“La iglesia jerárquica no convive bien con la democracia”


Leonardo BoffFuente RELIGIÓN DIGITAL

Entrevistar a Leonardo Boff es una experiencia peculiar, pues el interlocutor te exige algo más que unas preguntas y una grabadora. Y es que Boff no se limita a contestar (no elude cuestión alguna), sino que dialoga con el periodista, le obliga, en cierto modo, a reaccionar ante sus palabras, y posteriormente a hacer un ejercicio de abstracción para que el protagonista de la entrevista no sea otro que el entrevistado. Elteólogo brasileño, que esta semana se encuentra en Madrid, recibió ayer a RD en elColegio Calasancio, donde impartió una conferencia sobre ética y espiritualidad ante la crisis. Hoy, recibirá un homenaje en laCarlos III y, por la tarde, visitará la parroquia “roja” de Entrevías.

Leonardo Boff, Hans Küng… Amigos del actual Papa y, sin embargo, “castigados” por el mismo…

Küng y yo somos distintos. Él es un gran escritor para el gran público, yo soy un teólogo que habla con la gente. Küng dialoga con la sociedad, es un maestro en la tolerancia, las relaciones con el judaísmo. A él le dolió mucho que le quitaran la cátedra y el título de “teólogo católico”, yo simplemente me fui, sin irme.

¿Cuál es su relación con Benedicto XVI?

Simbolizamos otro tipo de Iglesia. Existendos tradiciones en pelea: la del Concilio Vaticano II, la del diálogo y abierta al mundo; y la de Juan Pablo II y Benedicto XVI, la del testimonio. Ellos no dialogan, no se abren al mundo: hacen críticas duras a toda la modernidad, se enfrentan con los no católicos, diciendo que no son iglesia… Siguen la tesis de la única religión verdadera y eso, en una perspectiva de globalización y encuentro de pueblos, no es viable ni inteligente. Es una postura muy cerrada y dogmática. Roma no acepta aprender, sólo enseñar en imponer sus tesis.

¿Llega el mensaje de la Iglesia oficial a las masas?

El problema es que la base de su teoría parte del convencimiento de que en la Iglesia tienen que ser pocos pero puros e intachables. Pero lo cierto es que hay pedófilos, corruptos… Es una Iglesia de conversos, de élites, no es una Iglesia para la humanidad. Benedicto XVI tiene como modelo los doce apóstoles: cree que Cristo creó una pequeña comunidad de elegidos, y el resto son una masa difusa, sin nombres. Pero el Cristianismo está abierto a todos los que quieran, se puede encarnar en muchas culturas. Y el Papa tiene dificultades para aceptar eso. En su opinión, la Iglesia resultó del encuentro de la cultura judía, griega y romana, y ahí se termina… No incorpora, no acepta el Iluminismo, la Tradición democrática moderna, o socialista. De ahí la dificultad que tiene de aceptar la entrada de Turquía en la UE.

¿Dónde está la raíz del problema?

La raíz es política. La Iglesia jerárquica no convive bien con la democracia. Son instituciones totalitarias, centralistas, machistas… y la democracia no. La Iglesia, lamentablemente, es una institución piramidal, autoritaria, que no acepta la democracia como forma de gobierno o como estilo de vivir. En España lo están viviendo ahora: los obispos no van a aceptar nunca que en la sociedad se discuta el aborto o la homosexualidad. Se imaginan portadores de la verdad única para todos, y quiere imponérselo a los demás. La Iglesia tiene derecho a decir su mensaje, pero respetando otras opiniones: somos una entre tantas. Y no reivindicar el monopolio.
En Europa, estamos viviendo una polémica sobre la retirada de los crucifijos de las escuelas…

Yo pienso que la decisión no tiene que venir directamente de un juzgado, sino que tiene que madurar en la sociedad. Si dice que no nos identificamos, pues muy bien. Los símbolos tienen que ser universales, de todos. Dicho esto, yo creo que el Crucificado es más que un símbolo, y no sólo para el cristiano. La cruz no es monopolio de la Iglesia: hoy, media humanidad vive crucificada. Por la industrialización, por el medio ambiente, por la pobreza, el cambio climático…

La Iglesia, ¿ha desterrado el Concilio Vaticano II?

El Vaticano II fue aprobado por los obispos del mundo entero, pero el aparato eclesiástico nunca lo aceptó. Siempre se opuso, y se resistió con dureza a Pablo VI. Cuando después llegó un Papa de Polonia, naturalmente conservador y con dificultades para aceptar el Vaticano II, encontró sonoros aliados en Roma. La Curia vaticana boicoteó por dentro el Vaticano II. Y el propio Ratzinger opina que hay que leer el Vaticano II a la luz del Vaticano I. Esto es: desde el principio de la infalibilidad del Papa. Ahí se vacía todo el concepto de Iglesia como pueblo de Dios. Hay infinidad de casos en la historia de la Iglesia de Papas que se equivocaron, que pecaron, que no hicieron el bien…

Da la sensación, además, de que mientras Roma es implacable con los teólogos “progresistas”, es más condescendiente con los grupos más tradicionales. Se está viendo con la vuelta de los anglicanos o el diálogo con los seguidores de Lefebvre…

Hay un clamoroso caso de desigualdad en el trato. El Papa trata a los conservadores con guantes de seda, y a nosotros con puño de hierro. Dialogan como si fueran viejos amigos, y en realidad lo son. Benedicto se entiende bien con ellos, mientras que a nosotros nos pone al lado de los subversivos de los socialistas, de los que no tienen que estar en la Iglesia. Pero somos nosotros los que estamos con los pobres, los marginados, los empobrecidos… somos los únicos que tenemos mártires, torturados, muertos, asesinados, mártires por la fe… Son signos de una Iglesia que puede mostrar su verdad, porque ha entregado sus vidas. A Balaguer lo santificaron enseguida, mientras que todavía esperamos por Romero o Ellacuría.

¿Tiene futuro la Iglesia de Romero o Ellacuría hoy?

Es la única iglesia que tiene futuro. Porque no se puede globalizar una institución occidental, porque es accidental. La única Iglesia que se puede globalizar es la que tiene una red de comunidades… Ahí sí puede surgir una iglesia universal, hecha de una red de comunidades. Romero y Ellacuría son símbolos, considerados santos por el pueblo, como en la primitiva Iglesia. Los cristianos somos herederos de un torturado, de un perseguido político. El cristiano, en Jesús, tiene un ejemplo fantástico, y eso en Latinoamérica se siente. Sin embargo, cuando uno escucha en Europa la predicación de un obispo, llega a dudar si Jesús moriría en la cruz, o tumbado en una cama acompañado de los obispos. Jesús sufrió porque luchó, porque se puso en la piel de los que sufrían, y no en la de los poderosos.

¿Cómo se siente Leonardo Boff dentro de la Iglesia?

Yo me siento dentro de la comunidad cristiana, como lugar espiritual. Pero vivo esto desde la perspectiva latinoamericana, que ha intentado traducir el Vaticano II en sus propias condiciones. Abiertos al mundo, que significa abiertos al submundo, a las personas modernas, a los pobres, a los indígenas, los aplastados... Hemos hecho una traducción dentro de nuestras condiciones. Eso ha permitido la salida de una iglesia de base. Esa es la reflexión de la Teología de la Liberación. Yo estoy dentro de esa tradición, en comunión activa y crítica con la Iglesia universal. La vemos muy eclesiocéntrica. El gran problema no es la Iglesia, sino la humanidad amenazada, la globalización. La Iglesia romana no tiene ningún discurso en ese sentido. Benedicto XVI lo toca en su encíclica, pero sólo al final, pidiendo la reforma de ONU, es un paso interesante. Pero si uno lo lee todo, en el fondo dice que la crisis es de funcionalidad del sistema, y no ve que es el sistema el que produce la pobreza, la devastación de la naturaleza…

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