Faus: «La Iglesia ha pretendido echar tierra en los casos de pederastia»


Tomado de  RELIGIÓN DIGITAL

El teólogo jesuita cree que «el magisterio ordinario, ha perdido autoridad y credibilidad, porque es incapaz de reconocer errores»

El teólogo jesuita cree que «el magisterio ordinario, ha perdido autoridad y credibilidad, porque es incapaz de reconocer errores»

El jesuita valenciano José Ignacio González Faus continúa fiel a su espíritu libre e independiente. El teólogo, prolífico autor de numerosos libros sobre Cristología y Jesús, visita estos días el País Vasco para participar en el homenaje a Óscar Romero a los 30 años de su asesinato. Hoy y mañana, a las 7 de la tarde, impartirá sendas conferencias en el centro Arrupe Etxea de Bilbao sobre ‘Construir una cultura de la justicia’ y ‘Qué espiritualidad, en qué Iglesia’, de la mano de Alboan, ONG que trabaja por la solidaridad entre los pueblos.

– El foco de la Iglesia está ahora en los casos de pederastia. La carta de Benedicto XVI sobre Irlanda no ha logrado frenar el escándalo. ¿Cree que la Iglesia ha gestionado mal este tema?

– Primero habría que conocer con exactitud qué tanto por ciento de curas están acusados y en comparación con otras profesiones, como maestros o profesores de gimnasia. En segundo lugar, desde el punto de vista intraeclesial, no es exclusivamente un problema sexual, es de poder. La figura del cura se ha sacralizado hasta unos extremos que parece que es como si Dios lo pidiera. Tercero. No es simplemente un problema de celibato, pues conozco casos de pederastia en casados. Hay un tipo de deformación de la sexualidad que debería ser tratado médicamente. No se arreglaría con decir quitemos el celibato. Hoy en día, el cura que se está ‘abrasando’, por decirlo con la frase de San Pablo, no necesita acudir a niños. Por último, a nivel de información la Iglesia ha procedido mal. Se ha pretendido ocultar la mala fama y tapar la cosa. Se ha reaccionado estúpidamente.

– Ahora el escándalo llega hasta las mismas puertas del Papa.

– No se si, como se ha dicho, llega hasta el mismo Ratzinger, cuando fue arzobispo de Munich o cuando estuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sí hay un dato importante cuando se pregunta qué hacen en Roma. Las primeras denuncias contra Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, son ya de finales del 50 y principios de los 60, antes del Vaticano II. Si ante eso no se reacciona y Juan Pablo lI, 30 años después, dirá que este hombre es un modelo para la juventud, algo no funciona bien en la estructura de la Iglesia romana. Sobre todo, porque ante la más mínima cosa en casos de ortodoxia, como el del libro de Pagola, se levantan unas baterías tremendas, y para estas denuncias, que es mucho más serias, se echa tierra encima. Aquí la conducta de la autoridad de la Iglesia no ha sido la que debía ser.

– En España también corren tiempos distintos en la Iglesia. Algunos, incluso, hablan de involución. ¿Es para tanto?

– Es para tanto y para más. Se habla de invierno de la Iglesia y se han resucitado las palabras de Santa Teresa de ‘tiempos recios’. Aquí se puede hacer una comparación por lo que toca a España, que es más fuerte que en otras Iglesias. Siempre me ha interesado el erasmismo hispánico, la España del siglo XVI, donde hay un despertar de un humanismo cristiano muy rico de los hermanos Valdés. Hasta el año 50, con Cisneros, que era un hombre abierto, a la cabeza de la Iglesia, aquello se fomenta. Luego, a partir del inquisidor Valdés, se produce una persecución, una involución, un ahogar el humanismo y erasmismo que lo paga muchísima gente. Eso se reproduce en la España del siglo XX a otra escala. Por un lado teníamos la Iglesia de Tarancón, que era mucho más creíble y más atractiva, y en el otro lado ponga usted a quien quiera. Tengo un dato cierto: un obispo dijo a sus compañeros de las comisiones de la Conferencia Episcopal que había que volver al catolicismo de hace cincuenta años. O sea, antes del Concilio Vaticano II. Si esto no es una involución, ya me dirá usted lo que es.

– Sí parece evidente el distanciamiento entre las directrices pastorales de la jerarquía y la práctica de los fieles.

– La voz oficial de la Iglesia, el magisterio ordinario, ha perdido autoridad y credibilidad, porque es incapaz de reconocer errores. Es duro decirlo.

– Ha nombrado usted a José Antonio Pagola, en el ojo del huracán por su libro ‘Jesús. Aproximación histórica’. ¿La persecución de esta obra de qué es síntoma?

– Es síntoma de que hay una cristología falsa, hetereodoxa, que no puede ver ese libro. Se podría reducir a dos silogismos. Hay unos que, con toda la buena voluntad del mundo, actúan de la siguiente forma: Jesús era Dios, es así que Dios es así, luego si Dios es así, Jesús tendría que ser de esta y de esta y de esta manera. Sin darse cuenta proyectan en Jesús la idea prefabricada que ellos ya tienen de Dios. Desconocen que Dios pone del revés nuestras ideas sobre él. Es un Dios que renuncia al poder, que se vacía de su imagen divina, que prefiere identificarse con nosotros antes que distanciarse. La manera de proceder del argumento tendría que ser al revés: Jesús es así; es así que Jesús es Dios, luego Dios es de esta y de esta y de esta manera. Que es como ha procedido Pagola. Una investigación histórica nos acerca al hombre Jesús. Nada más. A partir de aquí si creemos que Jesús era la revelación de Dios, pues se nos revela algo sobre Dios en esa humanidad de Jesús. Aquí es donde yo creo que está el intríngulis de la cuestión.

– Cada vez se acepta menos el disenso. ¿Corren malos tiempos para la teología independiente y para las editoriales?

– Para las editoriales sí. Antes, en la editorial Sal Terrae, el Obispado de Santander daba confianza para que los mismos jesuitas pusieran el ‘nihil obstat’, la censura eclesiástica. Ahora hay que presentar los libros y obtener un documento. La Fundación Santa María y la editorial PPC las están pasando canutas. Esto no debería ser.

– Estos días ha vuelto a la actualidad su libro ‘Ningún obispo impuesto’ (Sal Terrae) a propósito de las últimas designaciones. ¿Cómo se podría recuperar el papel de las Iglesias locales en estos procesos?

– Las cosas sólo se recuperan a base de que la mayoría del pueblo cristiano vea esto y lo reclame de mil maneras. Cuando no existía la democracia, la Iglesia elegía a sus obispos democráticamente a partir de las comunidades locales. Ahora, que tenemos ya la democracia, hay nombramientos a dedo. En vez de un signo, como era en los tiempos primeros, se convierte en un antisigno.

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