Comentario de Vigésimo domingo del tiempo ordinario


RACISMO Y DISCRIMINACION

Aunque parece que cada vez está más extendida la convicción de que todos los hombres somos iguales, sigue habiendo situacio nes en las que por su raza nacionalidad, ideas, sexo o cultura los hombres son discriminados y deben luchar por conquistar su dignidad. Su causa debe ser también la causa de todos los que no están sordos para escuchar al hombre que cada cual lleva dentro.

SORDOS Y TARTAMUDOS

Le llevaron un sordo tartamudo y le suplicaron que le aplicase la mano. Lo tomó aparte, separándolo de la multitud, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Levantando la mirada al cielo dio un suspiro y le dijo:

-Effatá (esto es, «ábrete»).

Inmediatamente se le abrió el oído, se le soltó la traba de la lengua y hablaba normalmente.

En el Antiguo Testamento los males que sufría el hombre se interpretaban como un castigo de Dios por sus pecados. Tanto las desgracias individuales (como las enfermedades, la ruina económica, la muerte violenta…; véase Jue 9,56; 2 Re 15,5) como las colectivas (hambre, epidemias, sequías, inun daciones, desastres políticos y militares; véase, por ejemplo, Nm 14,40-45; Jue 3,7-8.12-14; 4,1-2; 6,1; 2 Sm 24,1-15; Is 24,1-12; 40,2; Sal 106) eran consideradas como la señal de que Dios había vuelto la espalda a su pueblo. Al contrario, cuando una desgracia se convertía en gozo, cuando se supe raba un desastre, cuando de la esclavitud o la opresión se pasaba a la libertad…, entonces los acontecimientos se vivían como signo de que Dios había concedido su perdón y estaba de nuevo cerca de su pueblo (Ex 15,1-21; Jue 3,9-10.15; 4,3.23; 6,7ss; Is 8,23-9,6; 10,24-27; 43,14-21, etc.).

De acuerdo con esta mentalidad, cuando el profeta Isaías quiere anunciar que el pueblo exiliado en Babilonia va a alcanzar su liberación, cuando quiere indicar que Dios ha vuelto a acercarse a su pueblo, proclama que «se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará» (Is 35,4-7; primera lectura). Son éstas las señales que adelantan el fin del destierro de Babilonia y anuncian la liberación.

LAS CAUSAS DE LA SORDERA

También en el evangelio la enfermedad es consecuencia del pecado, pero no del pecado personal, sino del pecado social. Esto es: las enfermedades que aparecen en los evange lios representan los males que sufren los hombres por culpa de una sociedad injusta, organizada en contra del plan de Dios. La sordera es una de estas enfermedades.

Dios había elegido a los israelitas para realizar un ensayo ejemplar: los sacó de la esclavitud y les dio unas normas para la convivencia; si las cumplían no reproducirían en su socie dad las relaciones de opresión que ellos habían sufrido en Egipto. La misión de Israel era mostrar que era posible orga nizar la convivencia humana poniendo como base la justicia y ofrecer después este proyecto, ya ensayado, como ideal para toda la humanidad. Pero los dirigentes se fueron corrompien do y, según el testimonio de los profetas, se dedicaron a explotar al pueblo, y para distraer a los ciudadanos de sus verdaderos problemas se dedicaron a alimentar su orgullo: somos el pueblo elegido por Dios, somos el pueblo más impor tante de la tierra, Dios está con nosotros, sólo con nosotros… Hasta el punto que llegó el momento en que no eran capaces -se negaban a ello- de escuchar otra cosa. Esta es la sordera que todavía sufren los discípulos de Jesús representados en este evangelio por elsordo-tartamudo. Por eso no aceptan lo que poco antes ha dicho Jesús: que todos los hombres son iguales, independientemente de su raza, de sus tradiciones religiosas o de cualquier otra separación que los hombres, a lo largo de la historia, han establecido entre ellos, que lo que importa no es haber nacido a este o a aquel lado de cualquier frontera, lo importante es haber nacido, ser persona, estar invitado a ser hijo de Dios. La sordera de los discípulos la provoca su nacionalismo excluyente. Para ellos era más impor tante ser israelita que ser persona humana. No quieren que el reino de Dios sea para todos los hombres, no aceptan que Dios no sea patrimonio exclusivo de su nación; no entienden que Dios quiera ser Padre de todos los hombres. Y lo peor es que, sordos para oír el mensaje de Jesús, resultan mudos -o tartamudos- a la hora de expresarlo.

