El acontecimiento futuro


La esencia del mensaje de Jesús no es sólo amor, compasión y justicia. Jesús no nos presentó simplemente una nueva moral o un nuevo código de conducta. Jesús profetizó la venida de un reino en el que el amor, la justicia, la compasión y todos los valores de Dios serían concreta y totalmente realizados. Profetizó un mundo en el que Dios sería el Supremo Señor. Nuestras tentativas de amar, sentir compasión y justicia tienen sentido en referencia a ese Reino prometido.
El Reino no es pues simplemente la Iglesia, ni tampoco es simplemente el cielo. La Iglesia es la comuni-dad de creyentes peregrinos, que viven, luchan y esperan la venida del Reino. Pero la Iglesia en sí no es el Reino. Y el cielo es una forma de describir la felicidad de las almas que esperan por la venida del Reino y por la resurrección de sus cuerpos.
El mismo Reino es un acontecimiento futuro. Algo que Dios nos promete. Algo por lo cual aún estamos esperando y luchando. Es la transformación futura de este mundo en otro mundo, un nuevo mundo, el mundo que viene.
Es difícil imaginar cómo será ese mundo futuro. “Los ojos no vieron, los oídos no oyeron, ni entró en el corazón (imaginación) del hombre…” como dice San Pablo. El Reino será cualitativamente diferente del mundo, tal como lo experimentamos ahora, y por eso muchas veces concebimos al Reino como un mundo de cuento de hadas, muy lejano y remoto, sin relación con nuestras preocupaciones y sentimientos cotidianos.
De hecho, sin embargo, el Reino es el destino de la raza humana. Fue para Él que Dios nos hizo, y es lo que hace la vida digna de ser vivida. Es el acontecimiento futuro que puede dar sentido y propósito a todos nuestros esfuerzos.
El Reino es el retrato, la imagen, el símbolo, propuesto por Jesús, de la salvación en que creemos. Se refiere al gran acto salvífico de Dios. Todos los actos salvíficos de Dios, en el pasado y en el presente, señalan el gran acto final de liberación que Dios nos prometió. Hay naturalmente otros símbolos de ese gran acto final de liberación: la nueva era, el otro mundo, la vida eterna, la segunda venida, el último día, el juicio final y la resurrec-ción de los muertos; pero Jesús prefirió hablar del Reino de Dios.
El Reino puede, gradualmente, volverse en una realidad para nosotros, una realidad que domina nuestras vidas y preocupaciones, como sucedió con Jesús.
El Reino es una imagen social, se refiere a una sociedad salvada y libre, la futura comunidad de Dios, la comunión con los santos. Al escoger una imagen social como el Reino para describir la salvación. Jesús aclara que Él no concibe la salvación como una forma individualista y aislada de felicidad, sino como una nueva sociedad salvada. Ser salvo es formar parte de una comunidad. O, en otras palabras, lo que necesita ser salvado no son meramente las almas individuales, sino todo el mundo: cuerpo y alma, individuo y sociedad, seres humanos y todas las cosas creadas.
Una espiritualidad individualista ve el aconteci-miento futuro como la salvación de mi alma individual, en el cielo, después de mi muerte. La espiritualidad del Reino ve el acontecimiento futuro como la salvación del mundo en el último día, después de la muerte de este mundo con toda su perversidad. La espiritualidad individualista se basa en una preocupación egoísta con la propia salvación. La espiritualidad del Reino se basa en la preocupación con la salvación de todo el mundo.
La Salvación vista como Liberación. Cada Época tiene su propia forma de expresión, y su concepto propio de aquello que el pueblo necesitaba por encima de todo y por lo que debería estar luchando. En la Época del Nuevo Testamento, muchos pueblos, especialmente los gentiles, estaban en búsqueda de algo que ellos llamaban salvación (por ej. las religiones basadas en el misterio); en la Edad Media, se describía la meta final de los seres humanos como la felicidad (bien-aventuranza); en otros tiempos, la necesidad máxima fue designada de varios modos: redención, perdón, sabiduría, progreso, justicia, desarrollo, etc. Hoy, para un número cada vez mayor de personas, el ideal y el destino de la raza humana es concebido como independencia o liberación.
Liberación es un término que ya fue usado en la antigüedad, Buda propone sus ideas religiosas como medio de liberación. Y en varios lugares de la Biblia

podemos encontrar referencia a independencia, libertad y liberación, como algo que Dios da a su pueblo. Hoy, algunos pueblos todavía luchan por la salvación, la redención, el desarrollo, etc., pero en cada era o cultura hay generalmente un término predominante para expresar el ideal humano; y hoy ese término es liberación.
En el área política, tenemos movimientos de liberación y ejércitos de liberación. en el campo económi-co tenemos la lucha de los obreros por la liberación. En el campo de la psicología, del condicionamiento social y del crecimiento personal nos esforzamos por volvernos personas liberadas. Algunos luchan para liberarse de sentimientos de inferioridad (concientización del negro), otros por la liberación sexual. Y por último, pero de no menor importancia, viene la liberación de la mujer, la necesidad que sienten las mujeres de liberarse de la dominación masculina.
No hay ninguna razón para que no describamos la salvación que Jesús nos trae como liberación. En reali-dad, para la mayoría de las personas hoy tiene mucho más sentido llamarla liberación, que salvación o reden-ción.
En Jesús, Dios nos ofrece una liberación total, la liberación de la persona toda, la liberación de todo y de cualquier cosa que nos esclavice. Si esto es cierto, la liberación divina incluye la liberación política, la liberación del negro y de la mujer, la liberación psicológica y cualquier otra forma de liberación que se pueda imaginar. En otras palabras, la liberación divina no es otra forma de liberación, paralela a todas esas formas; la liberación divina son todas esas formas de liberación juntas además de cualquier otra que pueda surgir en el futuro o cualquier otra de la cual todavía no tengamos conciencia. El ideal del Reino de Dios es el ideal de una liberación completa, total y perenne, una liberación que incluye, y por lo tanto, trasciende a todas las otras formas de liberación.
(Cfr. Albert Nolan op: Espiritualidad Bíblica (http://servicioskoinonia.org/biblioteca/); Jesús antes del cristianismo. Sal Terrae. Santander 2009. Cp. 9)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: