Nosostros lo hemos dejado todo


Los relatos de vocación, los dichos de seguimiento y las instrucciones para la misión permiten reconocer que los que se han adherido al movimien-to de Jesús han abandonado casa y hogar, para participar de la vida sin patria de los carismáticos itinerantes.
En la primera visita de Pablo a Jerusalén encuentra solamente a Pedro (Gal 1,18) de entre los que formaban la supuesta “dirección de la comuni-dad”; en su segunda visita encuentra solamente a “las tres columnas” (Gal2, 9): los otros probablemen-te estaban fuera misionando y obrando curaciones por el país, pues esto, y no la dirección de comunida-des, era lo que se les había encomendado (Mc 3,13). El mismo Pedro no estuvo siempre en Jerusalén. Lo encontramos en Antioquia, en Corinto, Roma: él es también un carismático itinerante. El grupo de los doce, ligado a él, desaparece pronto.
El carismático itinerante del cristianismo primitivo no se limita ni a los doce ni a los apóstoles. La Didajé (libro básico del cristianismo primitivo) llama apóstol a todo aquel que en itinerancia se regía por la “doctrina del evangelio”. La limitación del título a los doce se dirige ya, de seguro, contra el excesivo número de “apóstoles” vagabundos de acá para allá, que predicaban en el nombre de Jesús. Además los carismáticos itinerantes no solos son denominados apóstoles, sino también “discípulos del Señor”.
Estos carismáticos itinerantes junto a los doce no eran en absoluto francotiradores dispersos. Conocemos círculos que los agrupan. El circulo de los siete en torno a Esteban, escogido para la distribución de víveres, estaba compuesto por misioneros autónomos. Nicolás que llega desde Antioquia (Hch 6,5) donde existe un circulo de cinco compuesto fundamentalmente por extranjeros: Bernabé, que llegó de Chipre, Pablo de Tarso, Lucio de la Cirenáica; Menahem que había sido educado juntamente con Herodes Antipas en Jerusalén o en Roma; sólo de Simeón no sabemos nada. Dos de este círculo de los cinco, como se puede demostrar, eran predicadores ambulantes: Bernabé y Pablo. Estos fueron “apartados” para la misión. (Hch 13,2).
Otros cristianos itinerantes deben ser loca-lizados entre los adversarios de Pablo. Proceden en parte de Palestina y por eso se autodenominan “hebreos” (2Cor 11,22).
El carismatismo itinerante era un fenómeno extendido en el cristianismo primitivo. Fueron los que transmitieron y acuñaron la “practica” radical del desarraigo de la patria, de la familia, de las posesiones, de la seguridad.
La llamada de Jesús: “venid” no se dirige solamente a los discípulos sino también a los “fatigados y agobiados” (Mc 11,28). Hubo seguidores entre “los fatigados y agobiados”, por ejemplo, el mendigo Bartimeo (Mc 10,52) o el poseso de Gadar. Su deseo de seguir a Jesús es, ciertamente rechazado; pero luego predica en la Decápolis, una región que era tan grande como Judea e Idumea juntas. El relato parece aludir a la existencia de predicadores ambulantes en esta región (Mc 5,18).
Hay que reconocer que los “dichos” de Jesús sostienen una “practica” de desarraigo. La llamada al seguimiento significa el abandono de la estabilidad. Los llamados abandonan barcas, campos, mesa de impuestos, casa. Un seguidor recibe de Jesús la siguiente información: “las zorras tienen madriguera y los pájaros del cielo nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mt 8,20). Este desarraigo en el seguimiento de Jesús no se practico solo en tiempos de Jesús. La Didajé conoce, por ejemplo, carismáticos cristianos itinerantes, de los que afirma que practicaban el “estilo de vida del Señor”.

Las noticias que tenemos sobre los carismáticos itinerantes del cristianismo primitivoapuntan a una clase social media, cuya situación social no era ni mucho menos segura: la polémica contra los ricos (Lc 6,24) la referencia a los fatigados y agobiados (Mt 11,28), la acogida de pobres mendigos (Mc 10,46) y las frustraciones en la propia profesión (Lc 5,1) contradicen cualquier idealización idílica de la “gente sencilla”.
(Cfr. Gerd Theissen. Estudios de sociología del cristianismo primitivo. Sígueme. Salamanca 79. 13-78)

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