Mientras oraba…


La experiencia de Dios fue central y decisiva en la vida de Jesús. El profeta itinerante del reino, curador de enfermos y defensor de pobres, el poeta de la misericordia y maestro del amor, el creador de un movimiento nuevo al servicio del reino de Dios no es un hombre disperso, atraído por diferentes inte-reses, sino una persona profundamente unificada en torno a una experiencia nuclear: Dios, el Padre de todos. Es él quien inspira su mensaje, unifica su intensa actividad y polariza sus energías.
Para Jesús, Dios no es una teoría. Es una experiencia que lo transforma y le hace vivir buscando una vida más digna, amable y dichosa para todos. Busca a Dios en su propia existencia y, lo mismo que los profetas de otros tiempos, abre su corazón a Dios para escuchar lo que quiere decir en aquel momento a su pueblo y a él mismo. Se adentra en el desierto y escucha al Bautista; busca la soledad de lugares retirados; pasa largas horas de silencio. Y el Dios que habla sin pronunciar palabras humanas se convierte en el centro de su vida y en la fuente de toda su existencia.
La vida entera de Jesús transpira confianza. Jesús vive abandonándose a Dios. Su confianza hace de él un ser libre de costumbres, tradiciones o modelos rígidos; su fidelidad al Padre le hace actuar de manera creativa, innovadora y audaz. Su fe es absoluta. Por eso le apena tanto la “fe pequeña” de sus seguidores y le alegra la confianza grande de una mujer pagana. Esta confianza genera en Jesús una docilidad incondicional ante su Padre. Solo busca cumplir su voluntad.
Jesús no olvidó nunca su experiencia del Jordán. En medio de su intensa actividad de profeta itinerante cuidó siempre su comunicación con Dios en el silencio y la soledad. No se contenta con rezar en los tiempos prescritos para todo judío piadoso, sino que busca personalmente el encuentro íntimo y silencioso con su Padre. Esta experiencia, repetida y siempre nueva, no es una obligación añadida a su trabajo diario. Es el encuentro que anhela su corazón de Hijo, la fuente de la que necesita beber para alimentar su ser.
La oración de Jesús posee rasgos inconfun-dibles. Es una oración sencilla, “en lo secreto”, sin grandes gestos ni palabras solemnes, sin quedarse en apariencia, sin utilizarla para alimentar el narcisis-mo o el autoengaño. Jesús se pone ante Dios, no ante los demás. Es, al mismo tiempo, una oración espontanea y natural; le nace sin esfuerzo ni técnicas especiales; brota de la profundidad de su ser; no es algo añadido o postizo, sino expresión humilde y sincera de lo que vive. Basta con presentarse ante Dios como hijos necesitados: “Ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis ante de que vosotros se lo pidáis”. Su oración es confianza absoluta en Dios.
Dios es una presencia buena que bendice la vida. La solicitad amorosa del Padre, casi siempre misteriosa y velada, está presente envolviendo la existencia de toda criatura. Lo que define a Dios no es su poder, como entre las divinidades paganas del Imperio; tampoco su sabiduría, como en algunas corrientes filosóficas de Grecia. La realidad ultima de Dios, lo que no podemos pensar ni imaginar de su misterio, Jesús lo capta como bondad y salvación. Dios es bueno con él y es bueno con todos sus hijos e hijas. Lo más importante para Dios son las perso-nas; mucho más que los sacrificios o el sábado. Dios solo quiere su bien. Nada ha de ser utilizado contra las personas, y menos aún la religión. Este Padre bueno es un Dios cercano. Su bondad ya está irrumpiendo en el mundo bajo forma de compasión. Jesús vive esta cercanía amorosa de Dios con asombrosa sencillez y espontaneidad. Es como un grano de trigo sembrado en la tierra, que pasa inadvertido, pero pronto se manifestará como espléndida espiga. Así es la bondad de Dios: ahora está escondida bajo la realidad compleja de la vida, pero un día acabará triunfando sobre el mal.
Jesús capta a Dios en medio de la vida y lo capta como presencia acogedora para los excluidos, como fuerza de curación para los enfermos, como perdón gratuito para los culpables, como esperanza para los aplastados por la vida.
(José Antonio Pagola. Jesús. PPC. 303-323)
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: