El apocalipsis


El Apocalipsis es un libro desconcertante y fascinante a la vez. Al leerlo, le invade a uno la sensación de estar perdido y confundido. Esto se debe a la acumula-ción de imágenes -con frecuencia incoherentes y difíciles de imaginar-, a sus perspectivas alucinantes y a sus fantasías llenas de misterio y terror. Todo lo cual hace que muchos menosprecien el libro y lo consideren una obra alarmista sobre el fin del mundo y los desastres que lo precederán.
Sin embargo, para aquellos que saben superar esta primera impresión y se adentran en su universo simbólico, el Ap es una obra que encierra insospechadas riquezas y de una permanente actualidad. Su intensa espiritualidad, la profundidad de sus ideas teológicas y su gran visión del futuro acorde con la realidad presente, hacen de él un monumento fascinante que hizo afirmar a San Jerónimo: “Poco se ha dicho en beneficio del libro: toda alabanza es poca”.
El autor se ve coaccionado a escribir de esta manera, porque el mensaje que quiere transmitir así se lo impone. La victoria de Cristo ha cambiado el curso del tiempo y las dimensiones del espacio; su luz nueva baña por completo nuestra realidad y llena de sentido los acontecimientos de nuestra historia; estos quedan transfigurados por la presencia de Cristo. Y solamente el símbolo es capaz de superar el convencionalismo de nuestro lenguaje, elevar lo concreto a una dimensión transcendente y abrirlo a una contemplacion misteriosa.
El Apocalipsis fue escrito entre los años 90 y 100. No se sabe el año exacto. Para facilitar las cosas, vamos a decir que fue escrito en el año 95. Era una época de persecución.
Después de la muerte y resurrección de Jesús, el Evangelio se esparció rápidamente. En todas partes surgían pequeñas comunidades. En poco tiempo la Buena Nueva de Jesús traspasó las fronteras de Palestina. Entró en los límites del Imperio Romano: Asia Menor, Grecia, Italia. No fue un camino fácil. Hubo muchas dificultades y persecuciones, pero el sol brillaba a pesar de todo. El viento era favorable.
Sin embargo, el cielo fue cubriéndose poco a poco de nubes. Una tempestad se avecinaba. La escuela del Imperio Romano enseñaba que el emperador era el Señor del mundo. Y los cristianos decían lo contrario: “Jesús es el Señor de Señores!”. Todos debían rendirle culto. Así, ayudado por la religión, el emperador había conseguido un sistema para controlar la vida del pueblo y para explotar a los pobres, para aumentar el lujo de los grandes.
Para los cristianos, Dios es uno solo. Y si Dios es uno solo y Padre de todos, ¡entonces todos somos hermanos! Por esto los cristianos procuraban vivir como hermanos en nombre de su fe. Ponían en común sus bienes. Decían que todos eran iguales Condenaban a los ricos que explotaban a los trabajadores. No querían apoyar el sistema injusto del Imperio Romano.
La nueva organización iniciada y anunciada por los cristianos, amenazaba el sistema del imperio. Todo esto iba a traer un conflicto abierto. De hecho, treinta años después de la muerte de Jesús, el emperador Nerón decretó la primera gran persecución. Sucedió en el mes de julio del año 64 y fue el inicio de los males.
Las comunidades eran como hormigas. Ponían de cabeza al sistema del imperio desde dentro. Por eso el emperador Domiciano decretó una nueva persecución alrededor del año 90, esta vez más violenta y mejor organizada. Domiciano torturaba a los cristianos para forzarlos a abandonar su fe.
Por eso al llegar el fin del primer siglo, parecía haber llegado también el fin de la marcha de las comunidades. Las puertas estaban cerradas. Todo el poder del mundo se volvía contra los cristianos. Muchos abandonaban el Evangelio por miedo y se pasaban al lado del imperio. En la comunidad se decía: “¡Jesús es el Señor!” Pero fuera, el emperador de Roma era quien mandaba realmente como Señor todopoderoso. Y es en este fin del primer siglo, época de persecución, cuando fue escrito el Apocalipsis.

Juan escribió el Apocalipsis para el pueblo de las pequeñas comunidades esparcidas por el Imperio Romano, sobre todo por Asia Menor. ¿Cuál era la situación de ese pueblo?
Era un pueblo perseguido (1,9). En el momento de escribir el Apocalipsis, el mismo Juan estaba preso por causa de su fe. La persecución era violenta. Había prisio-neros y muchos ya habían sufrido el martirio. Era muy difícil mantener la fe. El control de la policía era total; nadie podía escapar a su vigilancia. Quien no apoyaba el régimen del imperio, no podía vender ni comprar nada. La propaganda era enorme y se infiltraba en las comunida-des. El emperador era presentado como si fuera un nuevo Jesús. Hasta decían que él había resucitado. La tierra entera lo adoraba como si fuera un dios y apoyaba su régimen.
El pueblo de las comunidades tenía además otras dificultades. Estaba el cansancio natural después de tantos años de caminar. Había bajado el entusiasmo del primer fervor. Estaban los falsos líderes que se presenta-ban como apóstoles y no lo eran. Corrían doctrinas equivocadas que traían confusión; las persecuciones por parte de los judíos; el problema de otras religiones que se mezclaban con la fe en Jesús. Algunas comunidades se estaban muriendo; otras, aunque debiluchas, continuaban firmes en la fe. En general era gente pobre y hasta indigente. Las comunidades más ricas se acomodaban engañadas por su riqueza. ¡No eran ni frías, ni calientes!
Es para este pueblo de las pequeñas comunida-des, para quien Juan escribe su libro. Como hoy, también en aquel tiempo eran los débiles y los pobres los que continuaban firmes en la fe y en la lucha. Había quienes confundían las cosas, sin entender su sentido correcto. ¡Todos perseguidos! ¡Todos necesitados de una palabra de luz, de aliento, de coraje! (Continuará)

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Comments
One Response to “El apocalipsis”
  1. brian gray dice:

    Para entender mejor como la iglesia primitiva interpretaba algunos pasajes de apocalipsis en los primeros siglos visita… http://www.laiglesiaprimitiva.com/apocalipsis.html

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