TODAVIA HAY SORDOS

En los evangelios, como en Isaías, las curaciones, la salud de los individuos, anuncian el comienzo de una liberación más profunda para todo el pueblo; ahora, para toda la huma­nidad. La curación del sordo tartamudo significa que los dis cípulos tienen ya oídos para oír y, por tanto, una lengua suelta para anunciar a todos los hombres el mensaje de Jesús: que todos somos iguales ante Dios y, por tanto, que todos debemos ser iguales entre nosotros.

Todavía, sin embargo, hay sordos en nuestro mundo, y, lo que es más doloroso, algunos de esos sordos se llaman seguidores de Jesús. Son los que no han comprendido que el color de la piel es lo menos importante del hombre, los que se empeñan en mantener o levantar murallas entre los pueblos, los que limitan su amor a una raza, a una nación… Los que, empeñados en ser católicos, se olvidan de tener un corazón universalista; los que, orgullosos por pertenecer a la religión verdadera se olvidan de ser personas… Y la causa última de todas esas sorderas está en la influencia, aceptada o impuesta a la fuerza, de una organización social contraria al plan de Dios: el racismo, legalizado o de hecho, que se da en algunos lugares como máxima expresión de esta mentalidad, no es simplemente una injusticia, sino la consecuencia de un mundo injusto en el que la persona no es el principal valor.

Menos mal que Jesús ha abierto los oídos de muchos que, con su lucha, con su entrega, con su compromiso, nos anun cian que para los hombres con corazón de hombre (con Dios en el corazón) sigue existiendo una meta: la fraternidad, y un camino para alcanzarla: la lucha por la liberación.

II

v. 31  Dejó Jesús el territorio de Tiro y, pasando por Sidón, llegó de nuevo al mar de Galilea por mitad del territorio de la Decápolis.

A través de territorio pagano, llega Jesús a la Decápolis, en la orilla oriental del lago, donde el geraseno ha proclamado el mensaje liberador (5,20).

Una vez expuesto el principal obstáculo que presenta al mensaje la sociedad pagana, tipifica Mc en la figura de un sordo tartamudo la acti tud de los discípulos ante la integración de los paganos en la nueva comunidad con el mismo derecho que los judíos. Señala así, al mismo tiempo, el obstáculo que les impide el seguimiento y que deben superar. El episodio se localiza en la Decápolis (7,31), en la orilla oriental del mar de Galilea, en territorio pagano, y prepara el segundo reparto de los panes (8,1-9).

v. 32 Le llevaron un sordo tartamudo y le suplicaron que le aplicase la mano.

El sordo tartamudo no se acerca a Jesús por propia iniciativa ni pide la curación; como en otras ocasiones (1,30.32; 6,54s), son unos sujetos anónimos quienes lo llevan a Jesús. En la tradición profética, la sordera o la ceguera son figura de la resistencia al mensaje de Dios (Is 6,9; 42,18; Jr 20-23; Ez 12,2); paralelamente, en el evangelio son figura de la incom prensión y la resistencia al mensaje. Pero los que la padecen no son cons cientes de ella, son otros los que lamentan el defecto y acuden a Jesús.

El término sordo tartamudo aparece una sola vez en el AT, en Is 35,6 LXX, donde se trata del éxodo de Babilonia; la alusión a este pasaje seña la que la escena evangélica trata de la liberación de Israel de una esclavi tud u opresión. Son, pues, los discípulos o seguidores israelitas (el nuevo Israel), que no aparecen en la escena y no habían entendido el último dicho de Jesús (7,18), quienes están tipificados en el sordo tartamudo. El término «tartamudo» designa, en el plano narrativo, a un individuo que no habla normalmente, en el plano representativo alude al hablar de los discípulos, que transmiten un mensaje contrario al de Jesús.

El obstáculo que impide a los discípulos aceptar el mensaje de Jesús (sordera) y proponer el verdadero mensaje (tartamudez) es la ideología nacionalista y exclusivista del judaísmo: siguen manteniendo la superio ridad judía y no acaban de aceptar la igualdad de todos los pueblos en relación con el Reino. Por eso actúa Jesús primero sobre el oído, para cambiar la mentalidad. El pasaje indica que los discípulos, al entrar en contacto con gente de otros pueblos (orilla pagana del lago), muestran total cerrazón a todo lo no judío.

El verbo suplicar indica mayor insistencia que el simple «pedir» y señala el gran interés de los intermediarios por el sordo. No suplican a Jesús que lo cure, sino que le aplique la mano, gesto que simboliza la transmisión de la fuerza vital; esto bastaría para cambiar la situación.

v. 33  Lo tomó aparte, separándolo de la multitud, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.

Jesús responde sin tardar. La precisión aparte, que se refiere siempre a los discípulos (4,34; 6,31s; cf. 9,2.28; 13,2), señala que la falta de com prensión por parte de ellos hace necesaria una explicación de Jesús.

Para actuar con el sordo, Jesús lo separa de la multitud, es decir del numeroso grupo de seguidores que no proceden del judaísmo (7,14); no quiere involucrar a éstos en las dificultades que afectan al grupo israelita.

La acción de Jesús es doble, conforme al doble defecto del hombre: Primero parece perforarle los oídos (le metió los dedos), indicando que, a pesar de la resistencia que presentan los discípulos, es capaz de hacerles llegar el mensaje del universalismo. Luego, le toca la lengua con su sali va; para interpretar este gesto hay que tener en cuenta que, en la cultura judía, se pensaba que la saliva era aliento condensado; la aplicación de la saliva significa, pues, la transmisión del aliento / Espíritu. A la compren sión del mensaje de Jesús (oídos) debe corresponder su proclamación profética, inspirada por el Espíritu (lengua).

vv. 34-35  Levantando la mirada al cielo dio un suspiro y le dijo: «Effatá» (esto es: «ábrete»). Inmediatamente se le abrió el oído, se le soltó la traba de la lengua y hablaba normalmente.

Entonces Jesús levanta la mirada al cielo (6,41), como gesto de peti ción a Dios que subraya la importancia de la acción que está cumplien do, y expresa su sentimiento (dio un suspiro)de pena o tristeza por la prolongada obstinación de los discípulos.

La orden de Jesús la expresa Mc con un término arameo, indicando con ello de nuevo que el suceso o acción está referido a Israel (cf. 5,41; 7,11, etc.), en este caso al nuevo Israel, representado por los discípulos/los Doce. La orden Ábrete expresa el efecto que debería pro ducir la perforación; de hecho, los oídos se abren y su hablar no es ya defectuoso, en el doble sentido, narrativo y figurado.

vv. 36-37. Les advirtió que no lo dijeran a nadie, pero, cuanto mis se lo adver tía, mas y mas lo pregonaban ellos. Extraordinariamente impresionados, decían: «¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Jesús prohibe divulgar el hecho, porque sabe que esta apertura no es definitiva (cf. 8,18). A pesar del repetido aviso de Jesús, los circunstan tes son optimistas, piensan que todo está arreglado. La impresión es enorme.

La frase final pondera el poder de Jesús: por una parte, se le reconoce no ya para un caso particular, sino para cualquier caso posible; por otra, no sólo para curar a un tartamudo, sino para casos más graves (los mudos). El plural los sordos, los mudos, que se refiere a la única curación anterior, insinúa de nuevo que el sordo es una figura representativa.

