VIGESIMOPRIMER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO


Primera lectura: Jos 24, 1-2a 15-17.18b

Salmo responsorial: 33

Segunda lectura: Ef 5, 21-32

No nos engañemos. Aunque sigamos diciendo que creemos en Dios; aunque vayamos a misa todos los domingos; aunque llevemos una cruz colgada al cuello; aunque ayunemos incluso más de lo que está legislado; aunque demos muchas limosnas… Mientras no nos unamos a Jesús en la tarea de transformar este mundo, llenándolo de vida mediante la práctica del amor, estaremos renunciando a nuestra fe.

¿ENSAYAR OTRO CAMINO?

Muchos discípulos suyos dijeron al oírlo: -Este modo de hablar es insoportable. ¿Quién puede hacerle caso?

A Jesús, después del reparto de los panes y los peces, quisieron hacerlo rey Jn 6,15). Pero él no quiso; habría sido seguir como siempre, sin cambiar prácticamente nada. A los discípulos también les había entusiasmado la idea y se habían marchado del lado de Jesús dominados por la tiniebla, por la ambición de poder (Jn 6,16-21). Jesús fue a buscarlos, y han estado presentes y han podido escuchar todo el discurso de Jesús acerca del pan de vida y las respuestas que ha dado a las objeciones de los partidarios del régimen judío.

Y ahora tampoco ellos se muestran dispuestos a probar un nuevo camino. A pesar de que estaba claro que los anteriores intentos habían conducido todos al fracaso, a pesar de que a lo largo de la historia de su pueblo muchos reyes y muchos dirigentes habían frustrado el proyecto del Señor diciendo que lo hacían en nombre de Dios. Pero ellos parece que quieren intentarlo otra vez: Jesús de rey y ellos de ministros; seguro que ahora las cosas iban a ir definitivamente bien. Pero eso de cambiar las cosas desde abajo, poco a poco, sirviéndose sólo del amor… ¡y hasta dar la vida! «Este modo de hablar es insoportable.»

CARNE Y ESPÍRITU

Consciente Jesús de que lo criticaban sus discípulos, les dijo: -¿Esto os escandaliza? ¿Y si vierais subir al hombre adonde estaba al principio? Es el Espíritu quien da vida, la carne no es de ningún provecho; las exigencias que os he estado exponiendo son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros quienes no creen.

Podría parecer que ahora Jesús contradice lo expresado antes, cuando insistía en que la salvación de Dios llega sólo a través del hombre de carne y hueso. Pero no hay tal contradicción.

Jesús presenta a sus discípulos dos maneras de entender al hombre: como carne sola o como carne llena de Espíritu. Ya habíamos hablado del significado de la palabra «carne», que se refiere al hombre en cuanto ser mortal, débil. A los hombres nos han convencido de que la fuerza consiste en poseer el poder y la debilidad en carecer de él; Jesús, sin embargo, piensa que la verdadera debilidad de los hombres, la que irremediablemente los lleva a la muerte, no es la falta de poder, sino la falta de amor; por eso «la carne -sin Espíritu- no es de ningún provecho». Eso va a quedar demostrado cuando los poderosos intenten arrebatarle la vida: no podrán, y los discípulos comprobarán cómo sube vivo de la muerte que él acepta para mantener hasta el final su compromiso de amor con la humanidad-, «adonde estaba al principio».

De todo lo que les dice podrán convencerse por experiencia propia si, abriéndose a la acción del Espíritu, se hacen fuertes para poner en práctica las exigencias de Jesús: si viven de acuerdo con las enseñanzas que se deducen del reparto de los panes y los peces, si se incorporan al proceso de liberación que da inicio con Jesús, si se entregan a la lucha para convertir este mundo en un mundo de hermanos, y si todo eso lo hacen por amor, sentirán dentro de si la fuerza de la vida que comunica el Espíritu y ya no serán sólo carne débil, sino carne vivificada por la fuerza del Amor.

EN ESTO NO HAY REBAJAS

Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él. Preguntó entonces Jesús a los Doce: -¿Es que también vosotros queréis marcharos? Le contestó Simón Pedro: -Señor, ¿con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican vida definitiva, y nosotros creemos firmemente y sabemos muy bien que tú eres el consagrado por Dios.

La convicción de que todo se tiene que resolver desde arriba, de que sólo con el poder se pueden cambiar las cosas, quizá la ambición de algún puesto o, simplemente, la falta de confianza en la fuerza del amor, son causas que provocan que muchos, desde este momento, dejen de seguir a Jesús, quien, aunque le duela ver que muchos abandonan, no rebaja en nada sus exigencias; al contrario, pide a los Doce que se definan: ¿de qué lado están ellos? ¿Se van o se quedan?

En la respuesta de Pedro resuena la experiencia de la comunidad para la que Juan escribe: las exigencias de Jesús, la práctica del amor fraterno (‘n 15,9-11; véase comentario anterior), han cambiado la existencia de cada uno de sus miembros y sienten que la presencia del Espíritu ha dado carácter definitivo a sus vidas.

La pregunta sigue formulada y las exigencias de Jesús siguen siendo las mismas para todos los que quieren ser sus seguidores. Esa es la fe que él pide, ésa es la fe que nosotros decimos profesar. Pero no basta con estar apuntados al grupo de Jesús (a las palabras de Pedro confesando su fe, respondió Jesús: «¿No os elegí yo a vosotros, los Doce? Y, sin embargo, uno de vosotros es un enemigo»). Sólo la vida revela la vida; sólo una carne que se da por amor muestra que está llena de Espíritu; sólo una fe adulta, por supuesto, pero firme y sin condiciones, sin pedir rebajas, es una verdadera fe cristiana. Una fe que no se reduce a una piedad individual que, a lo sumo, proporciona un inmenso consuelo espiritual, sino una fe que se traduce en un compromiso de amor, en la entrega de sí mismo para que el mundo, los hombres de este mundo y de esta historia vivan y vivan felices.

II

61-63 Consciente Jesús de que lo criticaban sus discípulos, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais subir al Hijo del hombre donde estaba antes?63Es el Espíritu quien da vida, la carne no es de ningún provecho; las exigencias que os he estado exponiendo son espíritu y son vida.

Jesús se da perfecta cuenta de lo que sucede y afronta la situación. Esos discípulos lo esperan todo de un triunfo terreno y no aceptan la muerte de Jesús, que, para ellos, significaría la derrota. Consideran demasiado duro tener que asimilarse a él.

Jesús quiere hacerles comprender que una muerte como la suya no significa un final, que no es un fracaso ni signo de debilidad, sino la máxima expresión del amor, única fuerza y agente de vida. Por eso, la bajada a la muerte incluye la vuelta a la vida (subir adonde estaba antes).

Jesús contrapone su idea mesiánica a la de los discípulos que no aceptan sus exigencias. Los términos carne y espíritu reflejan dos concepciones del hombre y, en consecuencia, de Jesús y de su misión. La carne sola, sin fuerza ni amor, el hombre no acabado (3,6), es débil, y sus empresas no llegan a término ni tienen permanencia. El Espíritu es la fuerza del amor del Padre (4,24). Él es vida y la comunica.

Todos los que se asimilan vitalmente al Hijo del hombre reciben el Espíritu. Son éstos los únicos capaces de crear un mundo nuevo. La nueva sociedad o comunidad mesiánica no se hace sin colaboración del hombre.

64-66 Pero hay entre vosotros quienes no creen». (Es que Jesús sabía ya desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.) Y añadió: «Por eso os he venido diciendo que nadie puede llegar hasta mí si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él.

Jesús no se hace ilusiones acerca de su grupo; no por el hecho de estar con él aceptan todos su línea. Hay resistencias y seguimiento puramente exterior. Al llegar esta crisis, va a revelarse quiénes son los verdaderos seguidores.

Jesús sabía incluso que uno de ellos lo iba a entregar. Veía ya en Judas un hombre que, por profesar los valores del “mundo”, no asimilaba su mensaje. Sabía esto desde el principio, es decir, contaba ya con la traición, porque contaba con la libertad de los individuos. Su elección no la elimina ni pretende evitar los riesgos. Es un ofrecimiento que no descarta a nadie y cuya aceptación depende de cada uno.

El Padre concede el encuentro con Jesús a los que han aprendido de él (6,45) y se han dejado impulsar por él hacia Jesús (6,44). Y el encuentro con Jesús se identifica con la recepción del Espíritu. Los discípulos disidentes habían limitado su visión al horizonte de la “carne”, es decir, al hombre sin Espíritu; no pueden aceptar la propuesta de Jesús, que consideran excesiva para las fuerzas humanas.

A pesar de la explicación, la mayor parte abandona a Jesús definitivamente. La propuesta de renunciar a la ambición personal y estar dispuesto, en cambio, a un servicio sin reservas, provoca en ellos absoluto rechazo.

67-69 Preguntó entonces Jesús a los Doce: «¿Es que también vosotros queréis marcharos?» Le contestó Simón Pedro: «Señor, ¿con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican vida definitiva, y nosotros creemos firmemente y sabemos muy bien que tú eres el Consagrado por Dios».

En esta situación difícil, Jesús se dirige a lo Doce. Este número aparece aquí por primera vez referido a los discípulos. Jesús les pregunta cuál es su opción; no acepta componendas. El tenor de la pregunta muestra que está dispuesto a quedarse sin discípulos antes que renunciar a su línea. Para él no existe salvación para la humanidad fuera de la entrega por amor, tal cual se expresa en su persona como realización del amor del Padre. Todo otro proyecto, por brillante que parezca, deja al hombre en la mediocridad y, por lo mismo, termina en el fracaso.

La grave pregunta de Jesús suscita una reacción en el grupo de los Doce. En representación de todos (plural: ¿con quién nos vamos a ir?), responde Simón Pedro. Los Doce comprenden que fuera de Jesús no hay esperanza. No hay otro que pueda tomar su puesto.

Las exigencias de Jesús no son una doctrina que pueda separarse de su persona, pues en ellas expresa él su propia actitud. Él es el proyecto de Dios realizado y, al proponer sus exigencias, se está explicando a sí mismo. Ellas remiten a la plenitud que él posee, de la que los suyos pueden participar asimilándose a él.

Simón Pedro sigue hablando como portavoz del grupo. Reconoce a Jesús como el Consagrado por Dios. Esta consagración se identifica con la plenitud del Espíritu (1,32), con el que el Padre selló a Jesús (6,27). Reconoce, pues, a Jesús como Mesías, Ungido por el Espíritu.

III

Josué organiza la gran asamblea de Siquem, como la reunión constitutiva del pueblo de las tribus. Es el punto de partida de un movimiento nuevo que arranca del Éxodo. El pueblo debe aceptar su nueva identidad teológica, social, cultural. Es fundamental identificar al Dios del Éxodo: el que ve la opresión del pueblo, el que oye el griterío de dolor y conoce sus sufrimientos, el que está decidido a bajar para librarlo del poder de los opresores (Ex 3,7-8). El Dios de sus Padres, el Dios de la Historia.

Las tribus proceden de diferentes orígenes culturales, religiosos, étnicos, pero ahora se aglutinan, gracias a la fe en este Dios del éxodo, en un solo pueblo: Israel. Es la teología, la fe en Yahvé y no la sangre quien los compacta para una alianza tribal.

El corazón de esta alianza tribal es la fe común en este Dios de los pobres. Pero supone también, identificar a los dioses »extraños» a los dioses cananeos y egipcios, imágenes corrompidas de Dios, que generan esclavitud y muerte: un sistema de impuestos, una vida de esclavos, una religión opresora. Cambiar esos dioses por el Dios del Éxodo, fundando una sociedad de leyes para la vida, de reparto de la tierra, de culto nuevo basado en la pascua es el tema central de esta gran asamblea de Josué en Siquem.

Las tribus de Israel hacen un pacto de amor con este Dios de los pobres. Unos desposorios, como nos insinúa la carta a los Efesios. «Una Iglesia dócil al Mesías» «para hacerla radiante, sin mancha, ni arruga, ni nada parecido».

Las palabras de Jesús chocan con la mentalidad vigente. Hace veinte siglos parecía inadmisible que una persona pudiera comunicar un mensaje tan exigente y tan liberador. Hoy, seguimos en el mismo plan: tratamos de endulzar las palabras de Jesús para que no hieran nuestros prejuicios. Con frecuencia queremos convertir la palabra de Jesús en el ejercicio de un conjunto de ritos. Pero, la palabra de Jesús nos desestabiliza, nos desquicia y nos lleva a cuestionar la vida diaria. A veces, incluso, decimos como los discípulos. «Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? No obstante, si queremos seguir a Jesús, la única respuesta posible es un «sí» rotundo, un «amén» decidido y generoso. Queremos seguirlo y queremos ser como él. No deseamos contentarnos con los laureles que nos ofrece el mundo, sino que anhelamos caminar con el Nazareno la difícil y tortuosa vía del pueblo de Dios en la historia.

Ahora, muy pocos se atreven a criticar a Jesús de Nazaret, pero esto no significa que estén de acuerdo con él. Muchas personas hace tiempo que se «echaron para atrás» y cogieron su propio camino, solamente que se contentan con llevar en su memoria el recuerdo de un bautismo sociológico y el aval de las ceremonias religiosas. Pero, para aquellos que anhelamos escuchar la voz del Maestro, no existe otra respuesta que la de Pedro ante el desafío de Jesús: «¿Señor, a quién iremos?, sólo tú tienes palabras de vida eterna».

