Preparar caminos: la pre-evangelización.


 

03-advientoa3-cerezoHoy se necesitan cristianos que en su tarea diaria, en sus relaciones, tanto en la familia como en el barrio o pueblo, preparen sendas para que venga el Señor. Cada cual encontrará la forma, si la oración es central en su vida y “no apaga al Espíritu”, como hoy nos dice Pablo.

Un testigo de esta pre-evangelización fue Carlos de Foucauld. El «hermano universal».

Su testimonio sigue vivo, aunque no conoció los frutos.

Ochenta y nueve años después de su muerte, Carlos de Foucauld fue beatificado el domingo 13 de noviembre 2005 en Roma. A pesar de no haber creado ninguna orden religiosa, toda su familia espiritual es muy numerosa. Su vida, jalonada de rupturas y de búsquedas, mantienen lo esencial: la imitación de Cristo en el despojo y la pobreza. El ha querido llevar esta vida en medio de gentes sin importancia y allí donde el evangelio no había sido anunciado. Se hizo sacerdote para poder consagrar y estar en continua adoración.

Había sido militar, explorador, geógrafo, etnólogo y lingüista, recogiendo millares de poemas de los Tuareg, representados en Roma por algunos de sus jefes.

Charles de Foucauld nace en Estrasburgo en 1858, pierde la fe a los 16 años, estudia en la academia militar de Saint Cyr y se traslada a Argelia, colonia francesa, como subteniente de caballería en 1881. Malgasta su herencia en una vida desenfrenada, deja el ejército y se convierte por su cuenta en explorador de Marruecos. Recorrió por su cuenta tres mil kilómetros del desierto y publicó «Exploración de Marruecos» (1882), que le valió la medalla de oro de la Sociedad de Geografía francesa.

Después de estudiar árabe y el Corán, busca la ayuda de un sacerdote y recupera la fe a los 28 años. En el momento en que encontró a Dios, según una de sus cartas, «comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él». Entra en la Trapa, pasando de un convento de Francia a otro de Siria y finalmente a Roma para estudiar Teología. Pero en lugar de hacer los votos perpetuos deja la orden y se va por su cuenta a Nazaret.

Buscando sitios más pobres, vuelve a África como sacerdote para vivir con los Tuareg entre Argelia y Marruecos. Adora la Eucaristía y sirve a los pobres de los Tuareg. Escribe un diccionario francés-tuareg y traduce la Biblia A partir de 1905 se establece en Tamanrasset, donde murió en 1916, víctima de una banda de rebeldes. Durante un robo, el muchacho que le vigila-ba se puso nervioso y le disparó un tiro en la cabeza. No llegó a convertir a ningún Tuareg ni a fundar una orden religiosa. Pero hoy son once las congregaciones religiosas y ocho las asociaciones de laicos que difunden su mensaje. Y miles de personas siguen su espiritualidad en el mundo entero.

Su casa, humilde tienda beduina, estuvo abierta a todos. “Dar hospitalidad a todo el que llega, bueno o malo, amigo o enemigo, musulmán o cristiano”… Fue para todos, judíos, ateos, cristianos, musulmanes, creyentes o idolatras, el hermano universal.

Su oración más repetida como lema y testamen-to: ”Padre, en tus manos me pongo. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias”. Hoy, al que vivió y murió solo, le siguen miles de Hermanitos y Hermanitas de Jesús del Evangelio, Fraternidades de Jesús, escondidos y abiertos a todos, en los sitios más ocultos del planeta. Dios, a través de sus Hijo y de sus hijos más pequeños, sigue obrando su plan de salvación universal

El Papa afirmó que «la vida contemplativa y escondida de C. de Foucauld en Nazaret, donde encontró la humanidad de Jesús, nos invitan a contemplar el misterio de la Encarnación. Allí descubrió que Jesús nos invita al amor y a la fraternidad universal, que él vivió más tarde en el Sahara. Como sacerdote, puso la Eucaristía y el Evangelio en el centro de su vivir». Las hermanitas del Sagrado Corazón, fueron las primeras en fundar, en el año 1933, siguiendo la espiritualidad de C. de Foucauld. Como dice la hermanita Sor Lucila: pensamos que hay una pobreza en el mundo a vivir en el día a día. Como él, somos contemplativas en medio del mundo. Como él, ponemos el acento en la oración, la adoración de la Eucaristía y queremos mirar a Dios actuando cerca de los más desposeídos. Esta mirada forma parte de nuestra contemplación. Las hermanitas constituyen una pequeña familia. “nosotras jamás hemos sido más de cincuenta, nuestra riqueza es ser poco numerosas, limitadas.

Todas las hermanas viven en barrios y pueblos pobres. Es una presencia, sigue diciendo la hermana Lucile, de amistad y buena voluntad cerca de las mujeres más desprotegidas. Ellas son once en Francia, las otras se encuentran en Bolivia, Túnez, Tamanrasset, España y Malí.

Información recogida de: Periodistadigital.com/religion/

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