III

El profeta Isaías es el profeta de la consolación. El pueblo en medio del dolor que ha generado el destierro, necesita de una voz de aliento y esperanza, por eso el profeta los invita a tener valor a que «no tengan miedo», es necesario confiar en Dios pues él va a salvar a su pueblo de la esclavitud.

El profeta evoca con sus palabras el recuerdo de la tierra de Palestina con sus riquezas naturales, torrentes y manantiales, una tierra fértil y espaciosa, un paraíso o una tierra prometida, que les espera después del exilio, a la que regresarán como en un nuevo éxodo. En esta tierra se volverán a instaurar y reconstruirán el Templo, la ciudad y la historia. Y vivirán en plenitud, llenos de vida y salud, con sus órganos de los sentidos completos, capaces de percibir lo que está pasando a su alrededor. En las mismas palabras del profeta, se puede descubrir la fuerza de Dios, que busca reanimar a los abatidos y transformar la tierra devastada. El profeta anuncia tantos bienes que parece la llegada de los tiempos mesiánicos.

La carta de Santiago es un reclamo fuerte a la fraternidad. El que hace distinción de personas en la asamblea, es decir, en la celebración litúrgica, no puede ser cristiano. Santiago en su carta nos habla de diferencias y desigualdades en el interior de la misma comunidad, paradójicamente donde se tendría que construir otro modelo que prefigure la relación que los seres humanos deben construir en la vida social. En una palabra: la fraternidad, como fruto del mandamiento del amor, empieza en la misma celebración litúrgica y se debe hacer realidad en las relaciones sociales de los miembros de la comunidad.

Cada vez que el cristiano celebra la eucaristía debe asumir el compromiso del amor real, un amor que se hace efectivo en las obras que enriquecen la vida y la llenan de contenidos de humanización. Ésta es una tarea que tenemos que asumir para hacer de la celebración cristiana un espacio de vida abundante y de experiencia profunda de amor.

El evangelio de hoy nos dice que los paganos también fueron destinatarios del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús. Que saliendo Jesús de nuevo de la región de Tiro se dirigió por Sidón hacia el mar de Galilea, por en medio de los límites de la Decápolis, todo en territorio pagano. Y le trajeron un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Es una de las poquísimas veces que vemos a Jesús fuera de su país; si creemos a los evangelios, Jesús, prácticamente, no viajó al extranjero. Es importante señalar que en aquel entonces, ir al «extranjero» es también ir al «mundo de los paganos»… no como hoy. En este fragmento del evangelio de Marcos observamos a Jesús pues en medio de gente de otra religión… Puede ser muy significativo para nosotros el comportamiento que tenga hacia esas personas que no creen en el Dios de Abraham que cree Jesús…

En efecto. Vemos en primer lugar cómo Jesús no está entre los gentiles o paganos con una actitud «apostólica», no lo vemos preocupado por catequizarles. Tampoco parece preocupado por hacer entre ellos proselitismo religioso: no trata de convertir a nadie a su religión, a la fe israelítica en el Dios de Abraham. Y tampoco vemos que Jesús aproveche su paso para «impartir la doctrina», «enseñar y divulgar las santas máximas de su religión». Más aún: observemos que ni siquiera predica, no da discursos religiosos. Más bien, simplemente «cura». Es decir: no teoría, sino práctica. Hechos, no dichos.

No podemos decir que Jesús pase por el territorio pagano con indiferencia, o con los ojos cerrados, como si no tuviera nada que hacer allí… Más bien diríamos que lo que considera es que no tiene mucho que decir. No lo vemos discurseando, ni dando su «servicio de la palabra», sino curando y sanando. No habla del Reino (lo que es su «profesión» y hasta su «obsesión» dentro de los límites de Israel); fuera de su territorio religioso calla sobre el Reino y «hace Reino». O como dice la gente al verle: «hace el bien», no habla sobre el bien. (Y ya sabemos que «ubi bonum, ibi Regnum», «donde se hace el bien, allí está el Reinado de Dios», una fórmula que nos hace caer en la cuenta de una cierta tautología que se da entre «bien» y «Reino»; ya lo decía la antífona-canto del salmo 71: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor…»).

Bien mirado, aunque Jesús no predica en esa región pagana, sí «ev-angeliza», en el sentido más exacto de la palabra: da la «buena noticia» («eu-angelo»). No «informa sobre ella», no trata de trasmitir «conocimientos salvíficos», ni siquiera de «poner signos» o de simplemente «anunciar-decir», sino de «hacer presente», de «poner ahí», de construir esos «hechos y prácticas» que son, por sí mismos, la «buena noticia». «Evangelización práctica», pues, sin teorías, ni palabras. (No estamos despreciando la teoría, la doctrina, la teología, la palabra… ni creemos que para Jesús tuviera importancia…; lo que estamos queriendo decir -fijándonos en Él- es que también para nosotros, como para Él, el puesto de estas dimensiones «teóricas» es el segundo; el primer puesto es para la Vida, para la acción, para la práctica del bien que identifica el Reino, no para la palabra que lo anuncia. Lo último que en definitiva perseguimos, es la práctica, los hechos, la realidad; la teoría, la palabra, la concienciación… forman parte de la realidad, pero como instrumentos para su consecución plena).

Excelente lección para nuestros tiempos de pluralismo religioso y de diálogo interreligioso. Tal vez nuestro histórico celo apostólico y misionero por la «conversión de los infieles», por la «llamada de los gentiles a la fe cristiana», por la «cristianización de las naciones de otra religión», o por «la expansión de la Iglesia» o su «implantación en otras áreas geográficas»… debieran mirar a Jesús y tomar nota de su peculiar conducta misionera. Tal vez hoy necesitaríamos, como Jesús, callar más y simplemente actuar. Es decir, dialogar interreligiosamente comenzando -como se suele decir técnicamente- con el «diálogo de vida»: juntarnos con los «otros» y conjugar nuestros esfuerzos en la construcción de la Vida (en la construcción del bien -«¡ibi Regnum!»-). Porque si logramos estar unidos en la construcción del «Reinado de Dios» (no importa el nombre con que se designe, claro está), estaremos de hecho unidos en la adoración (práctica) del Dios del Reino. La doctrina, el dogma, la teología… vendrán después. Y caerán por su propio peso, como fruta madura, cuando el diálogo ya sea una realidad palpable en la práctica de la vida diaria.

«Todo lo hizo bien, hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos»; este versículo 37 tal vez sea una mala traducción, o una derivación de la exclamación que, más probablemente, brotó a los observadores de la conducta de Jesús: «Ha hecho todo el bien [que ha podido], hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos». O sea, sí que predicó Jesús a los gentiles, pero con «el lenguaje de los hechos», y no pidiendo una conversión “mental” a su religión, o a una nueva Iglesia que él no estaba pensando fundar, sino compartiendo con ellos su «conversión al Reino». Jesús no trataba de convertir a nadie a una nueva religión, sino de convertir a todos al Reino, dejando a cada uno en la religión en la que estaba. La conversión importante no es hacia una (u otra) religión, sino hacia el Reino, sea en la religión que sea.

La misión del misionero cristiano se inspira en Jesús. El misionero -todos nosotros, en determinadas circunstancias- no debe buscar la conversión de los «gentiles» a la Iglesia, como su primer objetivo, sino su conversión al Reino (sea cual sea el nombre con el que lo llame). Y esa conversión, claro está, no es de diálogo teórico, ni de predicación doctrinal solo… sino de «diálogo de vida» y de construcción del Reino.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 065, «Los perros extranjeros», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300065 Puede ser escuchado aquí:http://www.untaljesus.net/audios/cap65b.mp3

Para la revisión de vida

«Todo lo hizo bien», o «Hizo todo el bien que pudo». Sea cual sea el sentido original de la expresión que Marcos pone en boca de la gente que observaba a Jesús, en todo caso es un buen lema, una expresión que puede simbolizar adecuadamente nuestro mejor ideal. ¿Estoy a su altura?

Para la reunión de grupo

Antes del Concilio Vaticano II en no pocos lugares la Iglesia tenía bodas, misas y entierros… «de primera, de segunda y de tercera», con una mayor o menor ornamentación del templo, incluso más o menos oficiantes… según los diferentes honorarios que por tales ceremonias se abonaba. También, en los países de nacionalcatolicismo, las autoridades tenían un lugar destacado reservado para ellas. Hoy todo ello se suprimió, afortunadamente. ¿Se superó en la Iglesia la acepción de personas, la preferencia por los ricos y el desprecio a los pobres de las que nos habla la carta de Santiago? ¿En qué formas nuevas, o antiguas, puede hoy la Iglesia tener “acepción de personas en favor de los ricos?

El profeta Isaías presenta a Dios como el que viene a despegar los ojos del ciego y abrir los oídos del sordo, el que hará saltar de alegría al cojo y cantar al mudo. Y con la asociación de la primera lectura de hoy con la tercera, la liturgia nos quiere decir que Jesús cumple y plenifica lo que los profetas del AT soñaron como enviado de Dios. Veinte siglos después, con una medicina totalmente diferente y tecnificada, la mayor parte de nosotros no cree en “curaciones” físicas milagrosas (sin desconocer una gran parte de cristianos, carismáticos sobre todo, que sí aciertan a creer en curaciones físicas por obra religiosa). Pero para los que tenemos una mente más “realista”, o secularizada o científica… ¿qué relectura podemos hacer del anuncio del profeta y de la taumaturgia de Jesús? ¿Qué significa HOY para nosotros que Jesús desata la boca de un mudo?

San Francisco Javier fue a las Indias Orientales para entregar su vida a la conversión de los gentiles, desde el convencimiento de que si no conocían el mensaje del evangelio no podían salvarse. Tal convicción ha permanecido firme en grandes sectores cristianos hasta los años 60 del siglo pasado. La actividad misionera que sobre ese supuesto se generaba tenía unas motivaciones y una espiritualidad que hoy son insostenibles. Las «misiones» siguen teniendo sentido, pero ya no tienen aquel sentido que tuvieron. Un tipo de misión ha muerto y tiene que seguir muriendo, mientras otro tipo de misión sigue teniendo sentido. Tratemos de describir fundamentadamente esos dos tipos de «misión».

Para la oración de los fieles

Para que toda la Iglesia dé testimonio vivo del mensaje liberador de Jesús. Oremos.

Para que todos los cristianos mantengamos siempre nuestro oído abierto a las llamadas de Dios. Oremos.

Para todas las personas que sufren por cualquier causa encuentren junto a sí a personas dispuestas a acompañarlas y ayudarlas. Oremos.

Para que desaparezcan todas las distinciones por causa de la categoría o el prestigio social, entre las personas. Oremos.

Para que nuestra comunidad haga cada día más posible y real la presencia del Reino entre nosotros. Oremos.

«Donde se hace el Bien, allí se hace el Reino»: para que tengamos una visión amplia y macroecuménica del mundo y de las religiones de la tierra. Oremos

Oración comunitaria

Oh Dios de todos los nombres y de todos los Pueblos. En nuestro hermano Jesús nosotros vemos un símbolo claro de lo que quieres de nosotros respecto a las demás religiones: una actitud de respeto hacia sus valores y expresiones, y un compartir con ellas la búsqueda de del Reino de Dios y su Justicia. Lo demás lo esperamos por añadidura. Te expresamos nuestro deseo de hacer nuestras estas actitudes de Jesús. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, Tú nos has hecho hijos tuyos para que nosotros, conscientes de que todos somos hermanos, vivamos preocupándonos de atender los unos las necesidades de los otros; ayúdanos para que sepamos vivir como Tú esperas de nosotros, y que nunca caigamos en la trampa y en el pecado de tener acepción de personas en base a los criterios económicos, culturales, raciales o de género. Por J.N.S.

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