Comentatarios día de la Santísima Trinidad


LA PALABRA DEL PROFETA

Sobre la humanidad se ciernen nubarrones de tragedia, una ola de muerte asedia a nuestro planeta, la destrucción colectiva puede ser la terminal de la historia, la carrera de ar mamentos se puede volver contra los que la corrieron, el ma ñana puede que no llegue nunca: no hace falta ser profeta para adivinarlo.

Estamos destruyendo poco a poco la naturaleza, derrocha mos los recursos humanos, se contaminan mares y ríos, se exterminan las especies animales, la humanidad, en su gran mayoría, padece hambre y violencia endémica. Por estos cami nos no se llega al futuro.

La violencia, la guerra, la muerte y la destrucción han to mado la sartén del mundo por su mango y se han convertido en los auténticos señores de una humanidad esclavizada que ve aproximarse irremediablemente su trágico final.

Hoy, sin más necesidad de futurólogos, profetas o adivi nos, estamos en condiciones de prever el posible fin de nuestro mundo. Hacia él vamos a pasos agigantados, hacia él nos mal-llevan los grandes de la tierra con una hipocresía rayana en la locura cuando bautizaron al verdugo de la humanidad, el terrible misil MX, con el nombre de ‘guardián de la paz’.

‘Si quieres la paz, prepara la guerra’: es la consabida tác tica por siglos recomendada. Y no saben que por el camino de las armas no se llega al paraíso de la paz, ni por el del con sumo a la felicidad compartida, ni por el de la droga al mundo feliz, ni por el de la violencia al orden justo.

Pero si para predecir el trágico final de la humanidad no es necesario ser profeta, no por ello los profetas se deben apuntar al paro. Hacen falta más que nunca profetas que ejer zan y recuperen su primigenia tarea, su auténtica vocación, reducida por el diccionario a la parcela de predecir el futuro.

El profeta es algo diferente del adivino, del futurólogo, del agorero. En tiempos de Jesús, la gente intuyó su misión. Cuenta el evangelista Lucas que, tras curar al siervo del cen turión, «Jesús fue a un pueblo llamado Nain, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Cuando se acercaba a la en trada del pueblo, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; un gentío considerable del pueblo la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima de ella y le dijo: -No llores. Acércandose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: -¡Escúchame tú, mu chacho, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogi dos y alababan a Dios diciendo: -Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,11-16).

«Gran profeta» es quien, como Jesús, devuelve la vida, la ilusión, la esperanza, la confianza en el futuro, a un mundo que, como la viuda de Nain, ha perdido su porvenir, su único hijo.

Quienes no creen en la profecía, en la fuerza de la palabra, piensan que todo está perdido, que sólo nos queda asistir al entierro del planeta, como el pueblo de Nain.

Pero los que se suman al grupo de los profetas están so ñando en otro mundo, anunciando por doquier que todavía es posible la vida, otra vida para los que malvivimos la pre sente. Eso sí, hoy, tal vez, no sea ya suficiente con un profeta: necesitamos grupos de profetas cada vez más numerosos que se levanten contra las armas, contra la destrucción sistemática de la naturaleza, contra la explotación, la marginación, la gue rra, la violencia, la insolidaridad humana. Y «ojalá que todo el pueblo profetizara», alzándose con el arma de la palabra contra este desorden establecido que lleva a la humanidad a la catástrofe. Entonces comprenderíamos que la palabra del pro feta es más poderosa que el ruido de los cañones.

II

NO DESPERDICIEIS LA VIDA PRESENTE

Esta vida tiene toda su importancia. Aunque tengamos la espe ranza de que llegue a ser mucho mejor; esta vida es un regalo de Dios, y sí nosotros lo queremos, puede ser ya el definitivo don de Dios.

NO HABRA LLANTO, NI LUTO…

Según el Nuevo Testamento, con Jesús empieza la escato logía. Esta palabreja sirve a los estudiosos para referirse a la definitiva y última etapa de la historia de las relaciones de Dios con la humanidad: la etapa que estamos viviendo y que ya no acabará. La escatología, pues, es el presente y el futuro y el inmediato pasado. Esa etapa, a su vez, puede dividirse en dos sectores: antes y después de la muerte del cuerpo. En la primera la incorporación al reino de Dios puede ser deci dida o rechazada por el hombre, y la vida de los que han optado por incorporarse a ese reino discurrirá en medio de conflictos y de persecuciones. El segundo momento será el de la paz definitiva, cuando «ya no habrá más muerte ni luto, ni llanto ni dolor, pues lo de antes ha pasado», según la descripción que hace el Apocalipsis (21,4), que añade en seguida: «Escribe, que estas palabras son fidedignas y verídi cas… Ya no son un hecho» (21,5-6). Esto es lo que da unidad a esos dos momentos: que, por lo que se refiere a Dios, todo es ya definitivo.

Este es el significado de estos relatos de milagros en los que Jesús resucita a los muertos: la vida ya ha comenzado a vencer a la muerte, la esperanza en una vida definitiva ha dejado de ser esperanza para convertirse en realidad presente; la escatología no es una simple promesa: para el que quiera, puede ser un hecho.

EL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN

Después de esto fue a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Cuando se acercaba a las puertas de la ciudad resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda…

A continuación del relato de la curación del siervo del centurión (véase comentario núm. 37) coloca Lucas este otro. Si el paganismo estaba poniendo al pueblo en peligro de muerte, el judaísmo…

La viuda es Israel, la nación israelí que, habiendo tenido marido, Dios, ahora ya no lo tiene (véase Jr 51,5); pero el que ha muerto no es su marido, sino su hijo. El hijo muerto es el pueblo, que camina hacia la tumba en la que su muerte se hará definitiva. Y en ese camino el encuentro con Jesús evita, al menos por el momento, el desastre.

Acercándose, tocó el ataúd… y dijo:

-¡Joven, a ti te hablo, levántate!

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

La muerte de aquel hijo no había sido accidental. El haber abandonado a su Dios era lo que había alejado a aquel pueblo de la vida. Pero Jesús no viene a condenar, sino a ofrecer una nueva oportunidad. Por encima de las normas religiosas que habían llevado a la muerte a aquel pueblo (estaba prohibido tocar un ataúd; el que lo hacía quedaba impuro y no podía participar de la vida social y religiosa con los demás), Jesús actúa y lo devuelve a la vida… y a su madre, que si libremente lo quiere, podrá dejar de ser viuda: «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 1,68).

NO NOS ARREBATEIS EL PRESENTE

Lo que hace definitiva la historia humana, en lo que a las relaciones con Dios se refiere, no es la muerte, sino la vida. Y la vida está garantizada por la presencia de Dios. En el momento en que un grupo de personas decide dejar que Dios sea su Padre y empieza a vivir como hijos y hermanos, en ese mismo momento se hace firme la oferta de Dios y les comunica su propia vida, que por ser suya es indestructible, eterna, definitiva. Cuando un grupo de personas decide adoptar el amor al estilo de Jesús como única norma de comportamiento, en ese mismo momento Dios se viene a vivir con ellas. Y para esas personas, hombres o mujeres, ya ha empezado la escato logia. Y asumen el compromiso y adquieren el derecho de luchar por que en el mundo presente vayan desapareciendo la muerte, el luto, el llanto, el dolor…, anticipando, adelantan do la participación plena en la ya definitiva victoria de la vida sobre la muerte.

Nadie tiene derecho a arrebatar a hombres y a mujeres esta posibilidad. Nadie tiene derecho a hacer creer a quienes sufren, a tantos que atraviesan la existencia como un permanente y angustioso esfuerzo por sobrevivir, por escapar a la muerte, al luto, al llanto y al dolor…, que es voluntad de Dios el que tengan que esperar a morirse para poder vivir, para poder encontrarse con el, con la justicia, el amor, la alegría la felicidad… Nadie tiene derecho. Y quien lo haga estará enviudando de la misma manera que enviudó Israel: alejando a Dios de su lado. Y llevando a los hombres a una muerte que, si Dios no lo remedia, será defintiva.

Quien esté sufriendo las consecuencias de una muerte que se resiste a dejarse vencer, que escuche hoy las palabras del Señor: «¡Joven, a ti te hablo, levántate! »

No desperdiciemos la ocasión. ¡Hay que vivir!

III

vv. 12-15. El mensaje tiene consecuencias que los discípulos aún no sacan y horizontes que no pueden vislumbrar (12). Hay mucho terreno inexplo rado en la verdad dé Jesús, que sólo irá siendo conocido a medida que la experiencia coloque a la comunidad ante nuevos hechos o circunstan cias. El Espíritu será el guía (13). No transmitirá una doctrina nueva, explicará y aplicará el mensaje, y descubrirá en él virtualidades antes ocultas. Al mismo tiempo, irá interpretando la historia (lo que vaya vi niendo) como dialéctica entre “el mundo” y el proyecto de Dios; así irá guiando a los discípulos en su actividad en favor del hombre. Para acer tar en lo que conviene han de estar atentos, por una parte, a la vida y a la historia y, por otra, a la voz del Espíritu que la interpreta. Lo hará manifestando la gloria de Jesús (14), que equivale a tomar de lo suyo. Toma de Jesús su mensaje, el amor manifestado en su muerte. Lo oye en cuanto mensaje (13. cada cosa que le digan), lo toma y lo comunica en cuanto amor. La penetración del mensaje, es decir, la sintonía del amo?, hace posible la interpretación de la historia.. Quiere decir Jesús que sólo a través del amor se puede conocer el ser del hombre, inter pretar su destino y realizar la sociedad humana.

Jesús posee en común con el Padre,- en primer lugar, la gloria/amor que le ha comunicado (1,14), la plenitud del Espíritu (1,32; cf. 17,10). No ha de concebirse como posesión estática sino como relación diná mica con el Padre, incesante y mutua, que hace de los dos uno (10,30) e identifica su actividad. Jesús realiza así las obras del Padre (5,17.36; 10,25), su designio creador (4,34; 5,30; 6,38-40). Por tanto, el criterio para interpretar la historia, basado en la sintonía con Jesús, se concreta en la realización del hombre, designio del Padre y expresión de su amor.

IV

(Comentario homilético elaborado en un ciclo anterior por Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua).

La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad antes que doctrina ha sido evento salvador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor, introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres personas. Por eso se puede hablar de una preparación de la revelación de la Trinidad divina antes del cristianismo, tanto en la experiencia del pueblo de la antigua alianza tal como lo atestiguan los libros del Antiguo Testamento, como en las otras religiones y en los eventos de la historia universal.

El Nuevo Testamento, más que una doctrina elaborada sobre la Trinidad, nos muestra con claridad una estructura trinitaria de la salvación. La iniciativa corresponde al Padre, que envía, entrega y resucita a su Hijo Jesús; la realización histórica se identifica con la obediencia de Jesús al Padre, que por amor se entrega a la muerte; y la actualización perenne es obra del don del Espíritu, que después de la resurrección es enviado por Jesús de parte del Padre y que habita en el creyente como principio de vida nueva configurándolo con Jesús en su cuerpo que es la Iglesia.

La primera lectura (Prov 8,22-31) es un himno a la sabiduría divina considerada en su doble dimensión trascendente e inmanente. La Sabiduría es trascendente pues ella es el proyecto de Dios, su voluntad, sus designios, su Palabra, su Espíritu; pero también es encarnada ya que el proyecto divino se realiza en la creación y en la historia, la voluntad de Dios se manifiesta en la Escritura y a través de su Espíritu se convierte en una realidad interior al ser humano. De esta forma la reflexión sapiencial bíblica supera la simplificación panteísta o dualista en su visión de Dios.

En los vv. 22-25 el autor bíblico nos sitúa “antes” de la creación, en la eternidad de Dios, presentando la Sabiduría como una realidad divina y trascendente, anterior a todas las realidades cósmicas: “El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas… cuando no había océanos, fui engendrada, cuando no existían los manantiales ricos de agua”. En los vv. 26-31 la Sabiduría parecer ser una realidad creada pues aparece contemporánea a la creación. La Sabiduría está presente también en el ser humano, en su inteligencia, en su felicidad: “Cuando consolidaba los cielos allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando señalaba al mar su límite… a su lado estaba yo como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los seres humanos”.

Este himno ha llegado a ser en la tradición cristiana un preanuncio de la encarnación de la Palabra (Jn 1), que “al principio estaba junto a Dios, todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir” (Jn 1,2-3), y que al final de los tiempos “se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

La segunda lectura (Rom 5,1-5) es una especie de declaración paulina de sabor trinitario sobre la situación del ser humano que ha sido justificado gracias a la fe en Cristo: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo… y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv. 1.5). Pablo afirma la dimensión trinitaria de la vida creyente. Reconciliados con Dios por la fe, estamos en una situación de “paz” y de “esperanza”, paz que supera la tribulación y esperanza que transforma el presente.

El evangelio (Jn 16,12-15) constituye la quinta promesa del Espíritu en el evangelio de Juan. Se habla del Espíritu como defensor (“Paráclito”) y como maestro, llamándolo “Espíritu de la verdad”. La verdad es la palabra de Jesús y el Espíritu aparece con la misión de “llevar a la verdad completa”, es decir, ayudar a los discípulos a comprender todo lo dicho y enseñado por Jesús en el pasado, haciendo que su palabra sea siempre viva y eficaz, capaz de iluminar en cada situación histórica la vida y la misión de los discípulos.

El Espíritu tiene una función “didáctica” y “hermenéutica” con relación a la palabra de Jesús. El Espíritu Santo no propone una nueva revelación, sino que conduce a una total comprensión de la persona e del mensaje del Señor Resucitado. El Espíritu, por tanto, “guía” (v. 13) hacia la “Verdad” de Jesús, es decir, hacia su revelación, de tal forma que la podamos conocer en plenitud.

Esta función del Espíritu con relación a Jesús y a su palabra define la profunda relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu: la Revelación es perfectamente una porque tiene su origen en el Padre, es realizada por el Hijo y se perfecciona en la Iglesia con la interpretación del Espíritu. Por eso Jesús dice que “el Espíritu no hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído… todo lo que les dé a conocer, lo recibirá de mí”. Jesús será siempre el Revelador del Padre; el Espíritu de la Verdad, en cambio, hace posible que la revelación de Cristo penetre con profundidad en el corazón del creyente.

Para la revisión de vida

¿Cómo puedo hacer que se refleje mucho más claramente en mi vida cristiana el ser “comunitario” de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo?

¿En qué aspectos concretos de mi vida se manifiesta el misterio del Dios trinitario como amor y vida?

¿Cómo podría abrirme más a la acción del Espíritu de la Verdad en mi vida, para que me lleve a un conocimiento existencial y actualizado del evangelio de Jesús?

Para la reunión de grupo

¿Con cuáles iniciativas concretas podríamos hacer que nuestra comunidad sea cada día más imagen de la comunidad de amor infinito que es la Trinidad Divina?

¿Cuáles diferencias están creando en nuestra comunidad divisiones y egoísmos? ¿Cuáles elementos de nuestra vida comunitaria nos unen, nos hacen crecer como hermanos y fortalecen nuestra misión evangelizadora?

¿Somos como comunidad signo e instrumento de salvación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a través de la iniciativa del amor (el Padre), el sacrificio y la obediencia (el Hijo) y la apertura a la novedad de los caminos de Dios (el Espíritu)?

Como también sugerimos el domingo pasado, hacemos notar que la serie «Otro Dios es posible» tiene un capítulo dedicado a la Trinidad, el 63, cuyo texto y audio puede ser encontrado aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=160 Otro capítulo que también puede servir este domingo de la Trinidad es el 62.

Para la oración de los fieles

Dios Padre, misterio infinito y eterno de amor, que nos has llamado a la vida y nos has creado a imagen de tu Hijo Jesús, haz que experimentemos de tal forma tu bondad y tu misericordia que lleguemos a ser constructores de un mundo de amor y de paz. Roguemos al Señor…

Señor Jesucristo, Hijo eterno del Padre, que en tu vida, muerte y resurrección nos has revelado el rostro del verdadero de Dios y nos has enseñado el camino que lleva a la vida, concédenos la gracia de la fidelidad a tu evangelio, viviendo, a tu imagen, en solidaridad con los pobres y los excluidos de este mundo. Roguemos al Señor…

Espíritu Santo de Amor y de Verdad, fuente de todo bien y de toda gracia, ayúdanos a superar la tentación del egoísmo, de la cerrazón, del miedo, del legalismo, para ser testigos del reino en el mundo, dóciles a los caminos de Dios y atentos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas. Roguemos al Señor…

Oración comunitaria

Señor Dios Eterno, Único y Verdadero, misterio infinito de amor y de vida, Trinidad Santísima, haz de la humanidad creada a tu imagen una sola familia, y que la comunidad eclesial, redimida por la sangre de tu Hijo y renovada por el Espíritu, sea siempre un vivo reflejo de tu misterio comunitario de amor, signo de liberación para los pobres y los últimos de la tierra, y fermento de unidad y de paz para todo el género humano. Por nuestro Señor Jesucristo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: