El lago. Cafarnaún. La casa de reunión


El lago de Galilea, por su gran extensión, es llamado “mar” de Galilea. En el evangelio también se le menciona como lago de Tiberíades o de Genesaret, haciendo referencia a dos ciudades que se encontra-ban a sus orillas. En el A.T. se le llama mar o lago de “Kinneret” (de “kinnor” que, en hebreo, significa arpa). La leyenda dice que el lago tiene esta forma y que la suave voz de sus olas recuerda el sonido de las cuerdas del arpa.
De norte a sur el lago mide hasta 21 kilómetros. Su mayor anchura es de 13 kilómetros. Está situado, como el Mar Muerto, bajo el nivel del mar (212 metros) y llega a tener una profundidad de 48 metros. Sus aguas son dulces y ricas en varias especies de peces. Se conocen hasta 22 especies distintas. En tiempos de Jesús, y aún hoy, la pesca es principal actividad en las ciudades de las orillas.
Junto al lago se habían ido levantando varias ciudades. En tiempos de Jesús una de las mas importantes era Cafarnaúm (ciudad del consuelo o ciudad de Nahúm) nunca mencionada en el A.T. La ciudad tenía un puesto de aduanas, pues era fronteriza entre la Galilea que gobernaba Herodes y la zona de Iturea y Traconítide, que le correspondía a Filipo. Estaba, además junto a la gran calzada romana que unía Galilea con Siria (la llamada “vía maris”) Por su importancia estratégica había también en la ciudad una guarnición romana con un centurión a su mando. En Cafarnaúm se desarrollaba gran cantidad de episodios de la predicación de Jesús en Galilea. Allí vivió al dejar Nazaret y Mateo la llega a llamar “la ciudad de Jesús” (Mt. 9,1)
En los tiempos evangélicos Cafarnaúm era una ciudad de unos tres kilómetros de extensión y unos pocos miles de habitantes. Además de la pesca, la población se dedicaba a la agricultura: aceituna, trigo y otros granos. Las casas estaban construidas en piedra negra de basalto con techos de lodo y paja, que hicieron más soportable el calor, muy fuerte en verano, por la gran depresión que forma el mar de Galilea. Unos cuatro siglos después de Jesús, Cafarnaúm quedó destruida y no ha sido hasta finales del siglo pasado cuando aparecieron sus ruinas. Estas ruinas -cimiento de algunas casas, trazado de barrios y calles de la antigua ciudad- son uno de los mayores tesoros arqueológicos de los tiempos evangélicos. En Cafarnaúm actual se conserva una gran sinagoga edificada sobre la primitiva y muchos objetos de la época (lámparas de aceite, prensas, piedras de molino, etc.)
De todos los recuerdos, el más importante es, sin duda, el basamento o cimiento de la casa de Pedro. Las inscripciones encontradas demuestran que los primeros cristianos se reunían allí ya desde el s.I a celebrar la Eucaristía. Está muy cerca del embarcadero y forma parte con otras pequeñas casitas de una especie de patio común o solar de vecinos, que compartían agrupadas varias familias, casi puerta con puerta. El trazado de estas casitas habla bien a las claras de la extrema pobreza en que vivían los amigos de Jesús. Es probable que Zebedeo, con su mujer, Salomé, y sus dos hijos, Santiago y Juan, y la familia de Pedro y Andrés, vivieran juntos en una de estas agrupaciones de casas, en el barrio de los pescadores de Cafarnaúm.
La buena noticia de Jesús comenzó a fermentar en el barrio de pescadores de Cafarnaúm, un lugar absolutamente popular, pobre y trabajador
(Cfr. López Vigil. Un tal Jesús I pg. 91-92)

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