Comentarios segunda semana de cuaresma


EL VERDADERO MESIAS

Tras dar de comer pan y pescado a la gente, Jesús se retiró a orar. Lo solía hacer siempre que el ruido y el clamor de la muchedumbre le suponía un obstáculo para seguir el camino de servicio sin triunfalismos que se había trazado.

A la gente no le cabía en la cabeza la imagen de un Mesías -nombre con que se designaba en el Antiguo Testamento al rey, ungido de Yahvé- que no entendiera de triunfo, fuerza, poder, gloria, fama, desquite… Por otra parte, Jesús temía que también su grupo de discípulos participara de la mentali dad del pueblo en este punto.

Por eso, «una vez que estaba orando solo en presencia de sus discípulos, les preguntó: -~ Quién dice la gente que soy yo? Contestaron ellos: -Juan Bautista; otros, en cambio, Elías, y otros, un profeta de los antiguos que ha vuelto a la vida. El les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo: -El Mesías de Dios. El les prohibió terminantemente decírselo a nadie» (Lc 9,28ss).

La respuesta de Pedro parecía exacta. Pero a Jesús le dio la impresión de que sus discípulos entendian por ‘mesías’ lo de siempre: un rey, al estilo de David, capaz de unir al pueblo dividido, liberándolo -mediante una buena operación militar- de la opresión de los enemigos (en tiempos de David, los filisteos; en aquel tiempo, los romanos).

Por eso Jesús se apresuró a puntualizar: «-Este hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los se nadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resuci tar al tercer día. Y dirigiéndose a todos, dijo: -El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga…»

El grupo de los doce debió de entrar en crisis al oír estas palabras, que les resultarían difíciles de entender. Y del grupo, Pedro, Santiago y Juan, famosos por su tozudez e intransigen cia, estarían especialmente necesitados de aclaración. Por esto, «Jesús se los llevó a un monte a orar». Sólo con la ayuda divi na entenderían a su Maestro.

La tradición identificó este monte con el Tabor, monte sagrado para las tribus israelitas del norte y célebre por la victoria de Barac contra Sísara; impresionante cono de 588 metros de altura que se yergue majestuoso sobre la hermosa llanura de Jezrael, al sudeste de Nazaret. Una tradición anti gua, que parte de Origenes (s. III), sitúa en este monte la esce na de la Transfiguración del Señor. Según otros, ésta habría tenido lugar más al norte del país, en el monte Hermón.

En el transcurso de la oración, «el aspecto del rostro de Jesús cambió, y sus vestiduras refulgían de blanco. De pronto hubo dos hombres conversando con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron resplandecientes y hablaban de su éxodo, que iba a completar en Jerusalén». Con estas imágenes se da a entender que Jesús contaba con el apoyo divino.

«Pedro y sus compañeros -apunta el evangelio- se caían de sueño.» Es curioso observar que los discípulos se duer men cuando algo no les interesa. También se dormirán en Getsemaní. La idea de un salvador-rey-ungido que salva mu riendo, dando la vida, dejándose matar, no les interesaba de masiado.

Precisamente éste era el tema de que estaban conversando Jesús, Moisés y Elías. «Hablaban de su éxodo», palabra esta que ya desde el libro de la Sabiduría (4,10) designa la muerte del justo como salida (= éxodo) hacia Dios.

Al ver lo sucedido, los discípulos se despabilaron, y «mientras Elías y Moisés se alejaban, Pedro dijo: -Maestro, viene muy bien que estemos aquí nosotros; podríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Jesús no le hizo caso. Según los incomprensibles planes de Dios, ese Jesús -que bajaría del monte para subir al Calva rio es su Hijo a quien hay que escuchar.

Los demás mesías esperados y soñados son falsos.

II

HASTA EL FINAL

Aunque a veces sea necesario un alto en el camino para recobrar fuerzas, hay que completar el camino, hay que llevar a su término la tarea que corresponde a cada uno en este proceso de liberación personal y colectivo al que Jesús nos invita. Y más jugando con la ventaja de saber con certeza cuál será ese final.

COMPLETAR SU EXODO

Ocho días después se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió al monte a orar. Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos refulgían de blancos En esto se presentaron dos hombres que conversaban con él:

eran Moisés y Elías, que se habían aparecido resplandecientes y hablaban de su éxodo, que iba a completar en Jerusalén.

