Apocalipsis: Cielo nuevo y Tierra nueva


A partir del capítulo 21 entramos en una visión de futuro grandiosa, espectacular. Los temas que aparecen son: El cielo y la tierra nueva. La nueva Jerusalén y la venida de Cristo.
El cielo y la tierra nueva es la fiesta al final del camino. Y surge como una nueva creación. Surge como un regalo, como un fruto de la lucha de unas comunidades que procuraron ser fieles al primer amor. Es el final del camino, en éxodo continuo, donde se encuentra la verdadera y definitiva liber-tad. Si desde el Cáp. 12 todos esperan el juicio definitivo, aquí está la justicia. Si todos los caminan-tes buscan el rostro de Dios, aquí brilla con resplan-dor. El velo se ha quitado y ha aparecido el rostro en todo su esplendor. Está impreso en un mundo transformado.
Y un rostro no se comenta. Un rostro se mira y se contempla. Sobre todo cuando es el de la persona amada. El comentario puede incluso echar a perder la belleza de la poesía y del amor. Lo mejor es mirar. Mirar y contemplar el futuro que Dios preparó para los que lo aman (1 Cor 2,9). Este futuro alimenta la fe, la esperanza y el amor. Alimenta en nosotros la lucha y la resistencia contra el imperio que, hasta hoy, quiere tragarse a las comunidades que se organizan en fraternidades. Y bien actual que es. Imperio no solo político sino también religioso. El futuro que Dios ofrece está en gestación, escondido en la historia. Y esta reflexión sirve tanto en lo universal como en lo personal. “Dios se manifiesta en el recuerdo”, decíamos. Su semilla está en el pasado del pueblo perseguido. Una primera muestra del futuro ya aparece en la lucha de ese pueblo que resiste al imperio y se organiza de manera fraterna. ¿Cómo será el futuro, después de terminada la lucha? Nadie lo sabe. Nadie sabe lo que Dios preparó para aquellos que le aman (1 Cor 2,9). Pero Juan intenta adivinar a partir de las cosas que Dios ya realizó en el pasado y a partir de lo que él mismo ve realizado en las comunidades. Juan intenta imaginar el futuro a partir de la semilla y de la muestra.
El futuro que Dios ofrece es una nueva creación ¡Un nuevo cielo y una nueva tierra! (21,1). El mar, símbolo del poder del mal, ya no existe. En la primera creación, Dios inició su trabajo creando la luz. Pero quedó la noche. Quedó la oscuridad. Aquí en la nueva creación del futuro, la luz vence. La noche, la oscuridad, ya no existen. Jesús, el Cordero, es la lámpara que lo ilumina todo
El futuro que Dios ofrece es un nuevo paraíso. En el primer paraíso había un río que lo regaba todo y daba fertilidad a la tierra. En el nuevo paraíso, la fuente del río es el trono de Dios. Sus aguas riegan la tierra y hacen crecer los árboles de la vida en todo lugar. Los árboles de la vida dan su fruto doce veces por año y hasta sus hojas curan a las naciones. Todo esto es una imagen para decir que la muerte fue vencida. ¡Ahora sólo existe la vida, vida en abundancia y para todos! Hasta las heridas que quedaron por la dureza del camino y de las persecuciones, van a ser sanadas. La maldición que entró en el primer paraíso desapareció. No habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Dios enjuga las lágrimas que aún quedan. El da de beber de la fuente de agua de la vida.
El futuro que Dios ofrece es una nueva alianza. Como antiguamente, después de la salida de Egipto, también ahora Dios viene a morar con su pueblo. Extiende sobre él su tienda y pronuncia las palabras de la alianza. El dice al pueblo: “Yo seré su Dios y vosotros seréis mi pueblo” (21,3). Y dice también a cada uno en particular: “Yo seré tu Dios y tú serás mi hijo” (21,7).

El futuro que Dios ofrece es una nueva organización de las doce tribus. La organización fraterna e igualitaria del pueblo comenzó en el desierto, después de la salida de Egipto. Fue retomada por el pueblo de las comunidades en oposición al imperio. Y aquí, en el futuro que ofrece Dios, ella aparece plenamente, después que el imperio fue derrotado por las plagas de la historia y por el juicio de Dios. El número doce aparece en todas partes. Es la organización perfecta del pueblo, simbolizada en la perfección de la Ciudad Santa. En medio de este pueblo fiel, ya no hay infidelidad, ni pereza, ni corrupción, ni asesinato, ni impureza, ni magia, ni culto a los falsos dioses, ni mentira (21,8). El futuro que Dios ofrece es una nueva Ciudad Santa, Jerusalén. En ella todo es perfecto: el largo, lo ancho, lo alto, las murallas, las puertas, el material usado, los cimientos. Su plaza principal es de oro puro, como vidrio transparente. Cada tribu contribuye con su riqueza, sin perderse en el conjunto. Sus puertas están siempre abiertas. Las riquezas de las naciones son llevadas a su interior. No hay peligro de robo porque en ella no existe más nada impuro o mentiroso. Todo está al servicio de la vida. La Ciudad Santa es la luz de las naciones.
El futuro que Dios ofrece es un pueblo renovado, bello como una novia. La ciudad del imperio era una prostituta. La ciudad de Dios, una novia. Preciosa, toda embellecida para su marido. Su esposo es el Cordero. Ella es la Hija de Sión, imagen del pueblo de Dios. Es la mujer que luchó contra la muerte y contra el dragón. Aquí, en el futuro de Dios, la lucha terminó. La serpiente ya no molesta más; está en el lago de fuego para siempre. La novia, el pueblo, se prepara para la unión definitiva con Dios, para su casamiento con el Cordero. Es la fiesta final del camino.
El futuro que Dios ofrece es Él mismo,
presente en medio de nosotros. El cielo bajó a la tierra, ya transformada para siempre en la morada de Dios. Dios es la fuente de la vida. Es el Principio y el Fin de todo. Yahvé, Dios con nosotros, Dios libera-dor, será nuestro Dios para siempre. En el futuro que Dios ofrece, no habrá más necesidad de sol, ni de luna, ni de lámpara alguna. Dios será el sol. Su gloria ilumina a su pueblo, y brillará sobre él. Dios es luz, Dios es Padre. Y todos, para siempre, contemplarán su rostro.
Bibliografía:
Ugo Vanni. Lectura del Apocalipsis. Verbo Divino.
F. Contreras. Apocalipsis. Casa de la Biblia.
Carlos Mesters. Cielo nuevo y Tierra nueva. El Apocalipsis de San Juan: Una clave de lectura
Paco Echevarría. Apuntes del curso sobre el Apocalipsis.
Jose Mª González Ruiz: Apocalipsis de Juan. El libro del testimonio cristiano. Verbo Divino

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