La mesa compartida


El evangelio de Lucas nos presenta a Jesús co-miendo con tres grupos de personas muy diferentes: a) con publicanos y pecadores; b) con fariseos; y c) con sus discípulos. Nos encontramos frente a textos de una gran elaboración literaria y de enorme profundidad teológica.
Lucas establece una contraposición entre dos sistemas, uno representado por el templo, y el otro por la casa. Este punto nos introduce en el corazón del mundo social luca-no y de su teología del reino de Dios.
La mesa compartida es un momento en el que Jesús expone enseñanzas excepcionalmente importantes. Cuando quienes comparten la mesa con él son sus discí-pulos, la enseñanza de Jesús tiene un tema clave: la cruz, su destino doloroso, su misión de servicio, que debe ser asimilada y compartida con sus discípulos. La enseñanza y la mesa están íntimamente unidas. Con quien se compar-te la mesa se comparte la vida.
El templo representa una economía centralizada de redistribución. Se caracteriza por una autoridad políti-co-religiosa que controla los recursos económicos e ide-ológicos. En cambio la casa/familia representa una eco-nomía de reciprocidad generalizada. Se caracteriza por la solidaridad incondicionada del grupo y la acogida de ni-ños, ancianos, enfermos y necesitados.
La mesa compartida por Jesús con los pecadores de Israel, es el paso previo que prepara para la mesa compartida con los paganos.
Compartir la mesa no es dar pan o alimento para el camino; se trata de acoger en la mesa. La aceptación del reino se traduce necesariamente en hospitalidad y apertura de la propia mesa. Es mucho más fácil dar dinero a un pobre que invitarle a entrar en casa y que se siente en nuestra mesa, aunque esto cueste menos dinero. Una limosna generosa puede ser el último refugio contra el temor de una comensalidad abierta; una estrategia para no compartir la vida y no abrir las propias fronteras.
A) Comidas con publicanos y pecadores
En tres textos claramente relacionados entre sí, la comida de Jesús con publicanos y pecadores provoca una reacción escandalizada y extrañada. Es que, en efec-to, esta participación de la mesa está cuestionando el sistema de pureza en que se basa la coherencia interna del pueblo.
Jesús responde a las críticas reivindicando una nueva y desconcertante experiencia de Dios: no se puede legitimar en nombre de Dios, un orden social excluyente. Hay que reconfigurar un nuevo mundo, en el que la mise-ricordia sustituya a la pureza. El sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6,36), sustituye al sed santos como Dios es santo del A.T.
El compartir la mesa con los impuros de Israel cuestionaba las fronteras étnicas del propio pueblo y creaba las condiciones de posibilidad para el paso poste-rior de apertura universal del cristianismo.
B) Comidas con fariseos
Las tres escenas en las que Jesús entra en casa de un fariseo a comer están íntimamente relacionadas entre sí. En las tres escenas se desarrolla una conversación de sobremesa en las que Jesús se muestra enorme-mente polémico con su anfitrión y con los comensales. Cuestio-nando severamente el sistema de pureza que los fariseos trasladaban a todos los actos de la vida cotidiana, espe-cialmente a las comidas y a la mesa.
Los fariseos y legistas bajo su apariencia de justi-cia, encubren la peor impureza: mal interpretar la Ley, justificando sus conductas en un mandato de Dios. La verdadera pureza es la solidaridad efectiva con los necesi-tados.
C) Comidas con los discípulos

Las comidas de Jesús con sus discípulos figuran en la parte final del evangelio, en los relatos de la pasión y de las apariciones pascuales, cuando se revela con clari-dad el sentido de la vida de Jesús y su destino. Sabemos que las diversas comidas de Jesús son ocasión de amplias enseñanzas, en las que se subraya la subversión de valo-res establecidos que supone el Reino de Dios. En las co-midas con los discípulos, esta enseñanza adquiere un tono muy especial y se convierte, además, en una invitación: serevela el destino del Mesías, que pasa por la cruz y por la muerte, y se invita a los discípulos a participar de este mismo estilo de vida.
Para Lucas, el partir el pan de Jesús con sus se-guidores indica la participación en su misión y en su desti-no. Participar de la mesa es la más decisiva expresión del hecho de estar vinculado al grupo, formar parte de la casa y compartir los mismos valores y el mismo destino. Es normal que el momento de compartir la mesa con Jesús sea el más propicio para compartir su misterio más íntimo y para ser invitados a compartir su estilo de vida y su destino.
D) El comer como símbolo positivo y negativo
Lucas es el que más habla de la comida como una realidad humana, también es el que más la utiliza de ma-nera simbólica.
El banquete, como comida solemne y comparti-da, puede expresar la plenitud de la salvación, y Lucas utiliza con especial frecuencia la imagen del banquete mesiánico (6,20-21; 12,37; 13,28-29; 14,15.16-24; 16,22-23; 22,16. 18.30). También hace un uso muy particular del “comer y beber” como expresión de la vida egoísta, injusta y des-preocupa-da respecto de Dios y de los hombres (6,25; 12,19; 12,45; 16,19; 17,27-28; 20,46-47; 21,34). “Come, bebe, banque-tea”, equivale a atesorar para sí y no ser rico ante Dios (12,21).
Rafael Aguirre. La mesa compartida. Sal T. 1994. 58-102

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