Jesús acababa de anunciar a sus discípulos dos cosas muy difíciles de aceptar: el primer anuncio decía que él, al que ellos acababan de reconocer como el Mesías de Dios (Lc 9,20), tenía que completar un camino que acababa en la vida defi nitiva, pero que antes tenía que pasar por el rechazo de los dirigentes que lo llevarían a la muerte (9,22); el segundo era que el camino de sus seguidores tenía que pasar por las mismas etapas para acabar en la misma meta (9,23-24). En su anuncio queda claro que el final será la vida, el triunfo, la gloria; pero por lo que después se ve en los relatos evangélicos, los discí pulos se dejaron impresionar mucho más por lo que, a los ojos humanos, constituía una derrota, un fracaso: la muerte.

Siempre que Jesús ve en peligro la fe de los suyos se va a orar, a compartir el problema con el Padre. El anuncio de que iba a ser un mesías bastante distinto de lo que las tradi ciones judías hacían esperar, sin buscar ni, por tanto, alcanzar ninguno de los triunfos que todos esperaban -no llegaría a ser rey, no engrandecería a la nación israelita, ni siquiera vería con sus propios ojos cómo se establecía la justicia en su pue blo. . .-, debió hacer temblar los cimientos, poco firmes toda vía, de la fe de los discípulos. A Pedro, Juan y Santiago, que debieron mostrar más resistencia que los demás a sus palabras, se los lleva Jesús consigo con la intención de asociarlos a su oración y de ofrecerles por anticipado la experiencia de la vida en plenitud junto al Padre: el verdadero triunfo del verdadero Mesías.

HAGAMOS TRES TIENDAS

Pedro y sus compañeros estaban amodorrados por el sueño, pero se despabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

-Jefe, viene muy bien que estemos aquí nosotros; podríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

La experiencia que Jesús les ofrece la aprovechan bastante mal: están amodorrados por el sueño; no son dueños de sí mismos, pues, por el momento, no están dispuestos a aceptar otro camino que el que les viene impuesto por sus tradiciones. Jesús les hace ver que él pertenece a la esfera de la divinidad -el monte, el resplandor blanco- y que junto a Dios está su meta. Moisés y Elías -que representan a la Ley y los Profetas, el conjunto de las tradiciones de Israel- se presen tan claramente subordinados a Jesús, y ratifican en su conver sación la necesidad de que Jesús complete su éxodo en Jeru salén. Pero ellos se mantienen en sus trece y, por boca de Pedro, le piden a Jesús que tenga la historia, que se olvide de su compromiso, que plante allí su campamento sin poner en cuestión todo lo que ellos habían creído hasta ahora. Tres chozas: para Moisés, Elías y, al mismo nivel, para Jesús. Todo quedaba así resuelto: habían llegado a la meta sin tener que esforzarse en completar el camino; podrían quedarse del lado de Jesús sin tener que renunciar a sus viejas creencias. Allí, en el valle, quedaban olvidados los hombres y su historia, sus sufrimientos y sus luchas: ellos ya habían llegado, ¿para qué seguir luchando? Allí tenían todo lo que querían, el pasado -Moisés y Elías-, el presente -Jesús- y su futuro asegu rado por aquellas tres chozas que pretendían hacer definitiva una experiencia que era sólo un medio para recuperar fuerzas con las que atreverse a completar el camino.

ESCUCHADLO A EL

Mientras hablaba, se formó una nube y los fue cubriendo con su sombra.

… Y hubo una voz de la nube que decía:

-Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadlo a él.

Desde una nube, señal de la presencia de Dios en el primer éxodo (Ex 13,21; 14,19), se escucha una voz: «Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadlo a él». Lo que Jesús les había anunciado se ve así ratificado por el mismo Dios. Pero, ade más, esas palabras tienen otras consecuencias más.

En primer lugar, la pretensión de poner al mismo nivel a Moisés y Elías queda desautorizada por el mismo Dios libera dor, que eligió a Moisés y a Elías como portavoces suyos en otro tiempo: ahora el único que puede hablar con autoridad en nombre de Dios es Jesús, y su mensaje será el criterio último para aceptar o rechazar cualquier otro mensaje, para discernir la validez de cualquier otra tradición anterior o pos terior.

