Los problemas de una Iglesia misionera: Escuchar la palabra


1. Escucha de la palabra y “servicio” eclesial.
Sin duda alguna, el libro de los Hechos está totalmente dedicado a la proclamación de la “palabra”; aspecto no ausente en el evangelio, si bien es otro el que predomina en él: el tema de la escucha. Tema predilecto de Lucas.
El evangelista insiste en este tema, a veces de tal manera que hace pensar en una actitud polémica. Los pasajes más convincentes son los que se concretan en la figura de personajes ejemplares. Es clásica la figura de María de Betania, la oyente silenciosa de Jesús, contrapuesta a la hermana afanosa.
Es significativo que al hablar de Marta se use la palabra “diakonía” (“servicio”). Es la única vez que este sustantivo aparece en el evangelio. Pero Lucas lo conoce bien y lo emplea varias veces en el libro de los Hechos con un sentido bien preciso: para indicar cierto “servicio” fraterno en el seno de las iglesias (6,1; 11,29; 12,25) y más exactamente para definir la acción apostólica de Pablo (20,24; 21,19).
Lucas no pretende minimizar la hospitalidad de Marta, y mucho menos la “diakonía” eclesial que está simbolizando; pero previene a su iglesia, advirtiéndole de que, sin la parte de María, -escucha atenta y asidua de la palabra de Jesús- viene a menos la “parte buena” del discípulo, e incluso la “diakonía” de la iglesia pierde auten-ticidad y valor. Por eso está descrita María en la actitud propia del discípulo: “sentada a los pies de Jesús”.
Lucas intenta poner de relieve la actitud esencial y distintiva del discípulo: escuchar la palabra del Señor es la condición para que el servicio, la diakonía, no se convierta en un estéril dar vueltas y más vueltas en el vacío…lo único que cuenta es la relación personal y fiel con el Señor
2. Escuchar, “conservar la palabra”, meditar”
Lucas demuestra un interés muy particular por la “conservación” de la palabra escuchada. Para Lucas, María, la madre de Jesús, es la que “conservaba todos esta pala-bras y las meditaba en su corazón… Su madre conservaba todas estas palabras (2,19.51). Insiste una vez mas en un pasaje clásico y con un recurso muy suyo; es decir, en la explicación de la parábola del sembrador: “la semilla caída en la tierra buena son aquellos que, después de haber escuchado la palabra con corazón bueno y perfecto, la guardan, y producen fruto con su perseverancia (8,15)
Lucas cambia el vocabulario seguido por los sinópticos y lleva a la última consecuencias su doctrina sobre la relación del discípulo con la palabra (de Jesús/de Dios) en sus diversas fases. Ante todo la escucha atenta y comprometida; luego, la íntima conservación de la palabra escuchada para que no pase de largo estéril y sin provecho, sino siga resonando dentro como en diálogo continuo; después, la meditación (2,19) que hace posible su comprensión profunda (María, estimulada por el “estupor” “medita” la palabra: 2,18); finalmente la práctica (producen fruto: 8,15), que traduce en términos de vivencia existen-cial el misterioso mensaje del Espíritu.
3. Escuchar y anunciar
Resituando los pasajes más característicos de Lucas a este respecto en el conjunto de toda su obra, se llega a la conclusión de que el evangelista no apunta pre-cisamente a una experiencia evangélica espiritualmente profunda (la contemplación); más bien quiere dirigir a su iglesia una corrección concreta acerca de la justa jerarquía de relaciones entre la riqueza interior de fe (“escucha de la palabra”) y su compromiso operativo. Efectivamente, Lucas, con una constancia significativa, pone en relación habitualmente el tema de la “escucha” con el del “anuncio”.
No es nada casual que en su primer tomo de su obra (evangelio) domine el primer tema, mientras que en el libro de los Hechos destaca el segundo, prácticamente el tema misionero. Las dos partes están íntimamente trabadas: el evangelio (vida de Jesús) prepara la historia de la iglesia primitiva (Hechos). No nos parece exagerado defender que, para Lucas, la “escucha de la palabra” prepara su “anuncio”. El mensaje de Jesús se ha transmitido al mundo, el anuncio de Jesús debe continuar en la iglesia; por eso la iglesia lo debe escuchar con plena e intensa devoción.
4. La propuesta “misionera” de Lucas.

Debía de crear problemas la situación evangélica-mente decadente de la iglesia: una iglesia en crisis, ador-mecida en su coraje espiritual, duramente probada en sufidelidad a Cristo, debía resentirse amargamente de descompensación entre una experiencia religiosa debilitada y una proclamación que se esforzaba, quizás inútilmente, por mantener intacta su fuerza persuasiva.
Ante esto Lucas pone en guardia contra una predi-cación que no salga de una escucha igualmente comprome-tida. El evangelista parece que quiere decir a una iglesia frustrada en su esfuerzo por convertir a la gente: ¿Y si probáramos a invertir la situación? En lugar de pretender que el mundo escuche a la iglesia, ésta debería ante todo dedicarse a escuchar la palabra de Jesús.
Es preciso, ciertamente, evangelizar el mundo, pero probablemente en la actual contingencia histórica es todavía más urgente evangelizar a los cristianos, recondu-cirlos a un contacto vivo con el evangelio y reasumir en profundidad la experiencia original de la palabra de Jesús que resuena en ella, aquella experiencia de la que cabal-mente nació la iglesia.
(Resumen. Cáp. 4 del librito recomendado anteriormente: San Lucas y su iglesia, de Mauro Laconi. Ed. Verbo Divino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: