Comentarios trigésimo cuarto domingo tiempo ordinario


MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

“Mi reino no es de este mundo”, respondió Jesús a Pilato cuando éste le preguntaba si era el Rey de los Judíos. Y añadió: Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”.

Traducido y entendido al pie de la letra, el texto griego del Evangelio se ha prestado a falsas interpretaciones. Si el reino de Jesús no es de este mundo, poco tiene que hacer el cristiano aquí abajo. Sólo le toca inmiscuirse cuanto menos en los asuntos del mundo para mancharse lo menos posible. La tarea cristiana será separarse del mundo, apartarse de la política y de la vida, dedicarse a la contemplación, huir de este ajetreo cotidiano para esperar un más allá esperanzador donde se implante el reino de Jesús. Ideal de vida éste que refleja el verso de Fr. Luis de León al salir de la cárcel: “…Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado…”

Para quienes entienden así las palabras de Jesús, el ideal de vida cristiana sería la reclusión en un convento de clausura para rezar y esperar. Pero Jesús no fue ni monje, ni invitó a los suyos a serlo. Lo del monacato vino después…

Esta interpretación del texto evangélico entra en conflicto abierto con gran parte del Evangelio donde se compara el Reino de Dios con realidades que no sólo no están en este mundo, sino que están metidas de lleno en él con la finalidad de cambiarlo y transformarlo. El reino de Dios -que dicen no ser de este mundo- se parece a un puñado de levadura que se pierde en la masa, a un grano de trigo que se pudre en la tierra, a un dracma perdido en el suelo, a una red barredera sumergida en el mar, a una perla preciosa escondida en el campo. Difícilmente podríamos entender cómo Jesús -si su reino no es de este mundo- invita a sus discípulos a ser “luz del mundo” y “sal de la tierra”. Luz que ilumina -y que si se mira deslumbra y ciega-; sal de la tierra que desaparece en el guiso y que, si no se disuelve, molesta al paladar.

La mala interpretación de esta frase puede deberse a un desconocimiento de la riqueza de significados y matices que la palabra “mundo” tiene en el Evangelio de Juan. Con ella se indica el mundo físico, la tierra, la humanidad, los hombres o un grupo de hombres que habitan en el mundo, pero principalmente la humanidad en cuanto sistema abiertamente opuesto al plan que Dios quiere llevar adelante, gracias a Jesús.

Los que pertenecen al mundo, en este último sentido, utilizan el poder y la fuerza para dominar e implantar su voluntad. Aman la violencia como método, buscan la dominación por sistema. Pero ni el reino de Dios, ni el modo de ser rey de Jesús gira en torno a estos presupuestos. Por eso Jesús responde a Pilato: “Si mi reino fuera de este mundo” (o sea, si mi realeza perteneciese a este orden de cosas) “mis propios guardias hubieran luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías. Pero mi reino no es de este mundo” ( o sea, no es como los de este mundo). Ni el poder ni la fuerza son atributos de este Jesús en quien Pilato se empeña en ver a un rey más de la cadena de reyes de Israel, una especie de contrincante político.

Quien sea cristiano, por tanto, en lugar de huir, deberá sumergirse en el mundo, en sus instituciones políticas, sociales o religiosas; deberá perderse como sal o levadura para -desde dentro y desde abajo -acabar con este viejo sistema de violencia, de fuerza y de odio e implantar -por el amor- otro modo de ser y de vivir, donde la fuerza y la violencia sean palabras excluidas del diccionario.

 

 

II

 

UNA REALEZA MAL ENTENDIDA

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

Jesucristo, Rey del Universo. Un título muchas veces mal enten­dido, muchas veces manipulado. Por unos, porque, de una u otra manera, quieren hacer de Jesús un rey como los reyes de este mundo; por otros, porque quieren hacerlo rey sin ninguna relación con este mundo. Por unos y otros, porque quieren poner­lo al servicio de los grandes intereses de este mundo.

EL REY DE LOS JUDÍOS

Entró de nuevo Pilato en la residencia, llamó a Jesús y le dijo:

-¿Tú eres el rey de los judíos?

 

Con la acusación de que Jesús intentaba proclamarse rey de los judíos se presentaron los dirigentes religiosos judíos ante Pilato. El hecho de que fueran precisamente ellos los que llevaran a Jesús ante el tribunal romano indica hasta qué punto se había corrompido la jerarquía religiosa judía. Ellos eran, al menos en teoría, los representantes del Señor, el Dios que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto y les dio la posibilidad de ser un pueblo soberano, y son precisamente ellos quienes ponen en manos del representante del Imperio romano, que, en aquel momento, negaba a Israel la libertad que el Señor les había dado, a quien viene a continuar y llevar a su culminación la obra liberadora del Señor.

No obstante, la idea que ellos tenían de la realeza del Mesías era la misma que los discípulos habían manifestado en otras ocasiones, la misma que sin duda tenía Pilato: todos pensaban que el rey de los judíos debería rebelarse contra la dominación extranjera poniéndose al frente de un ejército, y una vez expulsados los invasores y con la fuerza obtenida gracias a la victoria militar, destituir de sus puestos a los dirigentes corruptos y hacer justicia. Eso era lo que los discí­pulos habían esperado y lo que los jerarcas judíos y Pilato temían que Jesús hiciera. A esa manera de ser rey se refiere Pilato cuando pregunta a Jesús: «¿Tú eres el rey de los ju­díos?»

 

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

-La realeza mía no pertenece al orden este. Si mi realeza perteneciera al orden este, mis propios guardias habrían luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías. Ahora que mi realeza no es de aquí.

 

La respuesta de Jesús rompe los esquemas de sus acusado­res. Él no niega que es rey, pero dice que su manera de ser rey no es la de los reyes de este mundo: «La realeza mía no pertenece al orden este. » Y explica las diferencias. Primero diciendo en qué no consiste su realeza: «Si mi realeza perte­neciera al orden este, mis propios guardias habrían luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías.» Jesús no va a reinar como los reyes de la tierra: mediante la fuerza violenta de las armas, mediante la coacción y la amenaza del castigo. La propuesta que él hace a la humanidad es de un carácter muy distinto: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio en favor de la ver­dad.» Su proyecto, que es el proyecto de Dios, se basa en la verdad que, en el evangelio de Juan, coincide con la vida: es verdad aquello que favorece, transmite y defiende para el hombre la vida en plenitud; es verdad el amor que se expresa mediante la entrega de la propia vida para que la vida de los hombres pueda ser realmente vida. Es una manera de reinar que se realiza sólo sobre aquellos que libremente lo aceptan, sólo sobre aquellos que quieren escuchar la voz de este parti­cularísimo rey.

 

HE VENIDO

Pero el que no pertenezca al orden este no quiere decir que la realeza de Jesús sea puramente espiritual, ajena a la historia y a los problemas concretos de los hombres. Esa ha sido la segunda gran equivocación acerca de la realeza de Jesús. Muy al contrario, Jesús viene a este mundo, desarrolla su tarea en esta historia y su proyecto empieza necesariamente en esta vida, en este mundo. Y, como hemos visto en los últimos comentarios, su misión es dar a los hombres los ins­trumentos necesarios para que se organicen de tal manera que esta tierra no sea, como a muchos les interesa que los pobres crean que tiene que ser, un valle de lágrimas.

Jesús es rey del universo, de este universo, y eso quiere decir que tiene un proyecto para esta tierra y para esta historia, que no es ajeno a los sufrimientos y a los problemas de los pobres, oprimidos, marginados, explotados. Pero su realeza no pertenece al orden este; lo que supone que ni podemos organizar la comunidad de Jesús al estilo de los reinos de la tierra ni podemos utilizar el mensaje de Jesús como un progra­ma más para organizar los reinos de este mundo (por eso ningún partido debe usar honestamente el nombre de cris­tiano).

Colaborar para que Jesús reine en la tierra significa dar testimonio de la verdad: mostrar con la entrega de la propia vida que Dios es amor y quiere que, mediante la práctica del amor, los hombres, todos los hombres, vivan. Y vivan libres y felices.

¿Y el compromiso político de los cristianos? También hay que estar en ese ambiente y dar testimonio de la verdad, de la justicia, de la igualdad entre todos los hombres, llamados a vivir como hermanos. Pero sin confundir nuestras opciones políticas, las soluciones concretas que proponemos para los problemas políticos concretos, con el evangelio, y sin permitir que nadie reine en ningún reino de este mundo, por pequeño que este reino sea, atribuyendo su poder a la gracia de Dios: en cualquiera de estos casos estaríamos haciendo de Jesús un rey como los reyes de este mundo.

 

 

III

 

vv. 33-34: Entró de nuevo Pilato en la residencia, llamó a Jesús y le dijo: -¿Tú eres el rey de los judíos? 34Contestó Jesús: -¿Dices tú eso como cosa tuya o te lo han dicho otros de mí?

Pilato entra en su residencia, donde se encuentra al abrigo de la presión judía . Jesús ha sido detenido como »el Nazareno» (18,5.7), es decir, como el pretendiente al trono de David. Pilato quiere informarse de primera mano. El pagano no dice «el rey de Israel» (1,49; 12,13), sino el rey de los judíos, de la nación; implicación mesiánica (¿Tú eres?). Jesús quiere que Pilato razone su postura, que examine si está siendo manipulado y considere su responsabilidad como juez .

 

v. 35: Replicó Pilato: -¿Acaso soy yo judío? Tu propia nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Pilato no quiere reconocer la presión de los judíos y niega que la cuestión le afecte personalmente. Rechaza toda responsabilidad; son otros los acusadores, los jefes religiosos y, detrás, el pueblo que no ha sabido optar por Jesús y en contra de sus autoridades opresoras (12,34). Los títulos de Jesús no interesan a Pilato, pero sí su actividad (¿Qué has hecho?), que puede suponer una amenaza para el poder que representa.

 

v. 36: Contestó Jesús: -La realeza mía no pertenece al orden este. Si mi rea­leza perteneciera al orden este, mis propios guardias ha­brían luchado para impedir que me entregaran a las autori­dades judías. Ahora que mi realeza no es de aquí.

Jesús no responde directamente a la segunda pregunta de Pilato, sino a la primera: »¿Tú eres el rey de los judíos?». Afirma claramente su calidad de Rey, pero niega todo parecido con los reyes que Pilato conoce. Al descartar la realeza que se apoya en la fuerza queda patente que no pretende ocupar el trono y que no es un rival del empe­rador. Él practica el servicio a los hombres y rechaza el poder. Los reyes del mundo imponen su dominio. Para Jesús, la violencia pertenece   a la esfera de la injusticia. Él se ha entregado voluntariamente y ha cor­tado en seco la violencia de Pedro (18,11). Ha probado no ser rey como los otros.

 

v. 37: Le preguntó entonces Pilato: -Luego ¿tú eres rey?

Contestó Jesús: -Tú lo estás diciendo, yo soy rey. Yo para esto he na­cido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio en favor de la verdad. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz.

Extrañeza de Pilato y nueva afirmación de Jesús. Explica su función como rey: no dominar, sino dar testimonio de la verdad; con estas palabras condensa el significado de su vida y actividad. Jesús co­munica vida (Espíritu) y la experiencia de esa vida es la verdad sobre Dios / el Padre, que se manifiesta como amor sin límite, y sobre el hombre, llamado a ser hijo de Dios. Su muerte en cruz, máxima expresión de amor, resumirá y hará culminar todo su testimonio. Los que están     en favor de la vida / verdad, de la plenitud humana, responden a su lla­mada.

 

 

IV

 

La liturgia de este domingo nos trae de nuevo un pasaje del libro de Daniel. En contraposición a las pretensiones de divinidad y de dominio absoluto típicos de los dominadores (griegos para la época del libro), Daniel va mostrando otras imágenes del verdadero y eterno Dios. No hay que tomar en sentido literal el contenido de estos materiales apocalípticos. Más bien hay que verlos y valorarlos desde la óptica de la resistencia, un recurso que se ingenia el hagiógrafo para ir contrarrestando en el fiel judío los peligrosos efectos de una ideología que pretende suplantar el poder y señorío únicos del Dios bíblico. La historia ha demostrado que tanto imperios como emperadores, reinos y reyes fenecen, pasan, se acaban, y eso no va a cambiar; que sólo una cosa es inmutable el poder, la gloria y el reinado de Dios a favor siempre del oprimido, eso nunca pasará.

Celebramos la solemnidad de Jesucristo «Rey del Universo». A ese fin hemos leído el pasaje de Daniel en donde uno como hijo de hombre recibe de parte del anciano el poder y la soberanía universal. En contraste con esta imagen de Daniel que fue asumida por el cristianismo como una prefiguración del reinado universal de Cristo, nos presenta el evangelio de Juan el momento del juicio político de Jesús ante Pilato. «Oficialmente» Jesús no se ha proclamado Rey, sin embargo éste es el argumento por el cual sus adversarios quieren que sea condenado. De hecho sus adversarios ya lo han condenado a muerte, sólo que ellos no podían ejecutar la pena capital (Jn 18,31), que era derecho exclusivo de Roma (ius gladii). Por eso la insistencia a Pilato para que él confirme la sentencia que ellos ya habían dictado.

Pilato ya está informado de la situación y por eso pregunta directamente a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús responde con otra pregunta, indaga al interrogador cuál es el origen de esa acusación, que de todo modos en este punto se convierte en aclamación. Pilato no está interesado en establecer ningún tipo de vínculo con Jesús y sin embargo según la forma como el evangelista Juan conduce el hilo del relato, la realeza de Jesús viene proclamada no por los de su nación, sino por los paganos.

Indirectamente Jesús responde de modo afirmativo a la primera pregunta de Pilato, pero hace una aclaración que por supuesto ni Pilato ni sus acusadores pueden entender: «mi reinado», o también «mi realeza no es de este mundo», pero debe entenderse «no es al modo o a la manera de este mundo». Y la aclaración continúa: «si mi realeza fuera al estilo de esta realidad hubiera sido defendido por mi ejercito y no hubiera caído en manos de los judíos».

Pero Pilato quiere una respuesta más clara, un sí o un no, y de nuevo interroga: «¿entonces, tú eres rey?». De nuevo san Juan pone en labios de un pagano la expresión que confirma la realeza de Jesús. Pilato lo ha dicho y así es pero enseguida corrige Jesús la característica de esa realeza: «a eso he venido, no a dominar ni a infundir terror, sino a servir a la verdad».

Así pues, el evangelista deja claro en que consiste la dimensión mesiánica y real de Jesús, no se trata de un rey al estilo de los reinados temporales, sino al estilo que ya se había entrevisto en el Primer Testamento desde la entrega, desde el servicio al proyecto del Padre, que es ante todo la justicia esa es la verdad para Juan, el proyecto del Padre encarnado en Jesús.

Desafortunadamente con el correr del tiempo se tergiversó el contenido de este interrogatorio, especialmente la respuesta de Jesús sobre el origen de su realeza. Algunas corrientes cristológicas, que subsisten hoy, defienden una dimensión «espiritual» del reinado de Jesús. Según eso, «mi reinado no es de este mundo» desconecta a Jesús y su evangelio de todo compromiso y en todo contacto con el orden temporal, de esta realidad concreta que vivimos, y lo transfiere a un mundo «espiritual» o simplemente a aquel «mundo de las ideas» de Platón.

Esa falsa interpretación tiene varios reparos. Por una parte, cuando Juan habla de «mundo», casi siempre lo hace para referirse a esta realidad habitada por seres humanos y en donde se verifican las tendencias más contradictorias, de las cuales, las que le interesan al evangelistas son aquellas que están en oposición al querer y a la voluntad de Dios. En una palabra «mundo» para Juan es una forma sintética de referirse a todo lo que contradice el proyecto divino, y que puede equipararse con lo que él mismo intenta describir también con la expresión «tinieblas» en contraposición a la «luz». En tal sentido, se puede entender «mi reino no es de este mundo», «no es de esos reinos o reinados que se oponen al querer de Dios» y en ese sentido, Jesús ha realizado toda su acción, no ha contradicho en nada la voluntad de su Padre. Si proyectamos el reinado de Jesús a una categoría extramundana, es dejar de reconocer su compromiso y su incidencia en los asuntos del diario vivir durante todo su ministerio público, desde Galilea hasta Jerusalén, si hubiera sido de carácter «espiritual», no se hubiera visto enfrentado a las autoridades Judías, es más, desde una cueva en el desierto hubiera podido decir lo que tenía que decir y punto.

Otra consecuencia que deriva de una falsa interpretación de esa expresión tiene que ver con el cristiano en cuanto tal. Para quienes creen que Jesús y su obra «no son de este mundo», lo más práctico es no inmiscuirse en asuntos temporales, lo mejor es no «meterse en problemas…». Desafortunadamente esta corriente cuenta con demasiados adeptos tanto en el campo católico como en el no católico. Mientras cuatro evangelistas, equivale a decir cuatro de las comunidades primitivas (entre muchas que seguro habían) nos legan un testimonio de abierto compromiso de Jesús con la causa de su Padre expresada en los pobres, un par de versículos que reflejan apenas una mínima parte del pensamiento joaneo sobre Jesús, vienen a convertirse en el argumento «definitivo» para sustraer a Jesús de su concreto compromiso político y social con su generación y de su intención de que sus seguidores hicieran lo mismo.

No es necesario ni conveniente subrayar tanto la «realeza» de Jesús si ello implica tergiversar su auténtico y efectivo proyecto de vida; hace mucho daño, sobre todo a los más oprimidos, presentar esa imagen monárquica y principesca de un Jesús que, en verdad, dedicó toda su vida y sus energías a desenmascarar y a luchar contra ese tipo de estructuras.

 

El interrogatorio de Pilatos a Jesús del evangelio de hoy es dramatizado en dos capítulos de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, el 116, «El interrogatorio del gobernador», y el 120, «Este es el hombre». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500116 y http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500120 respectivamente. Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap116b.mp3 y http://www.untaljesus.net/audios/cap120b.mp3

 

Para la revisión de vida

¿Qué posición tengo yo respecto a las ideologías y tendencias que pretenden manejar la figura de Jesús como si se tratara de un jefe monárquico? ¿En mi predicación o en mi trabajo apostólico refuerzo esa ideología o la ataco? ¿Con base en cuáles pasajes de la Escritura sustento mi posición?

 

Para la reunión de grupo

– Procúrense por todos los medios posibles el artículo Es Jesús Buena Noticia?, de Jon Sobrino, http://servicioskoinonia.org/relat/070.htm Leerlo por partes (en las sesiones que vean conveniente) e ir confrontando lo que nos propone el autor con la realidad que vivimos a nivel eclesial y en nuestro grupo local. Socializar este estudio con otros grupos del lugar, sin imponer, sino más bien ir proponiendo nuevas perspectivas.

– A pesar de lo que contestó a Pilatos, Jesús no quería ser Rey, y de hecho huyó cuando le quisieron nombrar rey. Proclamando a Cristo como Rey muchas veces lo que se quería proclamar era la supremacía de una religión, o la reclamación de privilegios por parte de la autoridad civil. Todavía peor, la aclamación de Cristo Rey por parte de las derechas y de los poderes económicos en las sociedades injustas venía a servir de legitimación de la injusticia. Profundizar en el grupo en estos aspectos negativos que, de hecho, ha tenido en la historia esta proclamada realeza de «Cristo Rey».

– Jesús habló y se desvivió por el Reino (de Dios), a cuyo advenimiento se entregó incondicionalmente. Convertirlo en Rey a él, fue de hecho para muchos una forma de olvidar precisamente la Causa de Jesús. El predicador del Reino fue convertido él mismo en Rey y se olvidó el Reino de Dios que él había anunciado. Comentar esta paradoja.

– ¿Es legítima una reinterpretación de este título y de esta fiesta? ¿Se puede pensar que un título mucho más adecuadamente expresado que el de «Rey» sería el de «luchador por la Causa del Reino»? Pros y contras.

 

Para la oración de los fieles

Por los animadores y dirigentes de las iglesias en el mundo, para que no caigan en la tentación de ejercer sus encargos al estilo de los gobiernos de este mundo, oremos.

Por la sociedad civil, para que toda acción política esté de algún modo impregnada de evangelio, oremos.

Por todos los pueblos y grupos que padecen alguna opresión y tiranía, para que sepan levantarse con dignidad y con motivaciones evangélicas contra todo los que los oprime, oremos.

Por cada uno de nosotros para que cada día proyectemos con mayor claridad la imagen de un Jesús liberado y liberador de todo poder de dominio, oremos.

Para que en cada celebración seamos capaces de actualizar el mando del amor y del servicio, oremos.

 

Oración comunitaria

Dios nuestro y de todos los pueblos, Tú que, de un modo u otro, esperas a la Humanidad revestido de todos los nombres, tras todas las religiones, en todas las experiencias religiosas… Haznos comprender que Jesús nunca quiso encomendarnos una evangelización que sometiera a los pueblos ni que arrancara culturas ni religiones, sino un diálogo que promoviera el Amor y la Justicia, la Verdad generosa y la Vida para todos y todas. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo, hermano mayor, Transparencia tuya. Amén.

 

Dios Padre-Madre que en Jesús te has hecho uno de nosotros y has querido ponerte al servicio de la humanidad oprimida, haz que comprendamos que esa es nuestra verdadera vocación y que no tardemos más en ponernos también nosotros al servicio de quienes ocupan el centro de tu corazón: los empobrecidos de este mundo. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: