La mesa compartida


El Nuevo Testamento habla continuamente de comidas y banquetes. El compartir la mesa se convirtió en la ceremonia central de unas iglesias que tenían su núcleo en la casa. Parece que las comidas de Jesús habían llamado poderosamente la atención de sus contemporáneos. Al menos Lucas lo subraya con mucha fuerza. En una religión étnica, como era la judía -basada, por tanto en la estirpe y en los lazos de la sangre-, las reglas de los intercambios matrimoniales (connubium) y de los usos alimenticios y los ritos de mesa (convivium) tienen una importancia trascen-dental. En estas cuestiones estaba en juego la fidelidad al pueblo, el respeto al orden social y el cumplimiento de la voluntad de Dios.
En Israel solo se puede contraer matrimonio dentro del grupo con el que se puede comer. Se aborrece el matrimonio con paganos, como se evita comer con ellos. Lo que está en juego es conservar la pureza de Israel.
Las comidas en el evangelio de Lucas. Jesús come con tres grupos de personas muy diferentes: con pecadores y publicanos; con fariseos; con sus discípulos.
A. Con pecadores y publicanos: El banquete en casa de Leví: 5,27-39; la costumbre de comer con pecado-res: todo el cap. 15; en casa de Zaqueo: 19,1-10.
En estos textos, claramente relacionados entre sí, la comida de Jesús con pecadores y publicanos provoca una reacción escandalizada y extrañada. Porque esta participa-ción de mesa está cuestionando el sistema de pureza en que se basa la coherencia interna del pueblo y su delimita-ción hacia fuera. Jesús responde a las críticas reivindicando una nueva y desconcertante experiencia de Dios. En nombre de Dios, no legitima el orden social establecido -teocrático, por cierto-, sino que impulsó su transformación profunda, que permitirá la reintegración de los excluidos y marginados del sistema.
B. Jesús come en casa de un fariseo. Las tres escena en las que Jesús entra en casa de un fariseo a comer están íntimamente relacionadas entre si y manifiestan una clara impronta redaccional ya desde la introducción: 7,36-50 (DOM-11c): Jesús y la pecadora en el banquete en casa del fariseo Simón; 11,37-54: de la pureza ritual a la solidaridad social; 14,1-24 (DOM-22c): la hospitalidad y la comunidad abierta.
En las tres escenas se desarrolla una conversación de sobremesa en la que Jesús se muestra enormemente polémico con su anfitrión y con los comensales. Lucas recurre al género literario simposio, cuyo rigen se encuentra en una realidad social muy arraigada: después de un ban-quete se solía beber y conversar. Van tomando la palabra diversos comensales de cierto renombre y consideración, que hacen gala de su sabiduría. El anfitrión debe ser un hombre rico y de cierta sabiduría. No se presenta a todos los participantes desde el comienzo, aunque hay un invitado de honor, cuya invitación sí se menciona explícita-mente. Con frecuencia, el dialogo se inicia a propósito de un hecho un tanto extraño. La distribución de los puestos en la mesa tiene una gran importancia y puede suscitar conflictos entre los comensales. El invitado principal, dice las cosas más significativas y, por lo general emplea los argumentos más convincentes.
C. Comida de Jesús con los discípulos. Figuran en la parte final del evangelio, en los relatos de la pasión y de las apariciones pascuales, cuando se revela con claridad el sentido de la vida de Jesús y su destino. Estas comidas son ocasión de amplias enseñanzas, en las que subraya la subversión de los valores establecidos que supone el Reino de Dios. Estas enseñanzas adquieren un tono muy especial y se convierten, además, en una invitación: se revela el destino del Mesías, que pasa por la cruz y por la muerte, y se invita a los discípulos a participar de ese mismo estilo de vida. Es el momento culminante de la vida de Jesús, y también el de su enseñanza más importante, por más intima y difícil.

Lucas 22,14-38: La cena de despedida. Describe el comer la Pascua y el beber el vino de forma paralela en unos versículos que no se encuentran en los otros dos sinópticos. Jesús expresa explícitamente su conciencia de que es la última vez que come y bebe con sus discípulos antes de su muerte.
Lucas 24,13-35: La comida de Emaús con Jesús-forastero. En cierra este relato una belleza literaria y una tensión dramática universalmente reconocidas. Es un episodio singular dentro de los relatos pascuales, y existe un acuerdo general en que se trata de un texto sumamente elaborado redaccionalmente y muy característico de la teología lucana.
Lucas 24,36-52: El Señor Resucitado come con los Once y con los que estaban con ellos. Jesús se aparece y da pruebas de que vive; come con los apóstoles y les instruye; ellos tienen que ser testigos en todo el mundo, empezando por Jerusalén y permanecer en la ciudad hasta que reciban la promesa del Padre.
El comer como símbolo positivo y negativo. Lucas es el autor que más habla de la comida como realidad humana y también el que más la utiliza de manera simbólica. La comida puede convertirse en el lugar de las experiencias mas positivas de comunicación interpersonal, pero también de egoísmo e insolidaridad.
El banquete como comida solemne y compartida, puede expresar la plenitud de la salvación. Y Lucas utiliza con especial frecuencia la imagen del banquete mesiánico. Solo unos textos: 6,20-21; 12,37; 13,28-29; 14,15.16-24; 16,22.
También hace un uso muy particular del “comer y beber” como expresión de vida egoísta, injusta y despreo-cupada respecto de Dios y de los hombres: 6,25; 12,19; 16,19; 17,27-28; 20,46-47.
Cfr. Rafael Aguirre: La mesa compartida. (Presencia Teológica. Sal Terrae 94

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