En segundo lugar, no se puede detener la historia en favor de unos pocos: el camino del que Jesús les había hablado hay que completarlo, el proceso de liberación que él ha iniciado hay que llevarlo a término. Aunque cueste sangre. Y -esto hay que repetirlo siempre que se hable de la muerte de Jesús- no porque Dios exija sufrimiento para otorgar a cambio su favor; Dios ofrece la vida gratuitamente. Es la injusticia esta blecida la que provoca la muerte. La de los pobres y oprimidos y la de Jesús.

III

El texto de Gn 15 pertenece a una unidad que tiene dos partes muy marcadas: la primera vv.1-6 sobre la promesa de un hijo y descendencia, la segunda vv.7-21 sobre la promesa de la tierra. El texto que hoy presenta la liturgia presenta una cierta confusión ya que encontramos la conclusión de la primera parte, y parte de la segunda. Muchos estudiosos se han preguntado por la antigüedad del texto, hoy parece haber acuerdo que si bien mucho material es antiguo, tenemos también elementos tardíos (como por ejemplo semejanzas con el Segundo Isaías). Incluso los primeros defensores de la teoría de fuentes del Pentateuco afirmaban que descubrir las fuentes de este texto resultaba muy difícil sino imposible.

La primera parte (vv.1-6) nos muestra la promesa de Dios (v.1), la objeción de Abraham, (vv.2-3), la respuesta de Dios en forma de signo (vv.4-5: v.4, negación a la objeción, v.5, signo en el cielo) y aceptación de Abraham (v.6). Como vemos, la liturgia sólo incorpora el signo y la aceptación final.

La segunda parte (vv.7-21) presenta una nueva promesa (v.7), objeción (v.8), signo presentado como voto (vv.9-17: v.9: presentación, vv.10-11, vv.12-16, paréntesis histórico, v.17, realización), confirmación de la alianza (vv.18-21: v.18, presentación, v.19-21, explicitación histórica). Como vemos, la liturgia ha omitido los textos con referencia histórica quedando sólo como promesa genérica. Ciertamente los textos históricos omitidos ayudan para mostrar cómo vio Israel su posesión de la tierra e incluso para verlo como un texto construido en circunstancias probablemente donde parecía que la tierra podía estar a punto de perderse, o también ya perdida y pretendiendo alentar la esperanza. El paralelo entre 15,7 y Lev 25,38 cambiando Egipto por “Ur de los Caldeos” ciertamente hace muy posible esta última interpretación: no hay que olvidar que los Caldeos son los habitantes de Babilonia en tiempos del Exilio; los encontramos por primera vez en el s.9 a.C. en el sur de Babilonia, vecinos de los arameos. Son víctimas del apogeo asirio y se enfrentan con él logrando finalmente el trono babilónico en tiempos de la caída de Jerusalén (587 a.C.); su influencia parece haber sobrevivido a la caída de Babilonia aún durante el período persa y luego griego. Pero, como es evidente, ciertamente estamos muy lejos de las época de Abraham. Es evidente que se refiere a los tiempos del redactor y no a los tiempos de lo narrado. Parece, entonces, que la vieja fórmula del Dios que libera de Egipto es utilizada para referir al Dios que libera de los Caldeos, y el pueblo -descendiente de Abraham- está invitado a creer en que la promesa antigua sigue viva y vigente; los paralelos con el discípulo de Isaías confirman esta lectura.

La lista de animales que se ofrecen en sacrificio parece una presentación de todos los pasibles de ser ofrecidos en sacrificio. Sin embargo, tenemos que tener presente un texto paralelo que se encuentra en Jer 34,18-19 (cf. v.13) donde Israel pasa en medio de un becerro partido en dos, pero no ha sido fiel a la alianza que contrajo en ese gesto y será rechazado por Dios. en este caso, el que pasa en medio de los animales cortados (y las aves no cortadas) es el mismo Yavé; perro como Dios no puede ser visto, esto ocurre entre tinieblas, y lo que puede observarse son los signos: el fuego, el humo. Aquí es Dios el que ofrece la “firma” como una suerte de garantía de fidelidad de que Abraham poseerá la tierra. No es del todo correcta la traducción de berit como alianza en este caso (v.18) si bien es la habitual, el sentido parece más popular, semejante a un contrato, a una solemne confirmación (por eso “firma” puede ser comprensible). Dios se compromete con lo que él ha prometido y ahora rubrica.

La carta de Pablo a los Filipenses tiene una serie de puntos que merecerían ser discutidos. Señalemos, sin embargo, que 3,1-4,1 parece ser una unidad (o quizá hasta 4,3 por la repetición de la invitación a estar alegres). En la mayor parte del cap. 3 Pablo alerta a la comunidad contra los “perros”, “obreros malos”, “falsos circuncisos”, todo lo que parece una ironía contra los grupos judaizantes, es decir quienes pretendían que los cristianos para ser verdaderamente salvados previamente debían aceptar la circuncisión. El tema es complicado: ¿quiénes eran? la cosa se discute, pero parecen ser grupos que pretenden que los cristianos venidos del mundo no judío se hagan a sí mismos primero judíos (circuncisión mediante) para poder gozar luego de los beneficios de la salvación. Puede ser para evitar conflictos: el judaísmo es una religión lícita, las novedades no son bien vistas por algunos griegos; puede ser por cerrazón ante la novedad de parte de los “judaizantes”; puede ser por una suerte de idolatría de la Ley, la circuncisión y la misma ley puestas casi al mismo nivel que Dios… la cuestión es que misioneros itinerantes han llegado a Filipos e insistido en que es necesario hacerse judíos por la circuncisión, y dejar de ser perros (= paganos). Pablo les dice que ellos son los incircuncisos, los perros, etc… A continuación presenta una especie de “curriculum” frente a los que lo cuestionaban: él tiene tantas o más razones para gloriarse de ser judío, pero no pone allí su seguridad, “todo eso lo tiene como estiércol” y sigue en camino para alcanzar a Cristo. Estemos donde estemos, avancemos (3,16).

Con un término clásico para presentar una nueva unidad comienza esta: “hermanos”. Invita a la comunidad a imitarlo, lo que es algo frecuente: como judío que es, Pablo sabe que los rabinos no sólo pretenden enseñar “contenido” sino un modo de vivir; el discípulo debe aprender a “caminar”. Pero no es la persona la que debe ser imitada, es el camino. El camino que acaba de presentar, de rechazo, de perder todo. Es característico en Pablo presentarse él mismo pero después de dejarnos muy claro que -como apóstol- su vida misma es una vida crucificada. Él “encarna” la cruz en su vida, y por eso está crucificado, lo que es motivo de gloria es su debilidad, “su cruz” (ver 2 Cor 10-12). Si en Fil 3 Pablo realiza una nueva “apología”, lo hace presentándose como él mismo crucificado”. Por eso puede decir que lo imiten, “como yo imito a Cristo” agrega en 1 Cor 11,1. No es su vida, sino su muerte, podríamos decir. Lo que cuenta es la cruz, que aparece como debilidad y es “fuerza de Dios” (1 Cor 1,24). Por eso, los que ponen su confianza en sus fuerzas, en sus obras, en su propia vida son “enemigos de la cruz de Cristo”. ¿Dónde ponen la confianza? en el cumplimiento de las leyes, por ejemplo las alimenticias, o en la circuncisión, y con eso creen alcanzar a Dios. Irónicamente Pablo les dice que confunden medios con fines, los alimentos están en función del estómago, la circuncisión en el órgano sexual (“vergüenza”), no se puede poner allí el acento. El que camina según el ejemplo de Pablo es el que es “ciudadano” del cielo, allí apunta su mirada, no en cosas “de la tierra”. La “ciudadanía” (el término sólo aparece aquí en todo el NT) parece contradecir otras ciudadanías (recordar que Hch presenta a Pablo como ciudadano romano), es un ser ya de una ciudad a la que todavía no pertenecemos plenamente, somos peregrinos. La referencia a nuestro “cuerpo” no hay que entenderla con esquemas griegos (cuerpo y alma) sino pensando en nuestra configuración con Cristo que nos hace partícipes de la resurrección. La referencia a la cruz sirve para promover actitudes sociales contrapuestas a las de los judaizantes y su confianza en sus capacidades, por el contrario, la cruz aparece como modelo de una sociedad alternativa que ayuda a la unidad interna de la comunidad. La vida cristiana tiende a la liberación, y está en tensión entre una liberación y otra, entre la liberación que alcanzamos por la cruz y la liberación que nos vendrá por la ciudadanía del cielo que nos alcanzará una corona de gloria.

El Evangelio de la Transfiguración según la versión de Lucas propone una serie de elementos que es interesante tener en cuenta. La diferencia con los textos de Mateo y Marcos hizo que muchos se pregunten si Lucas tuvo en su poder una fuente propia, aunque otros piensan que posiblemente las diferencias de deban propiamente a la redacción del evangelista.

Los elementos comunes son conocidos: Jesús ha anunciado que le espera el rechazo y la muerte. En los otros Sinópticos Pedro se ha escandalizado y Jesús lo compara con “Satanás” aunque esto es omitido por Lc. Jesús anuncia que quien quiera ser discípulo debe cargar la cruz (“cada día” añade Lc). Esto es muy duro, pero termina aclarando que “algunos de los que están… no probarán la muerte hasta que vean” (Mt aclara “al Hijo del hombre viniendo”) el Reino. Precisamente Jesús se aparta a algunos y les hará “ver”. Así sucede la Transfiguración.

Hay elementos que son propios de Lc y son interesantes: a diferencia de Mc/Mt los días son “ocho”, Jesús sube “al” monte (como si supiéramos cuál es) y sube “para orar” lo que es muy frecuente en Lc; lo que ocurre sucede “mientras oraba”, como una consecuencia de esta oración. Lc agrega como algo importante el contenido de la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Agrega el temor en medio de la nube, Jesús es además de “Hijo” presentado como “elegido”. Finalmente Lc omite toda relación entre Elías y el Bautista en el descenso del monte. Es interesante que este monte no sea el monte Sión, lugar donde Dios se encuentra con su pueblo: la cita “este es mi hijo” remite al Sal 2 que en v.6 dice que “ha instalado a su rey en Sión, su monte santo”.

La invitación a la cruz es un escándalo, y Jesús invita a la superación de este escollo. La transfiguración aparece así como un relámpago en medio de la oscuridad. En medio de la noche de la cruz la transfiguración presenta un esbozo de lo que espera a los seguidores de Jesús: la cosa no termina en la cruz. Jesús es presentado como “hijo”, algo que ya sabemos desde el Bautismo (3,22), o mejor desde la infancia (1,32); a su vez es interesante notar la diferencia: en el Bautismo la frase del cielo se dirige a Jesús: “tú eres…”, mientras que ahora se dirige a la comunidad representada en los discípulos: “este es…”. Pero al añadir “elegido” Lc nos recuerda al Siervo de Yavé (ver Is 42,1), el siervo anunciado que sufre. Es sabido la importancia que la relectura de los cantos del Siervo tuvieron en la comunidad cristiana para referirse a Jesús. Finalmente hay que destacar a Jesús como el “profeta como Moisés” (ver Dt 18,15), es a él a quien “escucharán”, como además recuerda Pedro en Hch 3,22. Lo que ocurre no es una “metamorfosis” sino que su rostro cambia, como había ocurrido con Moisés (Ex 34,29s). Lo que no es claro es por qué se alude a Moisés y a Elías; pensar que Elías aparece como “profeta” mientras Moisés representa a la ley es olvidar que Jesús es visto como “profeta semejante a Moisés”. Lc recibe el texto con ambos personajes, pero él omite el diálogo posterior donde el Bautista es comparado con Elías, probablemente porque prefiere comparar a Jesús con Elías. Es interesante citar aquí un texto rabínico: “Johanán ben Zachaí ha dicho: Dios dijo a Moisés: cuando yo envíe al profeta Elías, ambos habrán de venir juntos”. Lc, en cambio, presenta el diálogo de los dos personajes con Jesús sobre su “éxodo”, es decir sobre su paso (ver 9,51; Hch 13,24), un paso marcado por el plan de Dios. La referencia a Jerusalén es muy importante en el Tercer Evangelio ya que ocupa un lugar central en la teología histórico-geográfica del Evangelio: todo el Evangelio apunta a la ciudad, y desde allí todo parte en Hechos.

Ante la presencia de Moisés y Elías interviene Pedro, pero “no sabe lo que decía”, probablemente Lc lee la clásica incomprensión propia de Mc pensando que es toda la Iglesia la que debe ser reunida por el Señor, o porque no se le puede dar a Dios una morada… La nube es un signo de la presencia divina y de su gloria (“vieron la gloria”, v.32), y por eso cuando los discípulos entran en la nube (sólo Lc señala expresamente que también ellos quedan cubiertos por la nube) “se llenaron de temor”; ellos no son simples espectadores, la nube es reunión de los discípulos en torno a la palabra de Dios, y unidos a su vez con los personajes del cielo en una suerte de “comunión de los santos”. Sin embargo, como en Getsemaní, el sueño los vence (22,45-46), no son testigos del diálogo, y sólo después de la resurrección comprenderán.

“Escúchenlo” es la clave del relato: para estar en cercanía a Jesús no es necesario armar tiendas, sino escucharlo, vivir de su palabra. La peregrinación no ha terminado, estamos en camino aunque la transfiguración ilumine brevemente el escándalo de la cruz anunciada; la Iglesia en marcha a su éxodo en el cielo mira el monte, como Israel miraba el Sinaí en su éxodo.

De golpe, súbitamente todo termina y encontramos a “Jesús solo”. Sin prohibición de por medio, los discípulos guardan el secreto, seguramente porque no han comprendido y se mantienen en el misterio.

Comentario

¡Jesús es tan extraño…! Después de tirar abajo todas las expectativas propias de su tiempo, y remarcar que como Mesías lo van a matar, y así salvará a todos, -después de eso-, dice que sus seguidores deben caminar su mismo camino, deben pasar las mismas cruces, y hasta el mismo martirio, y esto ¡cada día!… ¿Quién lo entiende? Pero cuando todo parece, casi, una invitación al masoquismo, se nos manifiesta transfigurado… “¡esto es lo que les espera!”, nos señala, como en un relámpago en medio de la noche. Cruz y resurrección, van tan de la mano, que se hace imposible separarlas. La resurrección da un sentido nuevo y fructífero a una vida que quiere gastarse y entregarse, como el fruto da sentido al entierro del grano. Pero también, la muerte da un sentido nuevo a la resurrección, ¡¡¡el amor nunca se hace tan generoso como cuando da la vida!!!, y Jesús no será un Mesías “allá en las nubes”, sino uno que camina nuestros pasos, uno que pasó por la cruz y que se dirige a Jerusalén, tierra de Pascua, y tierra que es punto de partida de la misión.

La transfiguración es un anticipo; es un “eclipse al revés”: una luz en medio de la noche. Da un sentido completamente nuevo a la vida, ¡y a la muerte! Hace comprensible la maravillosa reflexión de Hélder Câmara: “El que no tiene una razón para vivir, no tiene una razón para morir”.

¡Pobres de nosotros si queremos aburguesarnos, instalarnos o acomodarnos! El «qué bien estamos aquí» es, evidentemente, “no saber qué se está diciendo”. “Cambia, todo cambia” dice una canción… la Cuaresma es “tiempo de cambio” dice la Iglesia… En cambio, Pedro quiere quedarse: “quedémonos aquí” … Muchos, no quieren saber nada con los cambios: “más vale malo conocido, que bueno por conocer”, sentencian ¡Qué diferencia!

La Transfiguración es decirnos “esto es lo que les espera”, es decirnos que “dar la vida vale la pena”. Todo proceso de conversión y cambio tiene sentido porque tenemos una roca firme, tenemos uno que no cambia, y garantiza nuestra vida fecunda, un “resucitado que es el crucificado” (J. Sobrino). Por eso la importancia que tiene “escuchar” a Jesús. Es la voz del profeta de los tiempos finales, del profeta como Moisés, que nos enseña el camino de la vida, el camino del éxodo que es camino de Pascua.

Lo que celebramos en la Cuaresma, no es un hecho “piadoso” en el sentido común del término; es un hecho vital, de vida; un jugarse y comprometerse, un dar la vida. Es un volverse a Cristo presente en los hermanos. Como todas las alianzas de la Biblia, la alianza con Abraham se sella con sangre; Jesús, selló -en su sangre- una alianza “nueva y eterna”… Ya no es sangre de animales la que da vida y es signo de la alianza, ahora es la sangre de Cristo, su amor, su vida unida a la sangre de tantos mártires que, con su muerte transfigurada, dan vida a tantos muertos por la violencia y la injusticia. No es que Dios quiera sangre, ciertamente, sino que el amor nunca es más verdadero como cuando llega hasta el final, y en el caso de Jesús, hasta dar la vida, que es el signo de amor por excelencia. Estamos ante una alianza que es amor ofrecido en generosidad, y que cada creyente confirma y reafirma “cada día” en su derramamiento de sangre, sea en el amor cotidiano, como en el martirio doloroso de tantos hermanos nuestros latinoamericanos. Y, si la muerte es el mayor de los absurdos, desde Cristo, desde su muerte y su resurrección (hoy vislumbrada en la Transfiguración), jugarse la vida, gastarla en la lucha por la justicia y la solidaridad, por la verdad y la vida, es el acontecimiento fructífero por excelencia, ya que Cristo asocia a sí mismo a una multitud de hermanos… No es que Dios quiera -hay que repetirlo- que nadie muera, Él es Dios de vida, no de muerte- pero nada hay más dador de vida que el amor, por eso es Dios de amor. Dios nos quiere siempre, cada día, dando vida, aunque frente a la injusticia, la violencia y el pecado, esa búsqueda de dar vida pueda implicar tener que dar la vida. Pero como siempre, es la vida y el amor lo que cuenta, es la vida por el reino, es un dar la vida para que otros vivan. Una muerte que da vida, da sentido a tantas vidas muertas…

Para la revisión de vida
En mi vida, como en la de todo ser humano, ha tenido que haber tiempos o momentos privilegiados, llenos de sentido, embriagados de amor, de felicidad plena. Me hará bien revivir esos momentos o tiempos: cuáles fueron, cómo se dieron, cómo los viví, qué sentía, por qué se acabaron… Hacer un tiempo de oración recalando en mi conciencia esas vivencias de “transfiguración”. Más: ¿debería volver al “entusiasmo”, al “fervor del amor primero”?
“Este es mi hijo predilecto, escúchenle”: ¿puedo decir que el proyecto fundamental de mi vida es una acogida de la propuesta de Jesús, en la que vemos la palabra de Dios que nos habla?

Para la reunión de grupo
– El ser humano no sólo es un “animal racional”, al decir de Aristóteles, sino un “animal de sentido”. Necesita un sentido para vivir. Y lo necesita tanto o más que los bienes materiales necesarios para su vida. Sin sentido, su vida se hace sencillamente insufrible. ¿Qué relación tiene la cultura y la religión con esta necesidad antropológica fundamental?
– Estamos en un tiempo sin utopías, donde todo se compra y se vende y se calcula fríamente… ¿Qué mensaje nos trae el símbolo de la transfiguración a este tiempo de mirada tan corta?
– La inquietud de Abraham de asegurarse de que tomará posesión de la tierra que Dios le promete para el pueblo que le ha de suceder puede ponerse en relación con la problemática de la tierra que actualmente se vive en el tercer mundo. Por poner un ejemplo: en Brasil hay 3 millones de propiedades inmuebles rurales. De ellas el 62% son minifundios y ocupan el 8% del área total. En el lado opuesto, el 2’8% de esas propiedades son latifundios que ocupan el 57% del área total. Brasil es el segundo país del mundo con la mayor concentración de propiedad de la tierra de todo el mundo. El INCRA brasileño considera que, como media nacional, el 62’4% del área total de los inmuebles rurales es improductiva. Tal vez por eso en Brasil ha surgido en los últimos años el MST (el Movimiento de los Sin Tierra, http://www.mst.org.br), la fuerza organizativa popular de más peso en el país y en el Continente, en la que muchos de los participantes son cristianos convencidos de la necesidad de reivindicar (tanto por razones éticas como religiosas) el derecho a la tierra que Dios creó para todos.

Para la oración de los fieles
– Para que purificando nuestro corazón y educando nuestros ojos seamos capaces de transfigurar nuestra mirada sobre la realidad de cada día y ver el sentido divino que la habita…
– Para que el Señor sostenga nuestra fe, nos haga dignos de este don y no nos deje caer en la desorientación o el sinsentido de la vida…
– Por todos los hombres y mujeres que buscan y no encuentran el sentido para sus vidas; para que Dios se les haga encontradizo y ellos alcancen la felicidad a la que están destinados…
– Para que seamos testigos de esperanza ante nuestros hermanos, pero siempre con la humildad de quien ofrece un don gratuito y no un mérito propio…
– Para que seamos personas contemplativas, que acostumbran a saborear esa presencia de Dios que se oculta en la realidad pero se descubre en la oración…

Oración comunitaria
– Dios Padre nuestro: como el evangelista Lucas, también nosotros creemos que de hecho, en la vida de Jesús Tú mismo nos has estado dirigiendo tu Palabra. Haz que iluminados por ella, podamos transfigurar y mirar de un modo nuevo las realidades que también hemos de transformar, unidos a todos los hombres y mujeres que, iluminados también de mil modos por tu misma Palabra Universal, caminan hacia el mismo «otro mundo posible» que Tú quieres ayudarnos a construir entre todos los pueblos de la Humanidad mundializada. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

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