APOCALIPSIS. El libro del testimonio cristiano


(Continuación)
Apocalipsis significa “quitar el velo” o sea, “revelación”. Y es una revelación que se hace a la Iglesia para ayudarle a descubrir el sentido de su historia, una historia en la que está presente Cristo resucitado y victorioso, pero en la cual también se han desencadenado las fuerzas del mal contra ella.
En la primera parte del libro (cap 1-4) vemos una iglesia real y concreta, ( “cartas a las iglesias de Asia”) en la que coexisten la gracia y el pecado, la fidelidad y la infidelidad.
En la segunda (4-22) aparece una iglesia enfrentada con el mundo judío y con el Impero Romano, un poder enemigo, totalitario e impío.
Hago una síntesis para situar mejor el texto que la liturgia de este domingo nos propone.
Cap. 4-5: nos presenta a Dios como dueño absoluto de la historia, sentado en el trono (4,1-11); sigue el libro sellado que contiene el proyecto de Dios sobre el mundo (5,1-5) y finalmente, el Cordero (5, 6-14). Lo que va a suceder y los dueños del secreto.
Cap. 6-7: revelación progresiva del significado de la historia: los siete sellos Los sellos que cierran el libro van siendo rotos y su secreto descubierto.
Los cuatro primeros sellos: los jinetes (6,1-8)
Los cuatro jinetes representan los males de la humanidad: las invasiones son consecuencia del afán de dominio y de las ideas imperialistas de los pueblos; las guerras civiles debidas al odio fratricida entre los hombres de un mismo pueblo; la carestía que conduce a la muerte por hambre y, finalmente, la epidemia que diezma a los pueblos. Estos males son presentados como fuerzas impetuosas (caballos) que invaden el campo de la historia y devastan todo lo que encuentran.
El quinto sello: la persecución religiosa (6,9-11)
Con este sello es desvelado el sentido de los sufrimientos de aquellos que han sido fieles a Dios y se responde a la pregunta: ¿por qué se retrasa el castigo de los impíos?
Sobre lo primero se dice que los sufrimientos y persecuciones son motivo de victoria en contra de lo que pueda parecer (se le entregan vestiduras blancas).
A lo segundo se responde que aún debe completarse el número de los testigos. El libro parece sugerir que siempre habrá mártires, si bien su muerte no es derrota sino victoria y no escapa al control de Dios.
El sexto sello: el día de la ira (6,12-7,17)
Finalmente se produce un gran cataclismo en la tierra y en el cielo que es presagio de la ira de Dios -que se va a desatar sobre los impíos- y de la salvación -con que va a premiar a los justos-.
Los símbolos utilizados son los clásicos de la apocalíptica: terremotos, oscurecimiento del sol, enrojeci-miento de la luna y caída de las estrellas. Así es como termina la historia (el tiempo y el mundo) para los impíos. Para los justos, sin embargo, se organiza una gran fiesta en el cielo (7, 9-17).
Estamos ante la visión del fin del mundo que aparecerá al final (21, 3-4). El inmenso pueblo de los congregados con vestiduras de triunfo (blancas) gracias a la victoria del cordero (sangre), junto con los ángeles, los ancianos y el cosmos, entonan un canto de alabanza.
Llegados a este punto, no parece necesario seguir leyendo el libro ya que nos está diciendo el final del relato. Juan, al no acabar aquí su relato, parece indicar que en cada situación histórica se realiza un final, una intervención judi-cial de Dios que salva a los justos y castiga a los malvados.
Antes de ese día, el autor inserta un pasaje oscuro (7,1-8). Un ángel marca en la frente a 144.000, distintos de la muchedumbre, procedentes de las 12 tribus de Israel. Se trata de una salvación anticipada para algunos fieles que reciben una marca simbólica (el sello del Dios vivo) en su frente. Su número es simbólico. Mil es de la totalidad máxima a los ojos de Dios (2Pe 3,8). Cada tribu ha alcanzado el punto máximo de su desarrollo (12.000). Todo

esto nos hace pensar que se trata del pueblo de Israel que desemboca en la Iglesia formando con ella un todo.
El autor de Ap se sitúa así al final de la historia y pone de relieve el aspecto destructivo: el mal, en cual-quiera de sus formas históricas, cualquiera que sea el tipo de personas en las que se encarne y el tipo de influjo que ejerza en el mundo, será radicalmente destruido.
Esto se deberá al poder de la ira de Dios, manifestada en Cristo, que se opone personalmente al mal. Todo este cuadro futuro tiene un significado concreto: Dios y el Cordero, que se manifestarán abierta-mente al final, están ya actuando en la historia. La viven con nosotros, están presentes con toda su potencia y la guían a su meta escatológica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: