El Dios que anuncia Jesús


1. Un Dios exclusivamente bueno. Cuando los discípulos, imbuidos de tradición judía, sienten miedo ante una manifestación de su divinidad Jesús les advierte que no hay amenaza ni peligro (Mc 6,49;). La presencia y manifestación de Dios son causa de seguridad y alegría, pues, siendo amor, solo desea potenciar y vivificar al hombre. Dios no ama al hombre porque éste sea bueno, sino porque él mismo es bueno (Mt 5,45: “para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos”. Dios es siempre favorable al hombre, aun cuando éste se profese enemigo suyo (Rom 5,6.8)
2. Un Dios que busca comunicarse. Si Dios es amor, necesariamente tiene que comunicarse; su deseo es hacer a otros partícipes de su propia realidad. Ama al hombre como es, en su condición de hombre. Y ese amor supone estima; no ama Dios simplemente a un ser miserable; ama a un ser que, aunque de momento pueda ser miserable, lleva dentro unas posibilidades cuyo desarrollo puede hacer de él un “hijo”, es decir, uno semejante a él. El Dios que se revela en Jesús ofrece amor y vida a todos los hombres sin distinción, por encima de raza, religión o conducta. Fue precisamente la aceptación de los “pecadores” y de la gente de mala fama por parte de Jesús lo que provocó el escándalo en su sociedad (Mc 2,15-18); su respuesta era que su modo de proceder traducía el modo de ser de Dios.
3. Un Dios que potencia al hombre. La idea de un Dios que potencia al hombre para que alcance la condición divina es incompatible con la concepción de un Dios rival del hombre. Así lo indica, con toda claridad, el episodio del paralítico (Mc 2,3-13) La teología oficial, representada por la doctrina de los letrados, sostenía la absoluta separación entre Dios y el hombre. Jesús, por el contrario afirma que el Hombre, denominación que se aplica a él e incluye también sus seguidores, está autorizado por Dios para actuar en la tierra como él. Los adeptos de la teología oficial judía no podían comprender que un hombre pudiera tener la condición divina (Jn 6,41-42). El Dios-amor quiere compartirlo todo con el hombre, tanto su ser como su actividad. La gloria de un Dios que se presenta como Padre es precisamente el pleno desarrollo de sus hijos.
4. Un Dios siempre dispuesto a perdonar. Así lo ilustra el evangelio de Mateo (18,21-22) La pregunta de Pedro a Jesús: “Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo ¿cuántas veces lo tendré que perdonar, siete veces?”, recibe esta respuesta: “Siete veces, no; setenta veces siete”. La razón se expone en la parábola siguiente (18,23-35), donde se muestra a un Dios dispuesto a perdonar aún las mayores faltas del hombre; si ése es el comportamiento de Dios, el hombre no tiene ningún pretexto para negar a nadie su perdón. El deseo de Dios de restablecer su relación con el hombre cuando éste la ha roto aparece claramente en le parábola del hijo prodigo (Lc 15,11-32). Para obtener el perdón solo se requiere, por parte del hombre, el reconocimiento de su errar/pecado, que, de una manera u otra, consiste en cometer un daño o injusticia contraria al amor. Mientras que el hombre no rectifique su actitud, no deja cauce para recibir el amor/perdón de Dios.
5. Un Dios al servicio del hombre. El amor crea igualdad; de ahí que el Proyecto de Dios sea que el hombre alcance su condición divina. El evangelio de Lucas lo formula con este dicho de Jesús:”Un discípulo no es más que su maestro, aunque, terminado el aprendizaje, cada uno le llegará a su maestro (Lc 6,40). Para realizar esta obra, Dios se pone al servicio del hombre.
La igualdad que Dios desea se muestra cuando en la persona de Jesús llama al hombre “amigo” (Lc 12,4;Jn 15,15.18) Sin embargo la afirmación más clara del servicio de Dios al hombre se expresa en la escena del lavado de los pies (Jn 13,2-17). Jesús se hace servidor de los suyos para darles a ellos su propia condición de “señor”, es decir, de hombres libres como lo es él mismo; así les muestra su amor (13,1)

1. Un Dios exclusivamente bueno. Cuando los discípulos, imbuidos de tradición judía, sienten miedo ante una manifestación de su divinidad Jesús les advierte que no hay amenaza ni peligro (Mc 6,49;). La presencia y manifestación de Dios son causa de seguridad y alegría, pues, siendo amor, solo desea potenciar y vivificar al hombre. Dios no ama al hombre porque éste sea bueno, sino porque él mismo es bueno (Mt 5,45: “para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos”. Dios es siempre favorable al hombre, aun cuando éste se profese enemigo suyo (Rom 5,6.8)2. Un Dios que busca comunicarse. Si Dios es amor, necesariamente tiene que comunicarse; su deseo es hacer a otros partícipes de su propia realidad. Ama al hombre como es, en su condición de hombre. Y ese amor supone estima; no ama Dios simplemente a un ser miserable; ama a un ser que, aunque de momento pueda ser miserable, lleva dentro unas posibilidades cuyo desarrollo puede hacer de él un “hijo”, es decir, uno semejante a él. El Dios que se revela en Jesús ofrece amor y vida a todos los hombres sin distinción, por encima de raza, religión o conducta. Fue precisamente la aceptación de los “pecadores” y de la gente de mala fama por parte de Jesús lo que provocó el escándalo en su sociedad (Mc 2,15-18); su respuesta era que su modo de proceder traducía el modo de ser de Dios.3. Un Dios que potencia al hombre. La idea de un Dios que potencia al hombre para que alcance la condición divina es incompatible con la concepción de un Dios rival del hombre. Así lo indica, con toda claridad, el episodio del paralítico (Mc 2,3-13) La teología oficial, representada por la doctrina de los letrados, sostenía la absoluta separación entre Dios y el hombre. Jesús, por el contrario afirma que el Hombre, denominación que se aplica a él e incluye también sus seguidores, está autorizado por Dios para actuar en la tierra como él. Los adeptos de la teología oficial judía no podían comprender que un hombre pudiera tener la condición divina (Jn 6,41-42). El Dios-amor quiere compartirlo todo con el hombre, tanto su ser como su actividad. La gloria de un Dios que se presenta como Padre es precisamente el pleno desarrollo de sus hijos.4. Un Dios siempre dispuesto a perdonar. Así lo ilustra el evangelio de Mateo (18,21-22) La pregunta de Pedro a Jesús: “Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo ¿cuántas veces lo tendré que perdonar, siete veces?”, recibe esta respuesta: “Siete veces, no; setenta veces siete”. La razón se expone en la parábola siguiente (18,23-35), donde se muestra a un Dios dispuesto a perdonar aún las mayores faltas del hombre; si ése es el comportamiento de Dios, el hombre no tiene ningún pretexto para negar a nadie su perdón. El deseo de Dios de restablecer su relación con el hombre cuando éste la ha roto aparece claramente en le parábola del hijo prodigo (Lc 15,11-32). Para obtener el perdón solo se requiere, por parte del hombre, el reconocimiento de su errar/pecado, que, de una manera u otra, consiste en cometer un daño o injusticia contraria al amor. Mientras que el hombre no rectifique su actitud, no deja cauce para recibir el amor/perdón de Dios.5. Un Dios al servicio del hombre. El amor crea igualdad; de ahí que el Proyecto de Dios sea que el hombre alcance su condición divina. El evangelio de Lucas lo formula con este dicho de Jesús:”Un discípulo no es más que su maestro, aunque, terminado el aprendizaje, cada uno le llegará a su maestro (Lc 6,40). Para realizar esta obra, Dios se pone al servicio del hombre.La igualdad que Dios desea se muestra cuando en la persona de Jesús llama al hombre “amigo” (Lc 12,4;Jn 15,15.18) Sin embargo la afirmación más clara del servicio de Dios al hombre se expresa en la escena del lavado de los pies (Jn 13,2-17). Jesús se hace servidor de los suyos para darles a ellos su propia condición de “señor”, es decir, de hombres libres como lo es él mismo; así les muestra su amor (13,1)

6. Un Dios “débil”. La idea generalizada de un Dios omnipotente tropieza con grandes dificultades. Ante el dolor y la miseria de tantos seres humanos surge espontáneamente la pregunta de por qué Dios, si todo lo puede, no hace nada por poner remedio a esta situación. Jesús nos muestra que Dios es amor y, por tanto necesariamente bueno; en consecuencia no puede ser indiferente ante el mal. Lo que hay que determinar es en que sentido es omnipotente. La fuerza infinita del amor/vida tiene potencia sin límite, pero solamente el amor tiene efecto si es aceptado. Es ofrecimiento, no imposición. La coacción impide el amor. Una persona puede amar a otra con toda el alma; si la otra queda indiferente ante ese amor, este no puede realizarse y queda inerme. El amor comporta el posible fracaso y, ante el rechazo, experimenta la impotencia. Para poder responder al amor de Dios es necesario que el hombre este libre de coacción. El Dios de terror, el que amenaza con el castigo e impide la libertad, no produce amor sino hipocresía.

La “debilidad” del Dios-amor ante el rechazo resulta incomprensible y escandaliza a todos los adversarios de Jesús. Cuando Jesús está en la cruz, las burlas de sus adversarios se basan precisamente en que su impotencia demuestra que Dios no está con él.

Un Dios amor no puede ser responsable de los males de la humanidad. Muchos de ellos, de manera más o menos directa, son responsabilidad de los hombres, que no responden a ese amor; otros se deben a catástrofes naturales que podrían tener su origen en el desequilibrio que el hombre ha producido en el mundo por su falta de sintonía con la naturaleza o también en las fuerzas difíciles de controlar que desata el proceso mismo de la vida. En todo caso, no dependen de Dios y, si existen, es porque no puede evitarlo. Es equivocado buscar explicaciones que hagan el amor de Dios compatible con el mal. El es vida incluso en situaciones de muerte, fuerza que ayuda a afrontar las situaciones límites con un horizonte abierto a la esperanza.

7. Un Dios tierno El Dios-amor, manifestado por Jesús difiere del concepto de un Dios impasible e insensible, propio de las religiones o de la filosofía. Los evangelio describen, ante situaciones humanas negativas, la reacción de Jesús con un verbo de sentimiento, conmoverse”, que el AT reserva para expresar la sensibilidad de Dios. De este modo ponen de relieve que Jesús, presencia de Dios en la tierra, reacciona como lo hace Dios mismo

Algunos ejemplos: a la vista de las multitudes “se conmovió, porque andaban maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor (Mt 9,36); la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32) describe así la reacción del padre, figura de Dios, ante la vuelta del hijo:”cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se conmovió; salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos”.

Finalmente la ternura del Dios-amor, que se manifiesta en Jesús, debe ser también característica de todo hombre. Así lo sugiere Lucas en la parábola del buen samaritano (10,30-35).

(Para seguir profundizando: Juan Mateos-Fernando Camacho. El horizonte humano. 91-129. Ed. El Almendro.

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