Comentarios cuarto domingo de Pascua


MODELO DE PASTOR

Con el comienzo de la primavera, los pastores cananeos se disponían a partir con el rebaño en busca de pastos. .Era un momento decisivo y peligroso. Salir con el rebaño suponía abandonar la seguridad de la propia tierra para salir en busca de lo desconocido. Había que tomar ciertas precauciones. An­tes de partir, los pastores celebraban una fiesta de despedida. Sacrificaban un animal joven a la divinidad para obtener de ella, a cambio, la fecundidad y la prosperidad del ganado. La víctima era asada al fuego, no se le podía romper ningun hue­so. Con su sangre untaban los palos de la tienda para alejar epidemias o calamidades. El rito pretendía ser garantía de pro­tección de los peligros que surgieran durante el desplazamiento de los pastores con el rebaño. En una noche de primavera, noche de luna llena, se reunían para comer el animal sacrifi­cado. La cena solía ser de pie, con el atuendo de quien está preparado para una larga marcha: báculo en mano y sandalias en los pies. En torno a la cena se cernía un cierto aire de rito mágico. Después se partía.

La imagen del pastor que guía al rebaño es una de las pre­feridas del evangelista Juan al referirse a Jesús. La utilizó en un polémico discurso de su evangelio para presentar al Maes­tro nazareno como el pastor ideal, el pastor modelo, el buen pastor frente a los pastores de oficio: asalariados, ladrones y bandidos más que pastores.

«Si, os lo aseguro -decía Jesús a los fariseos-; el que no entra por la puerta en el recinto de las ovejas, sino saltan­do por otro lado, ése es un ladrón y un bandido… El ladrón no viene más que para robar, matar y perder. Yo he venido para que vivan y estén llenos de vida: yo soy el modelo de pastor. El pastor modelo se desprende de su vida por las ove­jas; el asalariado, como no es pastor ni las ovejas son suyas, cuando ve venir al lobo, deja las ovejas y echa a correr y el lobo las arrebata y dispersa; porque a un asalariado no le im­portan las ovejas. Yo soy el modelo de pastor: conozco las mías y las mías me conocen a mí, igual que mi Padre me co­noce y yo conozco al Padre; además, me desprendo de la vida por las ovejas» (Jn 10,lss).

Al terminar aquel discurso, los oyentes se sintieron inter­pelados. Las opiniones se dividieron. «Muchos decían: -Está loco de atar, ¿por qué lo escucháis? Otros replicaban: -Esas no son palabras de loco, ¿puede un loco abrir los ojos de los ciegos?» Por si acaso, los fariseos trataron de «prenderlo» para quitarlo de la circulación, «pero se les escabuyó de las manos» (Jn 10,39).

Jesús definió en aquel día en qué consiste la quintaesencia del pastor. Ser pastor, dirigir, gobernar es ir en la vida por delante de los demás con obras y palabras, vivir para el otro y no a costa del otro, firmar un compromiso de permanencia sin límite junto al pueblo, entablar una relación personal con él, conocer su nombre y su vida, compartir gozos y esperanzas, tristezas y angustias.

Por eso no se puede ser pastor, ni dirigente, ni guía del pueblo desde una oficina, desde un palacio o desde un templo. Sólo puede ser pastor quien marcha con el pueblo, quien vive con él, quien sabe de sus dolores porque los experimenta, quien corre sus mismos riesgos y quien, a pesar de todos los pesares, va por delante.

Este es el modelo de pastor, encarnado en Jesús de Naza­ret. «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano» (Jn 10,27-30). Quienes no siguen este modelo de pastor son asalariados, gente que se mueve por otros intereses distintos de los del pueblo a quien dicen servir, sirviéndose de él. Son más los asalariados que los pastores. Y así estamos…

II

OTRO PASTOR, OTRAS OVEJAS

Los jerarcas político-religiosos de Israel habían esclavizado al pueblo, dominándolo por medio del miedo a Dios. Y Dios no consiente que el pueblo que El liberó sea sometido  y además en su nombre- al miedo y a la esclavitud. Para eso llega un nuevo pastor al que corresponderán ovejas -¡no borregos!- de otro estilo.

EL MIEDO DE LOS PASTORES

Tenían miedo los pastores de Israel. Jesús acababa de decir que él era «el modelo de pastor», y eso los había llenado de preocupación. Por eso se dirigieron a Jesús, que «paseaba en el templo por el pórtico de Salomón», lo rodearon y, nervio­sos, les preguntaron: «¿Hasta cuándo vas a no dejarnos vivir? Si eres tú el Mesías; dínoslo abiertamente» Jn 10,24). Se entiende su miedo. Los antiguos profetas de Israel se habían enfrentado en muchas ocasiones a los dirigentes llamándolos malos pastores, dedicados a explotar al pueblo en beneficio propio (Jn 10,21; 23,2-7; 25,34-38; Ex 34). Jesús acababa de echarles en cara que, para mantener sus privilegios, estaban dispuestos a todo: a mentir, a matar…, comparándolos con el pastor mercenario a quien «no le importan las ovejas» (Jn 10,11-12). Seguramente presentían que se iba a cumplir la amenaza de aquellos profetas: Dios iba a pastorear su rebaño, iba a ocuparse de su pueblo, mediante un enviado suyo, que arrancaría las ovejas del dominio de los malos pastores (Ex 34,22-24; véase también Sal 23). Por eso, si Jesús era de verdad el Mesías…, se les acababa lo que para ellos era su medio de vida, sus privilegios, la posibilidad de aprovecharse, en beneficio propio de la fe de la gente sencilla. Ya no van a poder seguir asustando a la gente con la amenaza de un Dios cruel ni la van a mantener sumisa diciendo que no se puede saber con seguridad si Dios los habrá perdonado o no; se les acabará el negocio en que han convertido la religión y se derrumbárá el orgullo que sienten por ser -por haberse arrogado ese papel- los intermediarios de Dios. Es lógico su nerviosismo: Jesús acaba de decir que va a dejar vacía la institución religiosa («A las ovejas propias las llama por su nombre y las va sacando…», 10,3), se ha puesto como modelo de pastor porque él da la vida por sus ovejas (10,11) y ha dicho que Dios, el Padre, está con él, mostrándole su amor y garantizando que nadie podrá arrebatarle definitivamente la vida que él da libremente (10,17-18). Si es cierto lo que afirma Jesús y no una fanfarronada…

Por eso los dirigentes, sintiéndose amenazados, se defien­den como pueden, incluso negando, como en el caso del ciego de nacimiento (9,1-38), la evidencia de la vida que sobreabun­daba gracias a la actividad de Jesús. Y aconsejan a la gente que no lo escuchen, que está loco, que está poseído por un demonio (8,48; 9,22.24).

LO QUE MAS IMPORTA

Mis ovejas escuchan mi voz: yo las conozco y ellas me siguen, yo les doy vida definitiva y no se perderán jamás ni nadie las arrancará de mi mano. Lo que me ha entregado mi Padre es lo que más importa, y nadie puede arrancar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

Lo que los dirigentes quieren es recobrar el control sobre la gente. ¿Qué va a ser de ellos si no lo consiguen?

Es posible que, aparentemente, tengan éxito: habrá mu­chos que, faltándoles el valor necesario para asumir la libertad con todos sus riesgos, vuelvan a someterse al miedo que ellos imponen y, dominados por ese miedo, lleguen a pedir la muerte para quien los quiere liberar (véase 18,35; 19,6-7.12: el término los judíos usado en estos lugares se refiere a los dirigentes judíos y puede englobar también a sus partidarios).

Pero los que han escuchado y aceptado el mensaje de Jesús, los que han empezado a ponerlo en práctica, los que han gustado ya el sabor de la vida que los hace hijos (1,12-13), de la verdad que los hace libres (8,32.36) y del amor que los hace hermanos (13,34-35; 15,12-17), no se van a dejar embau­car de nuevo. Esas son las ovejas de Jesús, aquellos que, haciendo uso de la puerta abierta por la que se puede entrar y salir (10,7-9), han roto con todo lo que significa opresión de la persona humana y se han puesto del lado de Jesús, haciendo propia la tarea de este pastor que han aceptado libremente, por quien se sienten conocidos y queridos y en cuya mano se sienten seguros: «Yo las conozco y ellas me siguen, yo les doy vida definitiva y no se perderán jamás ni nadie las arrancará de mi mano». Porque, y esto es lo princi­pal, Jesús va a defenderlos, incluso con la vida, pues para él ellos son «lo que más importa».

Esas ovejas no son borregos que se dejan llevar, pasivos, sin iniciativa… Precisamente porque están con Jesús, tienen que ser personas libres, adultos, que saben escuchar y que han tenido que responder responsablemente a un mensaje que les asegura definitivamente la vida; ellos son la nueva humanidad, la semilla de un mundo nuevo en el que, si tiene que haber pastores, tendrán que serlo al estilo de Jesús.

Los jerarcas no aceptaron las palabras de Jesús. No podían aceptar un Dios que se hace visible en la débil carne de un hombre de pueblo y que pone esa carne al servicio de la liberación de su pueblo. Y como no podían acabar con Dios, intentaron, otra vez, ocultarlo destruyendo aquella carne en la que se manifestaba: «Los dirigentes cogieron de nuevo piedras para apedrearlo» (10,31).

III

27-30 Mis ovejas escuchan mi voz: yo las conozco y ellas me siguen, yo les doy vida definitiva y no se perderán jamás ni nadie las arrancará de mi mano. Lo que me ha entregado mi Padre es lo que más importa, y nadie puede arrancar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno».

Los que son de Jesús lo escuchan, es decir, le prestan adhe­sión, no de palabra o de principio, sino de conducta y de vida (me siguen), comprometiéndose con él y como él a entregarse sin reservas a liberar y promocionar al hombre. Jesús comunica a los que lo siguen una vida que supera la muerte y les da la seguridad (no se perderán jamás), y esa fuerza de vida, que es el Espíritu, los une a él de tal modo que nadie podrá separarlos de su persona.

Para Jesús,  lo más importante es el fruto de su obra, la nueva humanidad que él ha de constituir con los hombres que el Padre le ha entregado (6,37.44.65), completando en ellos la creación con el Espíritu. En el caso del ciego, ellos han intentado “arrancarlo” de la mano de Jesús, pero no lo han conseguido. La vida que había experimentado hizo a ese hombre capaz de resistir a las presiones de los dirigentes.

Estar en la mano de Jesús es lo mismo que estar en la del Padre, porque el Padre está presente y se manifiesta en Jesús y, a través de él, realiza su obra creadora, que lleva a cumplimiento su designio (5,17.30; 6,38-40).

Nunca había formulado antes Jesús tan claramente esta afirmación-clave del evangelio: Yo y el Padre somos uno. La identificación entre Jesús y el Padre excluye toda instancia superior. La oposición a Jesús es oposición a Dios.

IV

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no se limita a un simple sueño nacionalista judío. Ella tiene la intencionalidad de hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos -venidos de todas las naciones-, porque asimilaron el proyecto del Padre; y allí será donde Dios enjugará sus lágrimas (Ap 7, 17).

Cristo asume las dos funciones: de víctima que se inmola y de Pastor. En forma congruente, el evangelio nos propone el relato de Juan en el que Jesús se presenta como el pastor que cuida a sus ovejas. El ha anunciado su misión como el pastor que no sólo cuida las ovejas de su aprisco, sino también las de otros rediles, los no-judíos (cf Jn 10,16). Jesús es un Pastor universal, que llama incluso a los que no pertenecen al judaísmo para que vengan a formar parte del rebaño escatológico, el de los que asumen como él la esperanza del reino de Dios.

La figura más tierna que Jesús adopta como pastor es la del que busca a la oveja descarriada, a la perdida, y cuando la encuentra se alegra, la recoge y la trae de vuelta al aprisco (cf Lc 15,3-7). Por eso su gozo y su alegría radican en que los hombres y mujeres de buena voluntad acojan y asuman su proyecto de vida eterna.

Jesús se diferencia en forma diametral de los pastores mercenarios, que cuando ven el peligro simplemente huyen, abandonando el redil y dejando a las ovejas a merced de su propia suerte.

El evangelio nos refuerza también ese efecto tan importante de la resurrección de Jesús que es la paternidad universal de Dios. Los que han oído a Jesús y lo han visto actuar, son los primeros llamados a pertenecer al reino que él proclama, y al mismo tiempo están en el deber moral de anunciarlo a otros. Esos son los que, dice Jesús, “el padre me ha dado”; los que han entendido su propuesta y la siguen. En tal seguimiento no hay equivocación ni extravío, porque justamente la palabra de Jesús -quien es la Palabra misma del Padre- es la vía segura por donde el hombre puede alcanzar su máxima plenitud.

Cristo hace un llamado a todos, como supremo Pastor, para que comprendan que lo que él propone en esencia es una realidad de unidad y de hermandad que no es posible de destruir, ya que con la fuerza del Espíritu podemos todos los bautizados trasparentar a Jesús resucitado y ser en el mundo instrumentos de paz y de unidad. Habrá así, finalmente, “un solo rebaño, un solo pastor” (Jn 10,16).

La homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas opciones:

a) Los pastores en la Iglesia. En ésta siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse -si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros.

c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su veracidad frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre el buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. La simplicidad y la sencillez no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas, respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha del “un solo rebaño y un solo pastor”.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 86, que puede ser escuchado aquí (http://www.untaljesus.net/audios/cap86b.mp3)  y cuyo guión -con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400086).

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 95, que se titula «¿Cuál religión fundó Jesús?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=190095 Hay varios otros varios guiones con temas relacionados, que se prestan a un debate-catequesis.

Para la revisión de vida

-A casi todos Dios nos ha concedido una parcela de vida de la que debemos cuidar. ¿Soy “buen pastor” de las personas que tengo a mi cargo o bajo mi dependencia (en la familia, en el trabajo o desempleo, en mis relaciones sociales…)?

Para la reunión de grupo

¿Cómo vemos la organización ministerial de la Iglesia en la actualidad? ¿Qué problemas tiene? ¿Qué “nuevos” ministerios necesitaríamos en nuestra comunidad, en el ambiente donde vivimos?

El “pueblo” de Dios no es una etnia; por eso el mensaje cristiano se abrió a otros pueblos, los “gentiles”, más allá del pueblo judío. Pregunta fronteriza: ¿el “Pueblo de Dios”, está vinculado a una Iglesia?, ¿o es más grande que nuestra Iglesia o que cualquier Iglesia? ¿Qué es, quién es, quiénes forman verdaderamente el “Pueblo de Dios”? Matizar bien, o distinguir sentidos que puede darse a la expresión.

Para la oración de los fieles

Para que la comunidad cristiana mundial se abra hoy a los nuevos “gentiles”, los hombres y mujeres de tantas otras religiones que también buscan a Dios; para que afrontemos decididamente el tema y la práctica del diálogo interreligioso, roguemos al Señor…

Por todos los que ejercen en las comunidades cristianas un ministerio “pastoral”, de atención a los demás; para que lo hagan como ejercicio del amor que sirve y se entrega, y nunca como un ejercicio de poder o dominio…

Para que la comunidad cristiana revise y adecúe los ministerios eclesiales a la situación del mundo actual, así como la comunidad cristiana primitiva tuvo creatividad para ordenarlos según sus necesidades y las exigencias de la evangelización de entonces…

Para que sean muchos los y las jóvenes que descubran el llamado de Dios a entregar su vida al servicio de la comunidad, y para que las comunidades encuentren cauces adecuados de pastoral vocacional…

Para que la mujer alcance en la Iglesia el puesto que le corresponde…

Por nuestros pequeños círculos de los que cada uno de nosotros somos pastores de las personas que están a nuestro cargo: hijos, ancianos, enfermos, alumnos… roguemos al Señor…

Oración comunitaria

Dios Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo Jesús como Buen Pastor que dio su vida por la ovejas: te pedimos nos des muchos pastores según tu corazón, para que, animados por el ejemplo de Jesús, conduzcan a tu pueblo con decisión por los nuevos caminos que los tiempos actuales requieren. Por J.N.S.

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