¡Qué útil sería examinar nuestras eucaristías…! ¿Generan un «movimiento de Jesús» en dirección hacia la Utopía solidaria de lo que Él llamaba Reino? ¿Van cambiando nuestro modo de pensar y actuar? ¿Nos hacen capaces de identificar las otras presencias del Dios entre los desheredados de la vida? El mismo Jesús, en cuya boca Juan puso estas palabras: «Yo soy el Pan de Vida», según Mateo también dijo: «tuve hambre y me diste de comer, cada vez que lo hicieron con mis hermanos más pequeños, era conmigo mismo con quien lo estaban haciendo» (Mt 25,35).

El evangelio de este domingo no está dramatizado en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil. Pero puede echarse mano de cualquiera de los que se refieren a la eucaristía, por ejemplo los referidos a la última cena (109, 110 y 111), que pueden ser tomados de http://www.untaljesus.net

Para la revisión de vida

La nuestra es una fe encarnada, que nos hace descubrir a Dios no en un cielo que no sabemos bien dónde está, sino en la tierra, en la historia, en la vida de las personas; de la misma forma se ha encarnado en los ritos cultuales, aun con el peligro de que identifiquemos la fe con esos ritos. Yo, ¿encuentro realmente a Dios en la vida diaria, o mi fe me sólo me deja pensar «en otra vida»? ¿Vivo según el Espíritu que da vida, o según la letra que cumple, pero no da vida?

Para la reunión de grupo

El evangelio de este domingo, tomado a la letra, entendido como si fuese el relato directo de un testigo que cuenta lo que vio, tiene bastantes detalles o elementos que hoy sabemos que no son históricamente ciertos. Hagamos entre todos el ejercicio de enumerarlos.

Esos elementos pertenecen a un lenguaje «teológico», metafórico por tanto, no literal ni directamente histórico. Comentar esto como especialmente peculiar del evangelio de Juan, a diferencia de lo que ocurre en los evangelios «sinópticos» (Mt, Mc yy Lc).

Si se escucha este evangelio y se toma en sentido literal que Jesús tiene conciencia plena de su Divinidad, que Jesús sabía desde el principio todo lo que pasaba y quién lo iba a entregar, es decir, que no es realmente un hombre normal… resulta una imagen de Jesús que no es la que la cristología actual presenta. ¿Qué problemas de comprensión de Jesús se pueden presentar a quien entienda literalmente este evangelio? ¿Cómo entenderá la gente sencilla sin especial formación teológica este evangelio?

El texto de la segunda lectura es uno de los textos de Pablo que en la actualidad son sumamente problemáticos desde el aspecto del feminismo y de una relación social justa de género. Pedro asume ingenuamente toda la visión patriarcalista de género propia de la cultura de su época (y de tantas épocas), en la que la mujer es mirada como inferior, y por eso debe ser cuidada, atendida y protegida por el varón, que es su cabeza, al que debe respetar… Plantear primero y tratar de resolver después, las preguntas que plantea el hecho de que la misma «Palabra de Dios» vehicule una visión patriarcalista del género femenino.

Para la oración de los fieles

Por toda la Iglesia, para que mantenga con fidelidad el mensaje recibido de Jesús y lo transmita con valentía. Oremos.

Por todos los cristianos, para que sepamos descubrir a Dios encarnado en la historia, en la vida, en las diferentes situaciones humanas. Oremos.

Por todos nosotros, para que nuestra reflexión sobre el evangelio vaya acompañada del deseo de cambiar nuestra vida. Oremos.

Por todos los seguidores de Jesús, para que opten por seguirlo sinceramente con su vida, siendo conscientes de los compromisos que eso implica. Oremos.

Por esta comunidad nuestra, para que encontremos en el evangelio una palabra de vida y la pongamos en práctica en las situaciones de cada día. Oremos.

Oración comunitaria

Oh Dios, Padre y Madre de toda la Humanidad, que en Jesús de Nazaret nos has dado una Palabra luminosa que nos trae vida para el mundo; haz que toda la Humanidad pueda acoger la palabra que en Jesús has pronunciado para nosotros, y esté atenta también a acoger y asimilar todas las muchas palabras que en otros tiempos y en otros lugares y de muchas maneras has pronunciado para alentar la vida en el Mundo. Nosotros en concreto te lo pedimos inspirados en el Espíritu de Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano nuestro.

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