Nazaret y familia


Nazaret era un pequeño poblado en las montañas de la Baja Galilea. Sabemos que estaba a unos 340 metros de altura, en una ladera, lejos de las grandes rutas, en la región de la tribu de Zabulón. Una quebrada conducía en rápido descenso al lago de Genesaret. No parece que hubiera verdaderos caminos entre las aldeas. Tal vez el más utilizado era el que levaba a Séforis, capital de Galilea cuando nación Jesús. Por lo demás, el poblado quedaba retirado en medio de un bello paisaje rodeado de alturas. En las pendientes más soleadas, situadas al sur, se hallaban diseminadas las casas de la aldea y muy cerca terrazas construidas artificialmente donde se criaban vides de uva negra; en la parte más rocosa crecían olivos de los que se recogían aceituna. En los campos de la falda de la colina se cultivaba trigo, cebada y mijo; en el extremo occidental brotaba un manantial. En este entorno se movió Jesús durante sus primeros años: cuesta arriba, cuesta abajo y alguna escapada hacia unos olivos cercanos o hasta el manantial.

Nazaret era una aldea pequeña y desconocida, de apenas doscientos a cuatrocientos habitantes. Nunca aparece mencionada en los libros sagrados del pueblo judío. De ordinario, las casas daban a un patio que era compartido por tres o cuatro familias del mismo grupo y donde se hacía buena parte de la vida doméstica. Allí tenían en común el pequeño molino donde las mujeres molían el grano y el horno en el que cocían el pan. Allí se depositaba también los aperos de labranza. Este patio era el lugar más apreciado para los juegos de los más pequeños, y para el descanso y las tertulias de los mayores al atardecer.

Jesús ha vivido en una de estas humildes casas y ha captado hasta en sus menores detalles la vida de cada día. Sabe cuál es el mejor lugar para colocar el candil. Ha visto a las mujeres barriendo el suelo pedregoso con una hoja de palmera para buscar alguna moneda perdida. Conoce lo fácil que es penetrar en algunas casas abriendo un boquete para robar las pocas cosas de valor que se guardan en su interior. Ha visto cómo su madre y las vecinas salen al patio al amanecer para elaborar la masa del pan con un trozo de levadura. Las ha observado mientras remiendan la ropa y se ha fijado en que no se puede echar en un vestido viejo un remiendo de tela sin estrenar. Ha podido sentir cómo alguien se ha levantado de noche.

Vivir en Nazaret es vivir en el campo. Jesús ha vivido en medio de la naturaleza, con los ojos muy abiertos al mundo que le rodea. Basta oírle hablar. La abundancia de imágenes y observaciones tomadas de la naturaleza nos muestran a un hombre que sabe captar la creación y disfrutarla. Jesús se ha fijado muchas veces en los pájaros que revolotean en torno a su aldea; no siembran ni almacenan en graneros, pero vuelan llenos de vida, alimentados por Dios, su Padre. Le ha entusias-mado las anémonas rojas que cubren en abril las colinas de Nazaret; ni Salomón en toda su gloria se vistió como una de ellas. Observa con atención las ramas de las higueras: de día en día les va brotando hojas tiernas anunciando que el verano se acerca. Se le ve disfrutar del sol y de la lluvia, y dar gracias a Dios, que “hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos”. Mira los grises nubarrones que anuncian la tormenta y siente en su cuerpo el viento pegajoso del sur, que indica la llegada de los calores.

Jesús no solo vive abierto a la naturaleza. Más adelante invitará a le gente a ir más allá de lo que se ve en ella. Su mirada es una mirada de fe. Admira las flores del campo y los pájaros del cielo, pero intuye tras ellos el cuidado amoroso de Dios por sus criaturas. Se alegra por el sol y la lluvia, pero mucho más por la bondad de Dios para con todos sus hijos, sean buenos o malos. Sabe que viento “sopla donde quiere”, sin que se pueda `precisar “de dónde viene y a dónde va”, pero él percibe a través del viento una realidad más profunda y misteriosa: el Espíritu de Dios. Jesús no sabe hablar sino desde la vida. Para sintonizar con él y captar su experiencia de Dios es necesario amar la vida y sumergirse en ella, abrirse al mundo y escuchar la creación

En Nazaret, la familia lo era todo: el lugar de nacimiento, escuela de vida y garantía de trabajo. Fuera de la familia, el individuo queda sin protección ni seguridad. Solo en la familia encuentra su verdadera identidad. Esta familia no se reducía al pequeño hogar formado por los padres y sus hijos. Se extendía a todo el clan familiar, agrupado bajo una autoridad patriarcal y formado por todos los que hallaban vinculados en algún grado por parentesco de sangre o por matrimonio.

En contra de lo que solemos imaginar, Jesús no vivió en el seno de una pequeña célula familiar junto a sus padres, sino integrado en una familia más extensa. Los evangelios nos informan de que Jesús tiene cuatro hermanos que se llaman Santiago, José, Judas, y Simón y también a algunas hermanas a las que dejan sin nombrar, por la poca importancia que se le daba a la mujer. Proba-blemente estos hermanos y hermanas están casados y tienen su pequeña familia. En una aldea como Nazaret, la “familia extensa” de Jesús podía constituir una buena parte de la población. Abandonar la familia era muy grave. Significaba perder la vinculación con el grupo protector y con el pueblo. El individuo debía buscar otra “familia” o grupo. Por eso, dejar la familia de origen era una decisión extraña y arriesgada. Sin embargo llegó un día en que Jesús lo hizo. La ruptura con su familia marcó su vida de profeta itinerante.

Había dos aspectos, al menos, en estas familias que Jesús criticaría un día. En primer lugar, la autoridad patriarcal, que lo dominaba todo. El negociaba los matrimonios y decidía el destino de las hijas. El definía los derechos y deberes. Jesús hablará más tarde de unas relaciones más fraternas donde el dominio sobre los demás ha de ser sustituido por el mutuo servicio.

Tampoco la situación de la mujer era la que Jesús defendería más tarde. La mujer era apreciada sobre todo por su fecundidad y su trabajo en el hogar. No tenía contacto con los varones fuera de su grupo de parentes-co. En realidad, la mujer siempre pertenecía a alguien. La joven pasaba del control de su padre al de su esposo. Su padre la podía vender como esclava para responder de las deudas. Su esposo la podía repudiar abandonándola a su suerte. Era especialmente trágica la situación de las mujeres repudiadas y las viudas, que se quedaban sin honor, sin bienes y sin protección, al menos hasta que encontrara un varón que se hiciera cargo de ellas. Más tarde, Jesús defenderá a las mujeres de la discriminación, las acogerá entre sus discípulos y adoptará una postura rotunda frente al repudio decidido por los varones.

Como todos los niños de Nazaret, Jesús vivió los siete u ocho primeros años de su vida bajo el cuidado de su madre y de las mujeres de su grupo familiar. En estas aldeas de Galilea, los niños eran los miembros más débiles y vulnerables, los primeros en sufrir las conse-cuencias del hambre, la desnutrición y la enfermedad. Los niños eran sin duda apreciados y queridos, también los huérfanos, pero su vida era especialmente dura y difícil. A los ocho años, los niños varones eran introducidos sin apenas preparación en el mundo autoritario de los hombres, donde se les enseñaba a afirmar su masculinidad cultivando el valor, la agresión sexual y la sagacidad. Años más tarde, Jesús adoptará ante los niños una actitud poco habitual en este tipo de sociedad. No era normal que un varón honorable manifestara hacia los niños esa atención y acogida que las fuentes cristiana destacan en Jesús, en contraste con otras reacciones más frecuentes. Su actitud está fielmente recogida en estas palabras: “Dejad que los niños se me acerquen, no se lo impidáis, pues los que son como estos tienen a Dios como rey (Mc 10,14)

(José Antonio Pagola. Jesús. 39-45.PPC.Madrid 2007)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: