Caves para entender por qué se silencia tanto a las mujeres en la biblia


. A pesar de que Biblia haya sido escrita a lo largo de más de mil años por numerosos autores, se silencia de tal modo a las mujeres que debemos preguntarnos: ¿qué talla humana y religiosa tendrían aquellas que consiguieron traspasar esta barrera del silencio? Sara, Rebeca o Raquel, la madre de los Macabeos, Miriam, Débora, etc.
En el marco social de una civilización agrícola y trashumante, la mujer fue socialmente más valorada; por ello se recogen en el A.T. las mujeres que causaron impacto. Pero con el asentamiento en Palestina, la vida sedentaria fue pasando a manos de los varones. Así lo refleja la recopilación de leyes antiguas en las que, aunque haya cierto progreso, la mujer sigue apareciendo como un ser discriminado y objetivado
2. A las mujeres les obligaban todas las prohibiciones de la ley y se les aplicaba toda la legislación penal. Sin embargo no estaban obligadas a realizar actos que suponían ocio, prestigio o crecimiento intelectual (como estudiar la ley o ir a la peregrinación de Jerusalén). Se las consideraba incapaces de aprender la ley, por eso no podían cumplirla.
3. Muchos verbos relacionados con el varón son de actividades humanas: guerra, paz, culto, fuerza… Los relacionados con mujer son: concepción, parto, relaciones con su esposo…
4. El término “hombre de Dios” aparece 75 veces en el A.T., “mujer de Dios” no existe. Ni en el A.T. ni en la Mishná (recopilaciones de tradiciones orales) conocen la forma femenina de piadoso, justo o santo.
5. El nacimiento de un varón se recibía como una gran noticia, como símbolo de la bendición de Yahvé; el de una niña se aceptaba con resignación. La niña dupli-caba el período de impureza y el de purificación (Ver Lev 12,1-5, sobre las leyes de purificación post-parto.)
6. Había que pagar una ofrenda a Yahvé como rescate, fijado según el status familiar. Para rescatar a una niña era suficiente la mitad que para un niño.
7. El lugar de la mujer era la casa. Mientras permanecía soltera vivía bajo la tutela del padre, quien podía venderla como esclava en caso de necesidad (Ex 21,7). El padre también decidía el matrimonio de su hija. Había rasgos de compra-venta en la operación: cumplir las condiciones impuestas por el futuro suegro (1Sam 18,25) o mediante servicios prestados al padre de la novia, o mediante el pago de una dote que varia según rango social de la novia (Gn 34,12)
8. Marido significa “dueño y señor”, porque la joven pasaba a formar parte de los bienes del marido; la esposa es definida como “posesión del marido”.
En el Decálogo del Éxodo (20,1-17) la mujer aparece como un bien que pertenece a la casa o hacienda del marido. Se le respeta por la dignidad de quien la posee: No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciaras la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo. La mujeres, pues, objeto de codicia, en un lote en el que también está el buey y el asno.
El decálogo del Deuteronomio (Dt 5,1-21) muestra que la mujer ya no es objeto de codicia, sino de deseo, pero sigue figurando entre las posesiones del marido, y no a la inversa.
9. El libelo de repudio era la carta de libertad oficial que se firmaba ante el escriba: “Cuando un hombre toma a una mujer y se casa con ella, si resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre algo en ella que le desagrada, le redactara un libelo de repudio, se le pondrá en la mano y la despedirá de su casa” (Dt 24,1). El varón podía utilizar este derecho, la mujer no. Las diferentes escuelas de rabinos judíos hicieron que se interpretara este texto hasta llegara a justificar el repudio por causas tan absurdas como: la comida mal presentada, salir de casa sin cubrirse la cabeza, hablar con un desconocido en la calle o la pérdida de la belleza.
Teniendo en cuenta que el poseer el libelo de repudio no facilitaba la vida de las mujeres, porque estaba mal visto casarse con una mujer repudiada, muchas de ellas encontraban en la prostitución la única salida para su futuro.
10. La esposa estaba condicionada por el número de concubinas que el marido quisiera tener. Poco a poco se fue tendiendo a la monogamia, pero más movidos por razones económicas que por respeto a la esposa.
11. En las leyes del postexilio, la hija podía ser heredera, pero solo si no había hijos varones (Num 27,8) y no podía transmitir esta herencia a sus hijos, si no era

casándose en su propia tribu (Num 36,8)
12. El antifeminismo de algunos libros sapienciales llega a grados tan exagerados que hay párrafos que parece que están escritos por alguien que ha perdido el buen juicio:
No mires a nadie por su belleza y no te sientes en medio de las mujeres; porque de los vestidos sale la polilla y de la mujer la malicia femenina. Vale más la maldad de un hombre que la bondad de una mujer; una mujer acarrea vergüenza y reproches (Ecclo 42,12-14)
13. Las mujeres debían hacer todo el trabajo de la casa, y además hilar y tejer para ganarse el sustento. Tenían que preparar la copa del marido, y el lavarle la cara, manos y pies como señal de sumisión.
(Marifé Ramos. Teóloga seglar. VII Semana Andaluza de Teología)

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