El poder en la comunidad cristiana según los Evangelios


Los evangelios son el gran punto de referencia de la fe y tienen un valor muy superior al resto del Canon, porque nos transmiten las tradiciones primigenias y fundantes. Lo característico de los evangelios es que descubren el poder sagrado y único de Jesús en su vida histórica. Es obvio que este poder nos llega a través de la reacción tan especial que suscitó en los primeros testigos. Dos palabras claves caracterizan a Jesús, la autoridad (exousia) y los prodigios (dunamis).
El poder de Jesús. La autoridad de Jesús para enseñar asombra a los oyentes porque (Mc 1,22.27), a diferencia de los escribas, no presenta ninguna acreditación académica ni funda sus argumentos en la exégesis de la ley. Es un poder carismático, que se basa en su propia experiencia de Dios y encuentra un eco profundo en la gente.
El poder soberano de Jesús se manifiesta también en la expulsión de espíritus inmundo que, según la concepción del tiempo, deambulan por el aire y tomaban posesión de la gente angustiando su vida (Mc 1,27; 3,22). Se pone de manifiesto que Jesús es el más fuerte (Mc 33,27) porque ha recibido de una forma excepcional en Espíritu de Dios (1,11), de modo que es su Hijo amado. Pero aún hay más: Jesús transgrede las normas de pureza, que eran el conjunto de normas, legitimadas religiosamente, con las que Israel protegía su identidad como pueblo de Dios. Transgrede el sábado, toca a los impuros y come con los pecadores. Este poder y libertad de Jesús se manifiesta como misericordia, que se pone al servicio de los marginados.
Jesús rompe los esquemas humanos del poder. La primera parte de los evangelios sinópticos, la sección galilea (Mc 1-8,26) está marcada por el conflicto con las autoridades judías. Le segunda, el camino a Jerusalen (Mc 8,27-10,52), está caracterizada por el conflicto de Jesús con sus propios discípulos. Se enfrentan “los pensamientos de los hombres contra los pensamientos de Dios” (8,33) precisamente en el tema del poder.
Disputas por el poder en la Iglesia (Mc 9,30-50). El segundo anuncio de la cruz y del servicio tampoco es entendido por los discípulos, que tenían miedo a preguntar, quizá porque vislumbraban las consecuencias peligrosas que aquello acarreaba para su grupo.
Una vez “en casa” (9,33), lugar de reunión de la comunidad cristiana, Jesús entabla un diálogo con los doce. La paradoja es brutal: por el camino, mientras seguían a Jesús, iban discutiendo quien era el mayor entre ellos. ¿No nos encontramos aquí con el vivo retrato de nuestra situación eclesial? Han interiorizado totalmente los valores hegemónicos sobre el poder, el prestigio y el honor. Jesús vuelve a la carga con el resumen de su doctrina: ser el primero significa hacerse el último y el servidor (diakonos) de todos. Después se levanta, trae a un niño y lo pone en medio. Téngase en cuenta que en la mentalidad judía del tiempo no existía ninguna idealización moral o religiosa del niño: el niño era un no-valor, el incapaz aún de cumplir la ley. El lugar central no corresponde ya ni a Pedro, ni a Juan, ni a Santiago, sino a un niño cualquiera, a un necesitado que ni siquiera pertenece al grupo. La comunidad de Jesús tiene que ser servidora y acogedora de quienes son como aquellos niños, de los desvalidos y de los que no cuentan (9,37).
Cuando en un grupo humano saltan las disputas sobre el poder y por los primeros puestos inevitablemente surgen divisiones y se rompe la hermandad. El deseo de poder genera actitudes sectarias, que se caracterizan por el celo por monopolizar los bienes y por deslindar las fronteras con los otros. Es lo que vemos en el episodio siguiente (9,38-40). Antes, Pedro se oponía la debilidad de Jesús; ahora, Juan rechaza lo que podríamos llamar debilidad eclesial. Se ufana porque ha impedido expulsar demonios en nombre de Jesús a “uno que no viene con nosotros” (Mc 9,38). Pero Jesús, que sustituye el ansia de poder por la entrega a los necesitados y por el servicio, critica este concepto cerrado de comunidad, que pretende monopolizar el espíritu de Jesús, y promueve una comunidad abierta, consciente de que el Reino de Dios la desborda y de que se goza con ello.

He resumido en este CONTEXTO un extenso artículo del libro de Rafael Aguirre: Ensayo sobre los orígenes del cristianismo. De la religión política de Jesús a la religión domestica de Pablo. Cap.8. Verbo Divino. Os recomiendo el libro por su sencillez y profundidad. El domingo 29-B continuaré con el resumen del capítulo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: