que enseñarles, sobre todo a apoderarse del río.
Entonces, no se trata de suplir ahogando las iniciativas. Tanto en el CIMI, como en la CPT que instituimos varios compañeros obispos con esa conciencia y esa voluntad de asesorar, estimular, prestar nuestra voz donde ellos no podían tener voz. Fueron apenas “consejos”, “comisiones”. Nosotros creíamos en la importancia, sobre todo en esta América, de estimular las bases del movimiento popular y que los cristianos entrasen de lleno en el movimiento porque ya no sería suplencia del clero, sino vivencia cristiana dentro de las necesidades frente a las injusticias y en las reivindicaciones.
También tenemos aquí a las Hermanitas de Jesús, con una experiencia misionera de pura presencia, de pura vivencia, de pura encarnación, de testimonio: gritar el Evangelio con la vida, que decía la fundadora.
Por otra parte, en Aparecida incluso ahora, a pesar de todos los que quisieron acabar con el nombre de la Teología de la Liberación, se ha reconocido que esas pastorales de punta ayudaron y están ayudando mucho a no dormirse en un “irenismo” o falta de vitalidad. Porque si sólo tienes pastorales de tipo carismático, para cantar aleluya…, pueden convivir muy bien el patrón y el empleado. Pero, para vivir y trabajar, tener salud y educación para los hijos y ser libre, entonces… “No se puede servir a otro señor; no puedes servir a Dios y al dinero”.
La teología de la liberación ha dicho, y es verdad, que nuestro problema principal no es el ateísmo, es la idolatría del consumismo, del lucro… Por eso digo siempre, y lo dicen otros muchos, que el capitalismo no tiene salvación, no se puede bautizar el capitalismo. Si es capitalismo, es el lucro, la acumulación, el privilegio, la marginación y el dinero por encima de la persona humana, la negación incluso de las propias patrias por causa de las multinacionales y transnacionales.

– ¿Cómo ve la Iglesia de hoy?
– Es mucho más ecuménica. Por ejemplo, los seglares, sobre todo la mujer tiene muchísima más presencia. Con respecto a la mujer, es hoy rara la “presencia” oficializada, pero es una presencia altísima, real, activa. La presencia y actuación de la mujer en la Iglesia de América Latina es hegemónica.
Yo ahora puedo asegurar con gratitud y certeza que a lo largo de estos 40 años he visto emerger a la mujer en la sociedad y en la Iglesia, a los indígenas (llegando a organizarse incluso en federaciones y confederaciones continentales, que la causa indígena o se salva continentalmente o no se salva).

– ¿Por dónde cree que debe caminar la Iglesia del futuro?
– Insistiendo, como providencialmente hizo, por lo menos de un modo puntual, el Vaticano II, en que la Iglesia es: “no el Pueblo de Dios, sino Pueblo de Dios”, con otros muchos Pueblos de Dios que hay por ahí; toda la humanidad es Pueblo de Dios. Todos los pueblos son pueblos elegidos. Dios no hace preferencias. Entonces, que la Iglesia piense a partir de eso. En ese Pueblo de Dios hay carismas, hay ministerios, hay servicios, hay urgencias…, que se estimulen, que bendigan…; cada hombre y cada mujer tiene su vocación específica y sus complementarias.
En segundo lugar, el ecumenismo y el macroecumenismo. Incluso en América Latina no se puede hablar ahora de continente católico; porque sí, es católico, pero no sólo católico. El ecumenismo, si es sólo ecumenismo es excesivamente cerrado; por ejemplo, ¿cuánto hay de cristianismo en Asia? Una insignificante minoría, y hay una gran millonada de gente.
La Iglesia debe ser profecía y provocación, debe continuar y estimular cada vez más la actitud profética. Entendiéndose profecía como: anuncio, denuncia, consolación, compromiso práctico. También cada vez más la Iglesia debe ser pobre y gratuita. En Medellín los obispos hicieron el propósito de ser la Iglesia pobre, en nuestros títulos, en nuestro modo de vestir…, explicitaba incluso. Sin embargo, los títulos continúan, las mitras continúan, los vestidos continúan, y los eminentísimos o excelentísimos…
Si la Iglesia entendiese y acogiese a toda la humanidad como Pueblo de Dios, como hermandad universal, el compromiso de la Iglesia con la sociedad sería normal. El ser fermento en la masa, sería lo lógico, lo normal, porque la Iglesia no se consideraría sociedad aparte, sino un fermento evangélico en la sociedad, dentro de la sociedad. Y no se tendrían que hacer tantos equilibrios…, que si la acción social y la política es propia del laico…
Es propia de todos, cada uno en su categoría y en sus funciones. Ahora bien, lo que no hagamos por gusto y por respuesta pronta a las señales del tiempo, se nos impondrá por la base de la historia, pero mucho más rápidamente y a veces más dolorosamente. Por ejemplo, el mismo Comblin ha recordado varias veces que la iglesia perdió al obrero, y ahora se está perdiendo a la mujer. Y es verdad, hay muchas mujeres que dicen: “aquí no me reconocen con dignidad suficiente, no me dan espacio, pues me voy; montamos nuestra tienda”.
Creo que uno de los desafíos mayores de este siglo es reconocer el derecho de los inmigrantes, discurrir bien lúcidamente y denunciar las causas de la inmigración, hacer lo posible para que no tengan que salir de su patria, ayudar a que en su propio país puedan vivir con dignidad, teniendo trabajo, sintiéndose ciudadanos. El problema de la inmigración está mezclado con el día a día del primer mundo y del tercer mundo.

La Iglesia debería ser más politizada, y al mismo tiempo vivir con serenidad la laicidad, reconociendo que es algo natural, que no es una especie de favor que se tolera. La sociedad es la sociedad y la Iglesia es la Iglesia; la Iglesia está en la sociedad, acontece dentro de la sociedad. Entonces está lo que es específicamente de la Iglesia y además lo que es específico de la sociedad, de una sociedad democrática, plural, mundial…; es ahí donde la Iglesia debe espabilarse.
Vosotros los obreros y obreras, ¡cómo no os espabiléis ahí con esa situación del trabajo, con respecto a la dignidad en el trabajo, para contestar a la flexibilización…! Bueno, pues a la luz de las circunstancias históricas y a la luz de la fe, vamos a ver qué hacemos, cómo lo hacemos. Los políticos profesionales que sean católicos o cristianos, a ver cómo contribuyen a partir de su fe y a partir de su condición de político.
No hay una respuesta previa dada ya: ¡votad como católicos! Pero estoy concretamente en España, o estoy concretamente en un país de Asia donde hay una minoría ínfima de cristianos católicos. Debemos desdogmatizar muchas cosas. Antes todo era categórico, dogmático, sabido…; hoy hasta la ciencia parte cada vez más de hipótesis y contra hipótesis. Se trata de relativizar lo que es relativo y absolutizar lo que es absoluto. Y lo absoluto no es poco: Dios es amor, todos y todas somos hijos e hijas de Dios y, por la misma, hermanos; Dios es vida, está asegurada la vida para todos y para siempre. Mucho más que eso: Jesús es el testimonio espléndido de ese Dios que es amor.

– ¿Ves aún hoy necesaria una pastoral especializada, una pastoral obrera?
– Habría que matizar. En principio, habría que decir que toda la Iglesia sea Iglesia, que toda la Iglesia sea misionera, que toda la Iglesia sea fermento como quería Jesús. Si ahora decimos que la gran primera máxima o primera identidad es ser gente humana, entonces la gran primera identidad de un cristiano es ser Iglesia, una Iglesia que evangeliza, una Iglesia que celebra, una Iglesia que profetiza, una Iglesia que está metida en la masa; porque sólo se es fermento en la masa. Si no hay masa, no hay fermento. ¿Para qué quiero fermento si no hay masa? ¿Para qué quiero el fermento a un lado y la masa a otro?
Hoy continúa siendo necesaria una pastoral específica. Imagínate que dijésemos aquí en Brasil, en América Latina, que no hace falta una pastoral indigenista, que los indios entran también en la Gran Pastoral, van a ser evangelizados.
Yo últimamente he insistido mucho en que deberíamos predicar más y vivir mejor la condición de raza humana, que en cierto sentido es nuestra primera y máxima, identidad. Después, viene la profesión o la clase. Es curioso, pasa de moda hablar de clase. Yo tengo aquel poemita que dice: “en el vientre de María el Verbo se hizo carne, se hizo hombre, y en el taller de José el Verbo se hizo clase”. Uno piensa que demasiado precipitadamente se quiso olvidar la clase, eso fue así.
El obrero de hoy es un obrero diferente, no es el obrero del siglo XIX; hay categorías, hoy hay menos obreros y mucha más y mejor máquina. Es necesaria una pastoral obrera muy especializada: ¿por qué no el obrero va a evangelizar al obrero? Incluso debería ser cada vez más internacional.
Yo creo que la JOC (Juventud Obrero Católica) continúa siendo actualidad, que la HOAC continúa siendo actualidad, lo que pasa es que tanto los que son HOAC como los otros muchísimos que no lo sean han de colocar la HOAC en su debido lugar y con sus debidas responsabilidades, no pedir lo que no se le puede pedir y exigir lo que se le debe exigir.
Porque, por ejemplo, me pongo un poco en sus camisas…, si no se percibe que la HOAC es un grupo de obreros diferentes, ¿para qué queremos la HOAC? Es un obrero, honesto, trabaja, pero no pasa de ahí… Lo primero que uno debe ser es honesto, trabajar como trabajador, ser solidario con los compañeros y compañeras, pero, al mismo tiempo, que noten que es cristiano. No hará falta hablar mucho, hará falta ser. Porque posiblemente algunas críticas que se hacen, parten de que, como se experimentó aquí en América Latina, se politiza tanto que se pierde aquel plus de la fe, de la evangelización. Ahora bien, por otra parte, no se puede eclesializar tanto que hagas de un obrero un monaguillo infiltrado en la masa.
También creo que los movimientos especializados han de saber ser Iglesia con jerarquía, reconocer que el obispo es obispo, que el Papa es Papa. Y a veces incluso también con un poco de astucia evangélica que nos enseñó Jesús, tendrán que agradar un poco a los obispos, no cuesta nada mostrarles los proyectos, convidarles a una celebración o a una merienda. Pero teniendo una libertad adulta. Somos HOAC, somos Iglesia, somos Iglesia en el mundo obrero, somos Iglesia en el mundo obrero hoy, y por ser Iglesia en el mundo obrero, por definición somos Iglesia frontera, en el mundo obrero. Es más difícil que decir soy Iglesia en casa, con el trabajo normal, con mi familia, no me complico la vida… Hay que complicársela, si asumes tu misión te complicas la vida automáticamente, dentro de la Iglesia y fuera de la Iglesia. Sólo que ese dentro o ese fuera han de ser llevados con esperanza, con relativa serenidad sabiendo hasta dónde llegan los límites.
Si, por otra parte, vosotros no incomodáis un poco a los otros cristianos católicos y a la jerarquía, con respecto a las necesidades del mundo obrero, del mundo laboral ¿quién lo va hacer?

– Tú eres una persona de esperanza. A pesar de los sombríos tiempos que vivimos, ¿qué motivos tenemos para seguir manteniendo la esperanza?
– La pascua, la fe en el Dios que es Amor, la bondad del corazón humano con tantos gestos de solidaridad, de compromiso, de generosidad hasta el martirio. Sólo tenemos motivos para no desanimar. Existen. En última instancia el que se desanima soy yo. Hemos de evitar dar esa contribución pesimista, cuando ya hay bastante sufrimiento, bastante desencanto. Si nosotros los cristianos no tenemos esperanza, no sé a quién se la vamos a pedir.
Nietzsche decía que los cristianos deberían mostrar con la cara, con la vida, que tienen la esperanza que dicen en la Resurrección, en La Pascua; que lo demuestren.
A la esperanza siempre. Una esperanza creíble, evidentemente, que no es un “viva la Virgen”.
Y la Pascua; yo tengo en el cuarto siempre pintada la palabra Pascua, me parece la palabra más cristiana, que engloba todo. La Pascua es que todos vamos a resucitar y todos nos vamos a salvar, según el Espíritu Santo.
También hay que ayudar a vivir con esperanza. La iglesia ha pecado, hemos pecado mucho, por anunciar temor, la muerte, el infierno, el Castigo de Dios… Yo lo repito mucho en mis homilías: Dios no castiga, no sabe castigar, no puede castigar, el Dios Amor no puede castigar; quien se castiga somos nosotros. Yo les pongo a veces un ejemplo: el otro día se estrelló un muchacho con motocicleta porque iba a 150 km/hora por esas carreteras. ¿Castigo de Dios? No, estupidez de él que iba a 150 por esas carreteras.

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